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El Salón de las Músicas Perdidas

Correa de perro rota

Correa de perro rota

La correa del perro está rota.

 

El perro ha huido. Que una criatura conocida por su lealtad y capacidad de sufrimiento haya escapado, debería ser una nota de alarma de hasta donde se ha extendido el abandono.

 

 Su instinto, todas las células de su cerebro, su corazón, gritan en contra de la huida. Y aun así, ha mordido la correa hasta hacerse daño y romperla.

 

 Y se ha marchado. Ha preferido el frío, el hambre y la incertidumbre de la maleza y el bosque de las montañas en noviembre.

 

 Porque en el fondo, sigue igual de sólo, con o sin correa. Y aunque alguien puede decirle que las cosas ahora pueden ir a mejor, sea porque no estaba bien antes, sea por tocar finalmente el fondo más oscuro, la realidad es que ahora, en este momento, está sólo, le duele el alma y la niebla no le deja ver si camina en buena dirección.

 

 Y aun así, el perro se ha marchado.

 

 

Hola. Yo soy el perro. Y no sé a donde voy.

PERRO

PERRO

Soy un perro.

 

Tu perro.

 

 Como todos los perros puedo ser tu mejor amigo, tu mejor compañía, la sonrisa en tus días tristes, tu cariño si te sientes sola. La mayor parte de los perros tienen la suerte de tener un dueño que los valora, los cuida, los quiere, incluso que se desvive por hacerles sentir felices en todo lo posible.

 

 Yo no. Yo soy un perro de los desafortunados. De los pobres perros que tienen un dueño abusivo, despreocupado, falto de empatía o directamente una bestia con forma humana.

 

 Yo agradeceré cada palmada en la cabeza, cada palabra amable o ligeramente cariñosa, lo agradeceré con toda mi alma. Y cuando me des una patada porque estoy en medio o porque estoy a mano para descargar la frustración creeré de corazón que es culpa mía. Y lo mismo pensaré cuando me des una bofetada, me grites, me insultes, me desprecies, no alimentes mi hambre de un poco de cariño durante meses, me ignores o me eches del hogar que creía haber encontrado al calor de tu alma.

 Me dejarás fuera, en el jardín, sin caseta, bajo la lluvia, en mis peores momentos, atado con una cuerda hecha de recuerdos y de “no te puedo decir lo que pasará en el futuro pero ahora…”, una cuerda me que deja poco movimiento y que aunque intento morder para poder resguardarme bajo un alero, es de hierro porque te has metido en mi alma. Todos hemos intentado arrancarnos un trozo de alma a mordiscos para escapar de la trampa para osos alguna vez, y todos sabemos lo duro que es. Algunos lo consiguen y otros dejan de hacerlo cuando las primeras heridas de mordiscos duelen tanto que te das cuenta que el dolor de perder la pata va a ser peor que el dolor que sientes en esos momentos. Y entonces se quedan, atrapado, sangrando, durante mucho tiempo, hasta que mueren de hambre y sed, lentamente.

 Yo soy de estos últimos. No todos somos perros heroicos de las series de televisión, notados somos fuertes como un San Bernardo, rápidos como un galgo, preciosos como un samoyedo. Algunos somos malas mezclas, perros patada, errores de un criador sin escrúpulos, deshechos de una camada

 Algunos somos perros callejeros.

 

 Y así me oirás gemir a veces, bajito,  atado a mi poste fuera de tu casa, y me ignorarás la mayor parte del tiempo, salvo que te apetezca jugar 5 minutos con el chucho y luego pasar de él porque ya te aburre, hasta la próxima vez, que tardará semanas en llegar. O incluso le tirarás una piedra para que deje de dar la lata, para que te deje ver la televisión tranquila. Y el perro callará durante un tiempo, pensando una vez más que es culpa suya, por querer un poco de esa atención que hace tiempo le dabas y ya no. Y se tumbará en el frío suelo, con ese aspecto de desinflada paciencia que sólo los perros que esperan pueden adoptar, suspirando con los ojos clavados en el suelo. Finalmente el dolor del recuerdo de los abrazos que le dabas, los juegos que tenías con él, las caricias que le dabas, el sol que traías a sus horas grises simplemente con tu compañía, dolor porque los recuerdos son preciosos pero ya no son realidades, se quedaron en el pasado, será demasiado y volverá a gemir y aullar, preguntando “¿por qué?”, preguntando “¿ya no habrá más?”, y volverás a gritarle que se calle, o más probablemente volverás simplemente a ignorarle, ya se callará el pesado del chucho. Y en efecto terminará callando, cuando no haya respuesta a los sms de sus aullidos, a las llamadas telefónicas de sus patéticos gemidos. Esas mismas llamadas y sms que él te hace también porque quiere compartir la alegría de descubrir un nuevo brote en el jardín, un rayo de sol que se cuela por la valla y le calienta la piel, una nube de forma divertida… esas sencillas cosas que a él le hacen feliz y quiere que también te hagan feliz a ti.

 

 Pero ya no hay alegrías compartidas. Ya no hay paseos, es muy cansado, un aburrimiento, tienes otras cosas mejores que hacer, o no mejores, pero da igual. Pasó la novedad. Pasó el cariño inicial. Cambiaste. Hay otros humanos u otros perros más interesantes.

 

 El perro gime pero tú no estás en casa. Y él sigue esperando. Y sigue dispuesto a enfrentar cualquier peligro que puedas sufrir, a dejarse trozos de piel e incluso la propia vida por tu bienestar, a luchar contra tigres y leones y animales que caminan a dos patas por ti, todos ellos más fuertes que lo que el perro callejero puede afrontar, pero lo hará aunque sólo sea por darte unos segundos de ventaja y que no te alcance el dolor o la tristeza. Lo hará porque aunque tú tal vez no recuerdes lo que es quererle, él sigue viviendo el amor que te tiene.

 Aunque no lo merezcas.

 

 Y el perro no estará pensando en escaparse, en encontrar otro dueño. El perro no puede pensar eso, porque su corazón y su mente están contigo. El perro recuerda cómo fuiste y sabe que puedes volver a serlo. Cree en ti. Confía en ti. Los golpes son culpa suya, nunca tuya, porque está claro que es un mal perro. Que debe aprender a ser mejor, que debe leer tu alma y corazón para saber si ahora tiene que dejarte sola, si ahora tiene que estar a la vista para que sepas que está ahí por ti y para ti, si ahora puede acariciar tu mano con su morro. Y si no lo sabe, si se equivoca, la culpa es suya y deberá hacerlo mejor la próxima vez. Pero persevera porque recuerda como era las sonrisas que le dedicabas, tan bonitas, que llenaban su alma de luz, y quiere volver a sentirlas y sabe que están dentro de ti y quiere ayudarte a brillar otra vez y bañarse en esa luz y ser feliz de nuevo.

 

 Que perro más egoísta, que quiere que brilles para sentirse bien. Que quiere que seas feliz para ser feliz él. Que no puede simplemente dejarte estar como quieras estar, aunque seas desgraciada, aunque llores, aunque te sientas sola.

 

 Al perro hay que enseñarle. Enseñarle a no tumbarse en tu cama. A no vegetar en tu sofá. Enseñarle que no puede morder lo que quiera, cagarse donde sea, comerse lo que no es para él. Enseñarle a tener paciencia, a no aullar constantemente, enseñarle que tienes una vida aparte de él, que debes trabajar, salir, divertirte, tener tus momentos de soledad voluntaria. Es normal, es lógico, tu perro no puede convertirse en una obsesión, en el centro de tu vida. Es correcto. Tú eres humana y él es un perro.

 

 Pero el perro es tu amigo y no te portas con él como si lo fuera. De hecho terminas tratándolo peor que a alguien que te grita, que te hace llorar, que te hace sentir mal. Terminas tratándolo peor que alguien que conoces desde hace 5 minutos o que alguien con mejor aspecto. Tu perro era tu compañía, tu amigo, una parte más de tu vida. Pero ahora el pelo que se le cae te parece asqueroso, darle de comer cada día te da pereza, te fijas más en su nariz mocosa y sus babas en la comisura del hocico y te da incluso un poco de asco.

 

 Ya no es sólo que no le dejes entrar en casa. Es que si desapareciera de repente, puf, abducido por alienígenas, robado, escapado… sería lo mejor, así no tendrías que preocuparte por el ruido que hace y el chispazo de culpabilidad que tal vez sientes muy adentro de ti al oírle a lo lejos. O cuando pasas cerca de donde está atado y el alza las orejas, expectante, moviendo la cola un poco más rápido cada vez, esperanzado porque ese tal vez es el día en que vuelves a dirigirle una palabra amable o le rascas entre las orejas un segundo y le ves de reojo y tratas de no verle de reojo y sigues tu camino y entras en casa y el vuelve a tumbarse, pesaroso, decepcionado, pero con la esperanza aún anidad en su corazón.

 

 Ojala desapareciera ese perro, no sabes siquiera por qué lo compraste. Ya no recuerdas por qué lo hiciste.

 

 Y ahí está y sigue el perro, sintiéndose cada día un poco más viejo y más cansado. Pero ahí sigue, hasta que acaban sus días. En tu jardín.

 

 Atado a tu poste.

 

 

 Y este perro quisiera a veces ser como tú, una gata. Con lo peor que tienen los gatos a veces. Con esa capacidad para no necesitar a nadie, para poder tumbarse en el regazo del dueño ahora y a los dos minutos irse porque ya bastó, ya cansó de las caricias, ahora déjame en paz que me voy a mis cosas de gato. Y no me sigas. Y si no me quieres volver a acariciar me da igual, ya encontraré a alguien que lo haga. O si ahora me tocas y yo no quiero o no lo haces como yo quiero te haré sangrar con mis garras o me escaparé donde no puedas volver a intentar tocarme. Porque yo no cedo nunca, soy un gato malo. Te fascino y lo sabes. Deseas quererme aunque a veces no entiendas por qué. Puedo romper tu ropa, mearme en tus zapatos, vomitar en tu alfombra pero seguiré yendo donde me dé la gana, sea tu casa o el jardín o donde sea. Iré y vendré. No me verás en todo el día a menos que tenga hambre y a veces ni eso porque hay otros lugares donde puedo ir a comer y otras cosas que puedo comer. Ahora restregándome contra esta pierna y ahora contra esta otra. Y son sólo piernas, no tienen corazón, qué más me da que quieran mi cariño, lo importante es lo que yo quiero y necesito. Y será cuando yo quiera.

 Oye que no pasa nada, ¿no quieres un gato, no quieres a este gato? Pues nada, deja la puerta abierta, encontraré donde estar, para mi un callejón es válido, vivo el momento, no pensaré en la comida hasta que tenga hambre y entonces me las arreglaré. En realidad sólo me necesito a mi mismo, llego a lamerme a mi mismo a casi todas las partes de mi cuerpo. Y a las que no llegó, la naturaleza me dotó de una flexibilidad suficiente para encontrar donde rascarme. No me acercaré a nadie para que me rasque o me cure, ya me rasco y me curo sólo. Y si no, pues nada. La vida sigue. No necesito nada que no pueda conseguir. Y lo que no consigo es que no vale la pena.

 

 

 Este perro no es un gato. Es un perro. Y aunque le gusten los gatos, nunca será un gato. El perro sabe que es un perro, no un pájaro o un humano.

 

 Es un perro. Y es tu perro. Sigue siéndolo.

 

 Y sigue gimiendo en su poste, lejos de tu sofá. Pero bajito. Y sólo a ratos. Para no molestar mucho.

INEVITABLE

INEVITABLE

 Es inevitable que la gente nos deje. Todos morimos.

 

Es inevitable que no ponga esta cnación como homenaje, aunque la vayan a poner cien mil personas más.

 

 Da igual. Esto no es un concurso de originalidad. Alguien le hizo el mejor homenaje y es esta canción. Yo no lo puedo hacer mejor que esa persona, así que simplemente pongo su canción.

 

 

 Hasta pronto, Dama Chavela. Guardanos un taburete donde estés ahora y vete pidiéndonos un tequila, que enseguida vamos.

 

Enlace al video

 

"En el bulevar de los sueños rotos
vive una dama de poncho rojo,
pelo de plata y carne morena.
Mestiza ardiente de lengua libre,
gata valiente de piel de tigre
con voz de rayo de luna llena.

Por el bulevar de los sueños rotos
pasan de largo los terremotos
y hay un tequila por cada duda.
Cuando Agustín se sienta al piano
Diego Rivera, lápiz en mano,
dibuja a Frida Kahlo desnuda.

Se escapó de cárcel de amor,
de un delirio de alcohol,
de mil noches en vela.
Se dejó el corazón en Madrid
¡quien supiera reír
como llora Chavela!

Por el bulevar de los sueños rotos
desconsolados van los devotos
de San Antonio pidiendo besos
Ponme la mano aquí Macorina
rezan tus fieles por las cantinas,
Paloma Negra de los excesos.

Por el bulevar de los sueños rotos
moja una lágrima antiguas fotos
y una canción se burla del miedo.
Las amarguras no son amargas
cuando las canta Chavela Vargas
y las escribe un tal José Alfredo.

(Estribillo)

Las amarguras no son amargas
cuando las canta Chavela Vargas
y las escribe un tal José Alfredo.

Por el boulevar de los sueños rotos…"

 (Joaquín Sabina)

MALOS TIEMPOS PARA LA LIRICA

MALOS TIEMPOS PARA LA LIRICA

 

 

 Ayer tenía intención de escribir aquí un poco para contar cómo me iban las cosas tras un silencio tan largo, para hablar del encierro interno voluntario al que me sometí con buenos resultados antidolores, para hablar de la tranquilidad del corazón y el alma que disfrutaba recientemente, para hablar de los deseos frustrados y renovados, de los senderos conocidos pero no por ello sin nuevos ángulos que recorro, del paso del tiempo de esa manera tan rápida y discreta y lenta y llena de detalles como en una montaña rusa…

 

 Y justo ayer me meten más problemas externos de tiempo, dinero y fusilamientos de la conciencia general de la población y me producen los dolores del alejamiento por sustitución de una querida compañera de trabajo. Y a veces se te quitan las ganas, oye. De hacer nada y de hacerlo todo, de los planes y las iniciativas sorpresa. Se quitan las ganas de pensar y sentir, de llorar y reír. La realidad irrumpe por la puerta y ya podemos querer hacer poesía, pero sigue habiendo que comer y defecar todos los días y las repeticiones son aliteraciones en poesía pero ningún poeta hizo todas sus obras con las mismas aliteraciones, incluso los poemas de amor roto o amor del que llena parecen distintos, pero a veces las cosas en el mundo mundano no parecen distintas por ponerles distintas palabras. Y la realidad es que el dinero compra comida. Que para tener dinero hay que trabajar. Y que para trabajar hay que hacer cosas que a uno no le gustan una y otra y otra y otra vez durante días, semanas, meses…

 

 Me vendría bien un polvo, un lodo, unas risas y un “sólo hay ahora, vamos a hacer algo hasta que se ponga el sol”.

 

 Perro mundo, de los perros feos y malos. Chunga realidad y que malos tiempos para soñar y que malos tiempos para la lírica…

 

 En fin.

ARZACH VUELA SOBRE TRENES ROTOS Y PUEBLOS ANEGADOS

ARZACH VUELA SOBRE TRENES ROTOS Y PUEBLOS ANEGADOS

 

 Tal vez era sólo el viaje, no el destino. Pero ahora nunca sabremos hacía donde volaba el viajero sobre el pterodáctilo.

 

 Jean Giraud “Moebius” nos dejó el sábado, con la pluma goteando tinta sobre el papel blanco de lo que está por venir. Tendremos que encontrar nuestros propios trazos, pero qué difícil es siempre hacerlo sin poder fijarse ya en los nuevos senderos que los artistas nos trazaron antes para guiarnos y darnos pistas…

 

 Que el Incal te proteja y te guarde siempre en su interior, maestro.

 

 

 Y mientras uno intenta no escuchar a los vivos, con sus reformas deformantes, con sus protestas en días equivocados como si ya no importara el pasado por mucho minuto de silencio que hagas en mitad de los gritos, o con sus “si, hay que seguir buscando” o “no, ya está todo sabido”, sus vilezas proclamadas, sus intereses a cuentas de cenizas, sus restos de hierros y penas….

 

 Los muertos están en silencio, como el silencio ante un altar lleno de grullas de papel, bajo el susurro de las olas que antaño moraron brevemente donde no debían, anegando no sólo polvo, sino sueños y pesadillas, arrastrando al silencio de la oscuridad en la profundidad chispas breves de luz que se apagaron en su vientre húmedo.

 

 Aquí y allí lejos. Tragedias lejanas y cercanas, vidas perdidas, segadas. Vida en riesgo. Reconstrucciones de cenizas para que los que vengan luego no tengan que sufrir lo que sufren los que ahora recogen los restos de lo que fueron vidas propias y ajenas.

 

 Otro día más, lunes y a trabajar. Y si queda hueco para la tristeza, más tristeza vendrá. Hoy o mañana o al otro.

 

 Y tan poca felicidad en reserva…

 

Francia. España. Japón. Tragedias.

POR SAN BLAS... ¿A LA CALLE IRAS?

POR SAN BLAS... ¿A LA CALLE IRAS?



A día de hoy yo debería estar sin trabajo y jodido.

A ver, empecemos de nuevo…

Yo hoy iba a estar en el paro.

No, no es correcto, intentémoslo otra vez…

Hace dos semanas me llamaron para informarme que mi puesto estaba disponible para la gente que había conseguido un puesto de funcionario hace un año. O sea, que iba a entrar alguien indefinido a ocupar el puesto temporal que estoy ocupando yo, porque esas plazas que ponen para que elijan los que entran se terminan ocupando todas. Rellenan un papel con el orden de preferencia de las plazas disponibles y se les van dando por ese orden a los que sacaron las mejores notas. Luego pasan al siguiente y miran, puesto primero de preferencia ya ocupado, nada, siguiente, puesto segundo está libre pues para él. Y así sucesivamente. O sea que incluso el puesto que nadie quiere se lo queda el último.

Resumiendo y hablando en plata, que me iba a quedar sin trabajo. Después de dos años y medio. Que me iba a quedar sin mis compañeras (más bien ellas sin mí, que el que se iba era yo, pero nos entendemos). Sin la estabilidad vital que aporta un trabajo por mucho que nos aburra, agote o exaspere. Sin el sueldo que uno se gana.

Da igual que tuviera unos meses de cobrar paro. En este momento la situación laboral en el país es conocida y sufrida por todos. No hay más que un par de oposiciones convocadas y son difíciles de conseguir porque son concurso-oposición, es decir, le dan puntos a la gente que está trabajando ahí como interinos que se suman a la nota final, con lo cual parten con una ventaja importante. Normalmente estos procesos se hacen para hacer fijos a los temporales porque están trabajando bien, siempre hay alguno que no lo consigue y entonces alguien de fuera que se esté presentando también al examen tiene posibilidades, pero hace falta ser MUY bueno y sacar MUY buena nota para ello. Y no va a ser mi caso, que normalmente saco notas normalitas. Así que me presento tanto para tentar la suerte y ver si suena la flauta como para intentar entrar en las bolsas de trabajo que se crean con estos exámenes. No porque espere sacarlas.

Así que la perspectiva era no sólo dejar de ver a las compañeras de trabajo con las que ya hay un buen lazo creado, sino quedarme en paro muuuuucho tiempo. Porque la privada anda aún peor y ahí no iba a existir mucho para poder optar.

Así que durante semana y media iba día a día agonizando un poco. No se notaba mucho, de hecho una de las compañeras me dijo que parecía como si no me importara. Pero si me importaba. Y mucho. Un poco más agrio cada día, no quería sacarlo afuera porque iba a ponerme a llorar, a gritar o a Dios sabe qué, pero no iba a ser agradable para nadie, iba a ponerme en ridículo, a descargar con quien no debía, a ser injusto y amargo. Y no quería eso. Si me iba quería dejar buen recuerdo al menos. Que aunque no hubiera dependido de ellas lo de irme o quedarme, que si me recordaban lo hicieran bien, con cariño.

Coincidía además con otra de las épocas de no tener contacto con N. y con la resaca de las largas y frecuentes quedadas con los colegas, por lo que estábamos de no quedar un tiempo para “desintoxicar”. O sea que no podía tratar mucho el tema con nadie, en mi casa ya andaban agobiados cuando se lo conté y no quería echar más leña al fuego. Decidí comerme el miedo, tragarme la rabia, beberme la desesperación, interiorizar las negras expectativas.

Pasaron los días. Me contaban de gente que llamaba para preguntar como era el puesto. Incluso me tocó coger el teléfono un par de veces a una chica que llamaba para eso. A veces una semana nos parece una eternidad y otras parece que se acerca con pasos de gigantes y antes de que te des cuenta ha pasado y llega el día temido. En mi caso todo indicaba que se me terminaría todo el lunes 30 de enero o el 1 de febrero.

Incluso un día, poco antes de ese supuesto plazo límite, apareció un paisano diciendo que esta era la plaza que había cogido. Yo intentando poner buena cara, ya que era consciente que tampoco era culpa suya, pero no me sentó muy bien. Luego resultó que no era esta plaza la que había cogido, se había equivocado, pero nos confirmó que la toma de posesión era el 1 de febrero, así que me quedaba sólo una semana de trabajo.

Y luego empezó a sonar el rumor de que la chica que cogía esta plaza iba a pedir una comisión de servicio. Una comisión de servicio es una especie de permiso que pide un funcionario interino para poder seguir trabajando en el puesto en el que está en ese momento y no tener que irse a tomar posesión de su plaza fija. Si en el sitio en el que está es muy necesario, o cobra más porque trabaja más horas, si los mandamases de donde trabaja están de acuerdo, se intenta mantenerle un tiempo más. El interino sigue habiendo sacada su plaza, toma posesión, si pasa algo y tiene que dejar el sitio donde está, automáticamente va al sitio que ha tomado posesión y se pone a trabajar ahí. Pero mientras sigue trabajando en el otro sitio.

Si, es un poco lioso. Hay que cumplir una serie de condiciones y ambas sitios, donde está trabajando en el momento y donde va a tomar posesión, deben estar de acuerdo en el asunto, intercambiando informes y realizando ciertos trámites.

Pero ahí estaba, la posibilidad de salvación. Y justo a tiempo, ya que me lo comentaron el día que finalmente rompí un poco y me quejé amargamente con mi compañera de mi situación. Justo a tiempo para no explotar la tensión acumulada y comportarme como un cretino llorón apareció esa lucecilla al final de túnel. Además en los siguientes días el rumor volvió a aparecer.
Aunque a veces es peor tener un poco de esperanzas que tener la certeza de que algo malo a va a suceder. Uno baja la guardia, el choque luego puede ser más fuerte y doler más. Pero qué narices, quería quedarme y prefería tener esa esperanza, no decirlo en voz alta, por la superstición de no gafarlo, pero mis nervios aumentaron mientras la amargura disminuía un poco.

Y finalmente unos días antes de mi supuesta marcha, me transmite gente que ya es oficial que la chica ha pedido la comisión de servicio, además se ha retrasado la toma de posesión al día 3 de febrero porque hay una cierta cantidad de gente de estos que toman posesión que han pedido las comisiones de servicio y para dar tiempo a tramitarlas todas.

Es complicado contar esos últimos días como me sentí, la montaña rusa de emociones, esperanzas, augurios buenos y malos, preocupación… Así que no lo haré, todo el mundo ha pasado por momentos en los que siente que el camino al futuro cuelga de un hilo y puede llevarnos por un sendero completamente distinto y el mundo está como conteniendo la respiración hasta que al final se llega a algo.

Baste decir que finalmente el jueves me llaman para que firme el cambio de contrato que me permitirá seguir un tiempo más en el sitio donde llevo trabajando los dos últimos años y medio.

Además llaman mientras estamos despidiendo a una chica que se va, una de las que sacó el puesto, que había pedido algo como la comisión de servicio para quedarse pero se lo habían denegado y tenía que tomar posesión en otro sitio. Y yo pensando que podría pasarme aún algo así a mí, y yo dándome cuenta que podría ser el que estuviera en esa situación, en una despedida como esa, recibiendo el regalo de despedida, escapándoseme las lágrimas como a ella, teniendo que despedirse de la gente con la que había compartido tanto tiempo, con la que se había establecido una confianza, un lazo… Y al menos una nota positiva es que ella se iba a otro sitio para empezar a trabajar de fija, ya había conseguido entrar en la carrera administrativa después de muchos años también de interina. Pero eso sólo mitigaba un poco su pena. Luego a todo se adapta uno, conoce nueva gente, incluso puede estar mejor en el nuevo sitio. Pero en el momento… jode. Y mucho.
Y ahí podría haber estado yo. Por eso se me escapaba a mi también alguna lágrima ese día.

Luego al día siguiente… el alivio. La firma. Ya es oficial y todo correctamente hecho.

Me quedo.

De hecho aquí estoy ahora mismo, sentado en mi puesto de trabajo. El mismo que estos dos años y medio. Y con la gran gente que me ha tocado en suerte.


Y estoy aliviado y feliz.

Por eso, esta vez: “Por San Blas, en tu curro seguirás”.

PATCHWORK

PATCHWORK

De vez en cuando apunto frases o ideas con intención de escribir sobre ello en un futuro. Pero últimamente no lo necesito, los ecos de las paredes del salón no me traen sensaciones buenas o malas, no preciso hablrle a la nada para ponerme en orden internamente.

Sirvan estas frases puestas aquí como unos grafitis como breve resumen de lo que fue para mí los estadios finales del año pasado y el inicio de este.

Feliz año al silencio y la ausencia. Y a quien visite, que muchas veces es lo mismo.

"Es una época en la que a lo más que podemos aspirar todos es a ir tirando sin grandes heridas.

Aprieto los dientes, registro otro caso de abusos sexuales y tiro “para alante” aparentando normalidad mientras mis sensaciones internas son las de limón en una herida abierta.

Ayer fue el día de los cortes de papel, tres en la mano derecha. Y otro más con los dientes metálicos del cortacelos… Un día mis manos ya no serán tan suaves, no servirán para acariciar… y aunque alguien quiera que lo haga, será tarde.

En realidad no se puede buscar nuevos horizontes. Tras las montañas el horizonte vuelve a ser la línea recta que era antes. Al final siempre es más el viaje que a donde llegas.

El problema de no dramatizar la soledad que siento y tratar el tema de manera ligera cuando hablo con la gente como si tuviera tanta importancia y trascendencia como si me estuviera quejando de que me ha salido un grano en la nariz, es que nadie termina considerándolo el problema que realmente es. Por no preocupar, termino por no conseguir ayuda de nadie.

Últimamente le hablo a las paredes de este salón sin dejar nada escrito. El eco que devuelven es un mal símil de conversación, pero son los únicos oídos que me escuchan.

Hace poco me dio por pensar que el lugar donde últimamente alcanzo algo parecido a un estado de bienestar es el trabajo A pesar del volumen brutal de trabajo que tengo últimamente, la presión de los plazos, la reducción de presupuestos, los continuos problemas de dinero… Es el lugar donde tengo algo en lo que ocupar la mente durante los bajones emocionales, donde puedo hablar con personas que quieren (o al menos aparentan) escucharme, donde a pesar de la sensación de banalidad y futilidad de mi trabajo estoy ganando dinero por hacer algo que debe hacerse por lo que mi vida adquiere un pequeño sentido… el problema es que cuando salgo del trabajo, la vida sigue ahí esperándome para volver a reírse de mí.

A veces cuando conduzco, me pregunto si vale la pena ser un Quijote entre tanto pícaro. A veces me lo pregunto también en el día a día."

CERRANDO CUENTAS

CERRANDO CUENTAS


Hace poco terminé una laaaaarga relación sentimental de más de 20 años con Cajastur…
Se formalizó un divorcio anunciado en una relación sin amor y llena de reproches en forma de comisiones trimestrales, en la cual había sido infiel ya desde hace tiempo y tras un breve coqueteo con otro banco le entregué mi corazón y mi cuenta vivienda, lo que convirtió mi historia con Cajastur en un lento declive hacia la separación.

O sea que ahora tengo mi dinero sólo en un banco, uno en el que al menos no pierdo dinero por tenerlo guardado ahí, que ya es lo mínimo que se puede pedir. El sistema bancario es una estafa legal bien montada para que el ahorrador quede agarrado por las pelotas, pero al menos en el que estoy ahora no aprietan tanto e incluso parece que no te agarran fuerte…

Supongo que terminaré en otra decepción, pero por ahora al menos no duele.


También recuperé el corazón que había dejado en depósito en el Banco N. O hablando en plata, tuve que dejar de amarla.

Son más de cinco años luchando y no basta el esfuerzo, no basta la ilusión, no basta esforzarse. Tras la enésima etapa de silencios, tras sufrir día a día por no saber de ella, por ver como mi lucha se estrellaba en un muro, un día me dije “basta”. Basta de sufrir por algo que no existe más que por mi parte. Basta de intentar conseguir que otra persona sienta lo que no siente. Basta de dar por supuestas cosas que no existen, basta de buscar dobles o triples sentidos a palabras, gestos, ausencias…

Basta de amar unilateralmente.

No digo que no la quiera, si que sigue siendo mi amiga, una persona con la que puedo hablar de cualquier cosa, una persona cuya opinión y vivencias me interesan, un par de ojos y oídos extras que llegan a sitios donde los míos no llegan, una mente que me ayuda a ver otros puntos de vista, un rostro y un cuerpo y un corazón que encienden mi deseo, una compañía bienvenida y agradecida, alguien con quien compartir las risas y las preocupaciones. Sigue siendo todo eso.

Lo que ya no es es la persona con la quiero pasar el resto de mi vida, tener hijos, compartir todos los segundos y envejecer. Algo muy gordo tiene que cambiar para que eso pudiera ser posible. Algo debería cambiar en su forma de ser o en la mía, porque tal como están las almas ahora mismo, no somos compatibles. Somos demasiado distintos en cosas fundamentales sobre entender las relaciones, la entrega, el compromiso y el riesgo de amar.


Haber decidido y vivir según esa decisión no me hace más feliz ni más infeliz. La vida es como es y sigue siendo, no soy mejor persona ni peor que antes. Hemos quedado ya varias veces desde que tomé esa decisión y se la comuniqué en una larga charla que se comió los 20 euros gratuitos que me quedaban de los que había ganado en una oferta de mi compañía de móvil pero que fue necesaria. Nos hemos visto si y seguimos hablando, riendo, pensando, preocupándonos… Podría decir que las cosas no han cambiado, sólo he cambiado yo en un detalle y el mundo no se ha sacudido. Esto no es una película, la vida no dura dos horas y los momentos no tienen banda sonora y primeros planos de rostros arrasados por la emoción para que sepas que lo trascendentales que son, puntos de giro fundamentales, fronteras del antes y el después. No hay antes y después en la vida, o hay tantos cada día que el concepto pierde sentido y trascendencia.

No hay fundido en negro y cartel de “fin”. Bueno si lo hay pero uno no llega a poder leer su cartel. Y sólo hay uno, el último y definitivo.

El resto de presuntos finales no son más que paradas para los anuncios, volvemos enseguida.

EL VERANO QUE NO LO FUE

EL VERANO QUE NO LO FUE



“Tiempo de mierda” es el apelativo más cariñoso que se me ocurre para estos meses. Y eso por buscar algo suave que decir…

Tampoco es que “necesite” la playa como dicen algunos. Para mi el descanso es tener descanso, no tener que organizar expedición, maletas y transporte para ir a un sitio superpoblado, lleno de molesta arena, monstruitos en proceso de crecimiento armando bulla, mujeres de 70 años en top less, olor a algas en proceso de secado y putrefacción y quemaduras solares…

Pero no es lo mismo levantarse y mirar por la ventana, ver el sol saliendo y dándole color a todo que ver el cielo permanentemente gris, la lluvia caer día si y día también. Lo ideal sería la alternancia, pero siempre lluvia y mal tiempo y lluvia terminan por carcomer la moral incluso de uno que no ha hecho de la playa y el moreno su religión ocasional.

Es curioso que este sea uno de los veranos que más tiempo libre he tenido, más ratos para mí, más oportunidades de haber explorado los exteriores, compartido las búsquedas, dialogado los descubrimientos… y sea uno de los tiempos en que más solo he estado.

Primero por el lío que nos siguen montando los dos zangolotinos del grupo de juego, que ciertamente debo reconocer que me animan poco a quedar con ellos.

Y luego porque como siempre la de siempre hace lo de siempre y no nos vemos casi siempre. Esto ya es tema repetidamente tratado y no incidiré más.

Es el verano en que por fin ha pasado lo que esperaba y me perdí yendo en coche por primera vez. Por tomar indicaciones a la ligera, vagancia de no preparar del todo bien la travesía, convertí un viaje de 15 minutos en una angustia de 40 hasta que reconocí el fracaso, cogí autovía de vuelta (qué fácil es volver al punto de inicio tras perderse en coche…) y me comí la comida fría en casa con amargura en la boca.

Al día siguiente, por pura cabezonería, por amor propio, por rabia, preparé mejor la cosa, cogí el coche y en 15 minutos llegué a donde tenía que llegar. Ya no servía de mucho, ya no se podía hacer lo que podía haber hecho el día anterior y no hubo sensación de realización, de orgullo por haber conseguido algo sólo por primera vez, sensación de avanzar. Pero al menos sentí que había hecho lo que debía aunque tarde y mal. Vamos, que me quedé tranquilo después de rabiar todo el día anterior, algo es algo.

Me había propuesto volver a retomar un cierto ritmo en dibujar, pero na, para variar no he sido constante. Lo que si he hecho algo más es escribir…pero como siempre desarrollando cosas que inician otros.

Me sentí bastante sólo estos meses. No por mi familia, eso es normal, mi madre todo el mes de julio en Santander, mis hermanos de vacaciones y no se pasaban por casa, el hermano compartepiso también se fue unos días a la antes mencionada localidad… durante una semana entera quedamos solos mi padre y yo. Lo cual fue mejor de lo que esperaba. Sólo es una persona más tratable a pesar de la sordera progresiva. Hubo menos discusiones, casi ningún roce, más tranquilidad, verdadera calma en una casa deliciosamente silenciosa. Ojalá fuera siempre el hombre así, pero no lo es, en cuanto volvió mi hermano ya cambió y cuando volvió mi madre recuperó su insoportabilidad anterior. Qué se le va a hacer… al menos hubo unos días buenos.

No, la soledad viene de dentro por lo que viene de fuera. Ya he aceptado que mis necesidades sociales, de cariño y sexuales son naturales, no hay nada de malo en ellas. Pero en cuanto en mi vida se incluye la necesidad de estar con otras personas para satisfacer algunas de estas necesidades naturales, los planes tienden a torcerse. Y al final mi sombra, el dorso de mi mano y la palma de mi mano, respectivamente, son las que intentan satisfacer esas necesidades y siempre se quedan cortas (no, no estoy intentando presumir de tamaño de nada, es sólo una expresión…)

Me tocaron el otro día 30 euros a gastar en un mes para el móvil y casi no los he usado, porque no tengo nada que contar a nadie y si tengo algo que contar no sé si la otra persona querrá escucharlo. Será que no, habida cuenta que tras unos días de quedar allá por julio, agosto es el mes del silencio, parece ser. Y siempre que intento iniciar el contacto es esfuerzo baldío, así ha sido durante 5 años, no ha pasado nada especial para cambiar la situación, así que no lo intento más.

Si nadie te ha enseñado nunca a escalar, las primeras paredes van a convertirse en zona de reunión de caídas. El problema viene cuando las caídas nunca terminan de enseñar a subir. Hay gente con capacidad para aprender y gente que necesita instructor y gente que no aprenderá nunca por mucho que los mejores le ayuden.

Tal vez hubiera sido mejor que alguien me hubiera enseñado o ayudado a ser persona antes que a ser estudiante. No termino de creer eso del Juan Palomo para la vida mundana, estará muy bien para las islas, siempre fijas en un sitio, pero cuando eres agua corriente, vas a rozar piedras, acoger sapos, en ti se van a posar libélulas y las sombras de la gente que pasea por las orillas te harán preguntarte como será eso de salir del lecho del río.

Nadie está solo, pero eso no quiere decir que no pueda ser solitario. En mi ciudad viven casi 100.000 personas y no es ni de las 100.000 ciudades más grandes del mundo. Yo soy sólo uno de esos 100.000 con sus 100.000 problemas.
Pero yo soy yo. Mi problema es EL problema. Porque tampoco me dejan (o se cómo) acercarme a los demás para que sus problemas sean también míos.

Y así ando, paseándome por tumblr y soñando con pieles que no son mías. Y sintiendo mi piel fría por dentro del frío de este verano que no lo fue. Hoy hace sol, a ver si calienta un poco por dentro y por fuera.

It's wonderfull to fall

It's wonderfull to fall



Normalmente hubiera dicho que “otro día”. Los miércoles es el día en que más esfuerzo meto en el gimnasio y eso me deja con las defensas mentales y físicas bajas, pero no quería estropear la cosa antes de empezar, así que acepto el desplazamiento, el callejeo por una ciudad que me es bastante desconocida y el riesgo siempre presente de varapalo emocional que conlleva quedar con ella. Voy mucho antes al gimnasio y llevo muda para cambiarme allí mismo e ir directamente a la estación de autobuses para que luego no se me haga las mil y media para volver, que al día siguiente trabajo.

La primera canción que oigo cuando el autobús sale de la estación me canta que “tu amor, por sí solo, no es suficiente”. Como no es al amor a lo que voy tampoco me lo tomo como ninguna profecía. La otra canción que se me queda de la docena que me da tiempo a oír en el viaje es la que yo llamo “la canción del hermano perdido”. Eso me preocupa un poco más, pero bueno, las canciones son sólo canciones, ¿no? Al fin y al cabo seguro que escuché alguna más halagüeña durante el trayecto, pero como tiendo a fijarme más en lo malo que en lo bueno…

Al principio todo bien. No me cuesta tanto como esperaba encontrar el camino y el saludo es realmente como si todo fuera “decíamos ayer”. Sigo sin acostumbrarme mucho al requisito previo que hace de “tomar lo humos”, pero bueno, es lo que hay y empieza la sesión de lectura en la bodega.

Y las divergencias se disparan. Tal vez el cambio no es de ella. Tal vez no está más desatada que antaño, más brillante, caracoleando mucho más, más críptica, un poco incomprensible… Tal vez soy yo el que en este más de año y medio ha cambiado y estoy más cerrado, más mundano, más gris, más anclado en puerto. El caso es que me cuesta entrar en materia, las cartas van surgiendo y no me dicen mucho, me pierdo en sus significados y en sus lecturas de filósofas y sus interpretaciones de rectángulos coloreados.

Menciono que me siento como el hermano pequeño que protesta porque el mayor sabe más que él. A eso sigue una amable sugerencia de dejar de valorar la relación como hermanos espirituales o místicos y es la primera patada que siento en el estómago metafórico. Aunque es cierto y justo. Tiendo en mis relaciones de todo nivel a valorar las cosas desde mi punto de vista y anhelos, unilateralmente, a establecer etiquetas que no se corresponden con el flujo bidireccional de vivencias y sólo mirarme el espejo pelusillero del ombligo. Así que aunque no me guste, he de aceptar que mi impresión era la equivocada y la amistad no necesita de elevaciones y lazos retorcidos para ser plena.

Pero la segunda patada me produce un poco de bilis y ya no paso a valorar en el momento si es veraz o justa o realista. Pues si, es probable que N. esté hasta los ovarios de mí a veces. Sé de ocasiones en las que hice daño y me arrepiento de las mismas, aunque el arrepentimiento a posteriori nunca sea mercromina ni preventivo. Tal vez debí de mencionar que cierto, debo hacérselo difícil a N. a veces, pero ella también me lo hace a mí y ambos al otro y a los de más allá. Vamos, como cualquier relación interpersonal en la vida. No sé porque siempre que estoy yo metido en una parezco la persona más obtusa del mundo y mis actos más despreciables, absurdos y por razones equivocadas que los de cualquier otro en mi parecida situación o nivel mental y emocional. Llevan toda la vida aplicándome el estímulo negativo y crítico y empiezo a pensar que no es el único incentivo que necesito. Ya está bien de tantos “no es para tí”. Ya se que hay muchos que no encuentran su “para sí” y yo igual soy uno de ellos. Pero lo que siento es real. Y querer insistirme en que no lo es, que está condenado al fracaso, que debo romperlo en vez de superarlo, en un momento en que no rige mi vida y está integrado suavemente sin producir aristas, es innecesario, redundante y sobra.

En un momento dado que ella no está el hombre de la bodega tiene una discusión con un parroquiano, una tirantez que parece venir de retazos del pasado enraizados poco a poco hasta el presente explosivo (que no de explosión, sino de explotar y decir finalmente lo no dicho) y me siento enturbiado aunque la cosa no me vaya. Tal vez por el ritual creado para la lectura por ella que me hace sentir examinador de detalles y como si todo tuviera un significado especial y relevante.

Una vez leí que las cartas del tarot pueden significar distinto para una persona que para otra en el mismo momento de echarlas. El texto sugería que la única lectura verdadera que puede hacerse era la que uno se echaba a sí mismo, la que le hacía reflexionar, explorar su propio interior. Me pareció un poco exagerado, ya que precisamente a veces el hecho objetivo de leer las cartas a alguien que no sabe como hacerlo puede aportar un componente de sinceridad y nuevos puntos de vista necesarios para resolver las dudas del solicitante.
Pero el caso es que aquel día la Lectora de la Luna (ya que como me dijo a veces es M. a veces C. nunca Dragón, hermana no… la situación parecía pedir un nuevo modo de nombrarla y ese fue el término que me surgió, por una de las cartas de las que se apropió y por lo que estaba haciendo en ese momento) estaba creando su ritual, encomendando a su intuición y sensaciones los significados y relaciones entre las cartas, guiándose por la estética para condimentar la lectura. El resultado era curioso, divertido a ratos y aparentemente muy caótico. Empezando por las cartas representativas, que en vez de surgir ya estaban preestablecidas para ella, otorgándome la sota de oros (el descubrimiento del tesoro oculto en el interior, la carta del joven que emprende nuevos caminos, la carta de los estudiantes) y para ella misma el arcano 13, el Arcano sin nombre de los antiguos tarots que no quería atraer la mala suerte, cuando eran simples cartas de juego y no de adivinación, cuando eran regalos hechos a mano para bodas de poderosas familias y no quedaría muy diplomático atraer la mala suerte mentando al fin de las cosas, Lamorte, la Muerte, el esqueleto del fin natural de las cosas. No es la única carta que se adjudica y cuando surgen retira para su siniestra personal el Sol, la Luna (que es la primera que surge del mazo y se queda) y las Estrellas. ¿Se queda también con el Diablo? No lo recuerdo, algo pasa con esa carta, yo quería colocarla y no recuerdo si le dio la vuelta boca abajo o la apartó o algo así… No había orden, al menos para mí, aunque el caos no es malo, es creador, el Orden puro no innova, siempre va a lo mismo, mientras que el Caos surge, experimenta, evoluciona, a veces se marchita implotando sobre sí mismo, a veces florece más de lo imaginado.
Pero ese día no estoy yo caótico y me quedo confuso con muchas de las interpretaciones y recovecos que ella hace aflorar. Recuerdo al Emperador en el nordeste pisando el vientre de la Emperatriz en el sudoeste inclinado. Recuerdo al Ermitaño en el sur, el Carro al norte. Tal vez la Templanza al este, tal vez el Loco al noroeste, esas dos cartas las tengo brumosas. En la cruz personal de cuatro cartas que me pide que extraiga para complementar la sota de oros, el Ahorcado al norte se alza sobre el Juicio o el Mundo al sur, no recuerdo. En el este la Fuerza bate a la Torre en el oeste intentando alcanzar el tablero principal, y aquí está la raíz del asunto, la carta más cercana a la cruz personal, la carta del sudeste, es los Enamorados. Y una carta se cuela fuera de los lugares establecidos, ella sola en todo el tablero en un lugar que parece fuera de lugar, el Mago está entre la carta central de la Sota de Oros y los Enamorados. La Lectora de la Luna lo interpreta como bueno, me habla de que las cartas deben mirarse según el tarot de Marsella aunque no sea el que estemos usando en ese momento. Y el chirrido se establece en mi subconsciente y me hace descolocarme, hay algo mal, algo no encaja. En ese momento es cuando hago el comentario de que soy la roca de Sísifo y un día ella se cansará de bajar a buscarme, comentario nacido de esta inquietud que me llena de repente. De hecho la conversación final de la lectura, el breve paseo posterior y la despedida, estoy como un poco ausente, preocupado.

Y se produce el segundo chirrido. Al irme me pide que siga las flechas que surgirán al caminar. Intento hacerlo y el resultado es que me pierdo. Llego a un parque que no es el parque que busco, más pequeño, descolocado. Dos amables señoras me orientan hacia la ría y retomo el sendero, esta vez sin seguir flechas y llego a la estación un minuto tarde para ver partir el autobús, con lo que tengo que esperar al siguiente mientras la extraña sensación se va asentando en la boca de mi estómago. Y curiosamente en Oviedo, de vuelta a casa, todos los semáforos que encuentro están en verde, invitándome a pasar. Me siento en mi lugar.

Es un par de días después cuando leo algo que me sorprende. En el tarot Marsella el Mago no es tal Mago. Es un Bateleur. También llamado Mountebank en las versiones francesas, la traducción aproximada del término sería “vendedor de humo”. Eran personas que “montaban su mesa” (“montambanco” es el término original italiano) y en ella vendían pociones, amuletos y supuestas “curas milagrosas” a la gente en los campos y ciudades. A la mente acude fácilmente la imagen de los vendedores de “aceite de serpiente” que recorrían el Lejano Oeste en los western para explicar el término.
En los inicios de los naipes del tarot, esta carta representaba al alquimista que en verdad no lo era, al charlatán, al atrapacrédulos. Era la segunda carta con menos valor del juego, sólo ligeramente superior al Loco. Cuando en el siglo XVIII el tarot empezó a ser usado como medio de adivinación, fue cuando la carta se transformó en un Mago real, en la representación de la persona que comprende, que entiende el universo y sus flujos, que puede acceder a las fuerzas ocultas.
Pero no es eso lo que me inquietaba aquel día en aquella ciudad, porque durante la lectura no sabía aún ese origen de la carta. Lo que me perturba, es que me acordaba que en el Tarot Marsella, el aún Mago todavía no Bateleur está dando la espalda a la parte izquierda y mira por encima de su hombro como con sorna. Y la imagen de la Sota de Oros en el centro, el Mago a su derecha y los Enamorados a la derecha del todo, se me hace como la imagen de un hombre que impide que la Sota llegue a los Enamorados, un obstáculo para alcanzar el amor.

Por eso días más tarde le dije a la Lectora cuando llamó que quería alejarme de la magia, renunciar a su poder.

Y se despidió en 3 segundos, tal vez para siempre. Y la echaré de menos.

Pero hice lo que sentía. Le había dicho que quería poder decir las cosas tal como estaban en mí, sin tener que temer que mi interlocutor se enfadara. Así lo hice, el final fue malo, pero fui sincero.

Nunca he llegado a hacer el viaje de Promethea (obra de Alan Moore) por el camino de los sefirot. Nunca he llegado a integrar filosofía y mística en mis procesos, coqueteé con ellos, tal vez empecé a rascar la superficie, algunas cosas las entendía, otras creía entenderlas. La magia me sorprendía, asustaba, divertía, inquietaba, fascinaba. Pero nunca fui mago. Como nunca seré muchas otras cosas, dibujante por ejemplo, o escritor. Pero estas dos cosas si quiero intentar serlas. Y amante también, aunque no lo sea.

Le conté cuando quedamos que pensaba que empezaba a ser feliz. Con la realidad, con la gente que me rodea y quiero, capeando los combates cotidianos y los miedos diarios nacidos del paso del tiempo. Con mi simple y banal trabajo. Durante años busqué la magia y había momentos buenos y momentos malos. Pero no encontré las puertas para abrir que me condujeran a lo mejor. ¿Tal vez lo dejé demasiado pronto y el camino era más largo para llegar a buen puerto? ¿Tal vez lo retomaré un día y habré perdido a la mejor guía que podría desearse? Tal vez. Pero ahora es correcto en mi interior.

También fue días después cuando me dí cuenta que no pude o supe hablarle de las nuevas músicas del Salón, de los nuevos escritos, dibujos, anécdotas… En vez de eso le hablé de más de algo sobre alguien que no tenía derecho a contar por no ser mi vivencia sino la de esa otra persona, con la cual ya me he disculpado. Qué poco revelé sobre mí aquel día… Que no es todo lo que soy lo que está en las letras de este lugar, sólo parte. Que había cosas que explicar tal vez.

Pero sea. La vida no admite segundas tomas. Esta toma es buena, aunque no sea la mejor. Y mi camino va por otros senderos.

Y como otra canción escuchada cuando volvía a casa aquel día en el autobús, a veces “es maravilloso caer”.

...Y ACERTARAS

...Y ACERTARAS

Aunque suene brusco decirlo así, creo que es la manera adecuada para representar como me siento: me JODE tener razón cuando pienso mal.

Por partes:

Pasamos en mi casa el fin de semana preocupados por mi madre. Se queja de un dolor intenso y punzante en el costado izquierdo que no la deja dormir. Cuando va al médico el sábado parece que no tiene nada grave, le dan unos calmantes suponiendo que lo más probable es un dolor muscular y si se sigue encontrando mal el lunes que vaya a hacer una ecografía, pero con las pastillas mejora mucho, duerme bien y ya casi no le duele. Yo le insisto que se haga la eco igual, no sea que cuando quite las pastillas el dolor siga ahí igual de intenso, pero sé que tendré que lucharlo con ella y su fobia a los médicos. Lo que nos dice es que estamos mal acostumbrados, porque dolores y molestias y cosas las ha tenido toda la vida pero no decía nada para no preocupar y esperando que pasaran solos, yendo al médico sólo en casos extremos. Pero es cierto que estamos mal acostumbrados, hace un año ya de lo de ingresarla por el trombo y desde entonces estamos a la que salta con mis padres. Mi padre sigue sin oír bien pero no quiere ir al médico. Hace unas semanas estuvo mal, con dolores y malestar físico pero tampoco quiso ir al médico hasta que la cosa se pasó sola a las dos semanas, suponemos que tenía algo de eso porque no nos decía nada, sólo andaba con cara y actitud de pitbull por la casa sin salir siquiera a la calle. Ahora sigue sin salir mucho, cada vez está más en casa, tumbado o sentado casi siempre viendo la tele.
Es curioso, mientras mi padre se deja a si mismo hacerse más viejo de lo que es, mi madre sigue pensando que es como hace 15 años y que puede hacer lo mismo físicamente…
Y les sigo viendo marchitarse lentamente día tras día.

Mi hermana nos “honra” con otra de sus cada vez más largas visitas que va a coincidir con los 5 días que me he cogido de vacaciones a partir del miércoles. Los cojo no porque esté demasiado cansado, los cojo precisamente para no llegar a ese punto de ruptura, desde enero he estado trabajando todos los días, me he cogido el periodo largo seguido de vacaciones a finales de julio principios de agosto y aguantar sin parar hasta ese tiempo creo que podría con mi resistencia. Así que me cojo ahora una semana para no madrugar, despreocuparme y limpiar el aura y luego seguir, estoy bien en el trabajo, no me importa ya la rutina, estoy a gusto. Hoy ha vuelto a trabajar mi compañera, la que tuvo y superó el cáncer, así que todo vuelve a estar en su sitio. Lo siento por el chico que vino, que aunque no me cayera muy para allá, no era mala persona, sólo un poco pesado y romperse la pierna como se la rompió es duro y más duro saber a mitad de tu baja que te quedas sin trabajo porque vuelve la persona a la que sustituías.
Lo que me hace recordar que yo también estoy de prestado, que la mierda política puede poner en marcha el proceso de mi marcha de donde estoy. Siempre precario… Lo único bueno que el proceso dura un tiempo y si tengo que irme podré irme haciendo a la idea poco a poco.


Y llegamos a la parte del asunto aludida al principio… Finalmente se llegó al punto de ruptura entre las dos personas del grupo que habían tenido sus más y sus menos hace unos meses y se desencadenó una crisis. Traducido, él dice que no quiere estar en la misma habitación que ella. Lo equipara a lo que me pasa a mí con el tipo con el que tuve problemas hace años. No sé que decir, igual si, pero yo creo que no es lo mismo. Empezando por el hecho de que aunque pensé en hacerlo, terminé por no hacer elegir al resto de la gente “o él o yo”. Igual fue una actuación cobarde por mi parte, o sabía que iba a ser el lado perdedor si planteaba esa disputa. Pero seguí aguantando la situación casi dos años hasta que explotó por otro lado. Y yo puedo estar en la misma habitación que él. Frío, no lo niego. Educado pero distante, si. Pero puedo estar. Él dice que no. Ignoro si es una cuestión sentimental, de inmadurez, una discusión más profunda o un choque de opiniones. Pero cuando fuimos al funeral de la abuela de unos compañeros hace dos semanas si podían estar en la misma habitación. En fin, da igual por qué sea, tengo pocas ganas de ser cotilla, con lo cual tampoco puedo suponer de quien es la culpa. Lo importante es la consecuencia. La consecuencia es que como ambos querían quedar con el grupo este fin de semana, hubo que decírselo a ella que no sabía (o si sabía no quería enterarse de hasta donde había llegado la cosa) de como estaba la situación y no ha sido algo agradable. Como les dije a ambos, cuando la cosa explotó con el otro chico, yo no le eché de menos, no me importó que se marchará, no sentí que me perdiera nada y buenas tardes, gusto en conocerle adiós y cuídese. Pero estas dos personas no me caen mal, no me desagradan, no he chocado con ellos. Y sé quien va a salir perdiendo de este “unas veces con uno y otras con la otra”. Pierde ella, porque vive en Gijón, no tiene coche, es más difícil para ella desplazarse, de hecho la solía llevar y traer él. Él vive a 5 minutos en coche de Oviedo, tiene coche. También estaba antes y es amigo desde el instituto de otro de los del grupo. A ella la metió en el círculo uno de los que ahora está en Madrid así que no puede apoyarse en nadie. A mí en concreto no me cae mal, pero tampoco quiero ser su amigo del alma. Ni de ella ni de los demás del grupo, para que negarlo. Cada vez me siento un poco más desapegado de ellos, lo que puede ser bueno para mantener las cosas en su justo lugar o malo porque puede que me esté desensibilizando en demasía. Pero si no quedamos no quedamos y no me preocupa mucho a menos que la cosa dure meses, que de vez en cuando quedar, jugar, echar unas risas está bien. Así que no me voy a mojar por ninguno de los dos. La situación no me gusta, me incomoda, me molesta, pero no voy a volcarme por ninguno de los dos. Ella me da pena porque no lo ha pasado bien últimamente, la situación me recuerda a mí hace unos años, con las depresiones, los abandonos, el sentir que nunca remontas. Pero yo no soy mi hermana dragón María. Yo no tengo esa capacidad de hacer por ella lo que María hizo por mí, el impulso, el estímulo. No tengo tampoco el lazo adecuado para ser quien la ayude. Sólo puedo dar consejos que me temo que son más fáciles de decir que de hacer.
Y tampoco quiero ir más allá.

No me gustan las actitudes de la gente, las que he visto estos días. La mía es a la vez criticable por lo pasota y encomiable por no implicarme en algo que no siento. Así que supongo que también diré que no me gusta mi actitud, por mi tendencia a que lo peor siempre es mayor. Pienso ahora si será momento de alejarme, tal vez para volver en un futuro, tal vez para no volver nunca. No creo que lo que hacemos, lo que me une a ellos, valga este malestar y pasar por estos tragos.
Hipocresía por mi parte porque paso tragos mucho mayores cada mes por alguien que no siente lo que yo por ella…

Pero prefiero no mezclar temas. Ahora tenemos un par de semanas en las que puedo escabullirme ya que uno de ellos va a estar trabajando los sábados, así que esperaré a ver como va la cosa, si es irrecuperable el comportamiento civilizado o si definitivamente la cosa se ha quebrado. Y entonces decidiré y actuaré en consecuencia con como me encuentre y lo que haya reflexionado.

Es curioso esto de ver el culebrón desde fuera, no ser la parte discordante por una vez. No me produce satisfacción. Preferiría que estas cosas no pasaran, creadas por mí o no.

MOONWALK

MOONWALK

Últimamente me da por pensar que en realidad en la vida vamos hacia atrás, como los cangrejos (que ya sé que no caminan hacia atrás, sino de lado, pero bueno, es la frase hecha…). Lo único que vemos realmente es el pasado, aunque cuando está lejano perdemos los detalles pero seguimos viéndolo, recordándolo si lo miramos… Mientras que lo que nos queda por vivir no tenemos ni idea, no lo vemos, suponemos que tenemos el camino despejado pero hasta que sucede no lo sabemos realmente, como si chocamos con un muro en medio del camino…
Y con los miedos, los que ya nos han pasado nos provocan precaución, por eso miramos hacia atrás, para verlos venir, eso no evita que vengan, pero si miramos donde debemos los vemos acercarse y puede que estemos preparados. Mientras que los miedos nuevos no los conocemos, no sabemos que se están acercando. También entra aquí un poco el fenómeno de la intuición, de los presentimientos buenos o malos. El aliento que sentimos en la nuca no sabemos si es de lobo u oso hasta que nos damos la vuelta. O si es el suave contacto previo al beso de un amante en el cuello… Es como tener el sol detrás y que de repente nos tape una sombra. Sabemos que vamos a llegar a algo detrás, pero no sabemos si es árbol, edificio, montaña… No estamos viendo el paisaje que nos espera hasta que está a nuestra altura o lo rebasamos. Podemos oír el rumor de un río y pensar que dentro de poco nos vamos a mojar, pero hasta que pasa, no es seguro, quizás el río pasa junto al camino, no lo cruza. No sabemos de quien es la voz que oímos a lo lejos, esa persona que esperamos conocer de dulce canción y quizás las vueltas del camino nunca nos acerquen a ella, pero no lo sabemos.

La analogía es bastante evidente…

Y algunos recorren el camino hacia atrás con dudas, porque saben que pueden caerse. Otros creen en la aventura de lo extraordinario y su paso es más ligero, con riesgos y todo pero sin que estos le importen. Y otro lo recorren bailando a lo Moonwalk de M.Jackson, creando luz a cada paso que dan hacia atrás…

VIDA Y TELECOMEDIAS

VIDA Y TELECOMEDIAS


Tengo una buena vida. Eso es lo que podría decir si dejara de lado las emociones, las esperanzas, las ilusiones… Objetivamente tengo todos los números para no quejarme demasiado. Mi trabajo es predecible (salvo escasas excepciones), sencillo y tampoco es tal el volumen que me absorba durante todo el tiempo y no me deje algún rato para pensar en las musarañas (salvo alguna semana que otra). Tenemos a alguien sustituyendo temporalmente a la compañera ex-enferma (porque me alivia poder decir que el tratamiento fue bien y todos parece correcto con lo cual su proceso de recuperación va muy bien, el otro día quedamos con ella en el descanso y la vimos muy bien) que nos está causando algún problema porque el paisano no tiene mucha iniciativa, no apunta las cosas con lo cual cuando se acuerda de lo que tiene que hacer hay que explicarle otra vez como hacerlo y sobre todo lo que más me fastidia es que es muy muy muy muy pesado. Más que yo. No calla para nada. Y encima vive cerca mío con lo cual tengo que ponerme a esquivarle intentando irme unos minutos antes que él o dejando pasar unos minutas tras irse para evitar que me de la lata todo el camino. No, no me cae muy bien, me temo que gran parte del asunto es que hecho de menos a mi compañera de trabajo y no tengo ganas de tomar demasiado contacto con alquien que no va a estar mucho (en julio tiene la chica la revisión médica que dirá si está preparada para volver al trabajo o tendrá que estar un tiempo más de recuperación) y además no me está aliviando nada de la carga de trabajo.
Con el resto de gente del trabajo bien, ya es bastante tiempo y encajamos, ninguna queja.

En casa las cosas tranquilas, salvo alguna erupción ocasional, como el fin de semana pasado cuando vino mi hermana otra vez y yo no tenía el cuerpo ni la mente en su sitio correcto y tuve bastante tensión con ella, a veces provocando, a veces provocado, pero siempre por cosas que no eran vitales. Tampoco de dejar pasar para que se acumulen, pero reconozco que no fui precisamente el chico más majo del lugar con ella y no me sentí bien por comportarme así.

La salud normal. Duermo poco, debería dormir más, pero me cuesta dar por zanjado el día, siempre me queda una linea más por leer, un webcomic más por mirar, una fase más por jugar, una chorrada más por pensar… Lo bueno es que he recuperado la regularidad en el gimnasio, aunque eso conlleve algo malo, y es que estoy adelgazando demasiado…

A los colegas tampoco es que les vea mucho. Ultimamente ciertas circunstancias han hecho que cuando la gente ha quedado haya sido más para ayudar en mudanzas y montajes de muebles en la casa de la nueva integrante del aquelarre que para relajarnos y divertirnos. Pero bueno, a veces las cosas son así, no todo es ocio y juegos en la vida y si alguien necesita algo de ayuda pues si se puede se le da. El problema es que es en Gijón, lo que conlleva desplazamientos de media hora ida, media hora vuelta, cansancio, desgana… Por lo menos para mí. No quiero que la cosa se convierta en una costumbre y además… no quiero implicarme. Se me están haciendo confidencias y apoyándose en mí y estoy respondiendo por educación, no por verdadero deseo de ser sostén de nadie o por interés en cambiar la vida de los demás. Me he vuelto un poco más frío y menos dispuesto a dejar entrar a gente en mi muralla. Además no me considero precisamente muy fiable para ser el cimiento de ninguna torre tambaleante.

No implicarme parece ser mi nuevo mantra últimamente. No implicarme con los colegas. No implicarme en los problemas de mis hermanos. No implicarme en la crianza de mi sobrina. Intentar no implicarme en el trabajo, que las cosas que leo no me afecten.

No implicarme con N. Aunque eso termina siendo imposible, aunque lo que si parece posible y de hecho está sucediendo en el cierre de la presa emocional y sentimental. Cada vez parece más claro que llegará un día en que simplemente dejaré de intentarlo y de sentir un poquito, que ahí estaremos contándonos cosas, riéndonos, llorándonos pero no como pareja, ni siquiera como esperanza de pareja.

Esto se termina, se muere de inanición y de hastío por la lucha imposible. Y me siento un poco vacío. Lo que hace que esté volviendo a cometer una tontería saltándome también la norma de “no implicarme” con una persona lejana por internet, otra vez, una vez más, fruto de la sensación de soledad y desesperación por sentir cariño. Como cuando era joven e idiota. Ahora sólo cambia que no soy joven. Y eso hace que sea un poco menos idiota, no me estoy volcando esta vez, no estoy construyendo castillos en el aire. Soy consciente de que es un juego, una diversión, un entretenimiento y que durará hasta donde dure. Pero así empecé también las otras veces y finalmente no pude contenerme, para variar. A ver si es verdad que esta vez han pasado años y aprendido cosas y no dejo que la cosa se desmadre. Y mientras tanto disfrutar y hacer disfrutar.


Hoy me ha dado por pensar que mi vida empieza a parecer una de esas telecomedias americanas, donde la norma es “que al final todo sea como al principio”, que no haya grandes cambios, que los personajes siempre sean como son, las mismas reacciones, que al final de capítulo si son solteros sigan solteros, si tiene pareja y han discutido se reconcilien, si peligra su trabajo todo se resuelva. Que las tensiones sexuales entre personajes siempre sean tensiones no resueltas, no vivencias realizadas para bien o para mal. Nada cambia para no cambiar la premisa de que los espectadores conocen a los personajes, saben de sus reacciones, si les gustó la cosa al principio, así debe quedar, porque cualquier cambio importante puede hacer perder audiencia. Y si, de vez en cuando vamos a meter una tragedia personal, un cambio de empleo, una relación nueva entre los protagonistas. Los cambios importantes poco a poco y siempre pensando que podemos borrarlos y que todo vuelva a ser como antes si no nos gusta el resultado.

Predecibilidad, esa era la clave de esas series.

Así me siento últimamente, predecible, previsible y siguiendo un guion no escrito que no depara ninguna sorpresa en su resolución.

Y ahora entran las risas enlatadas…

Con los recuerdos y el corazón doloridos

Con los recuerdos y el corazón doloridos

 Donde hace casi un año caminé, la tierra es ahora agua y dolor.

 

 Ojalá creyera en dioses a los que rezar, por todo ese dolor, por toda esa gente.

 

 El primer ticket de tren que asoma de mi guía de español-japonés pone "Sendai-Odaka". Dos días dormí en esa ciudad hace casi un año.

 Chotto kanashi des, anata ni aete totemo yokatta des.

El ojo del contemplador

El ojo del contemplador



Últimamente me encuentro en la extraña e inusual situación de ser el espectador de los errores, salidas de tono, comportamientos equivocados y líos emocionales de unas cuantas personas que conozco desde hace años. Y digo inusual situación no porque sean gente perfecta, sino porque normalmente soy yo el que comete esas tropelías o estoy tan embebido en mis propios problemas que no hago mucho caso a lo que les pasa a los demás.
En estos dos casos concretos que tengo en mente en estos momentos, he visto la situación antes del problema, he visto los primeros pasos del problema, los primeros terremotos en intensidad creciente provocados por los problemas, he intentado dejar caer algún consejo sugerencia o advertencia para que la cosa no llegara a más pero sin meterme a fondo en donde nadie me llamaba, he visto explotar el problema y ahora he visto la convivencia con los efectos posteriores de los problemas. Y además en uno de los casos me temo que no ha quedado tan zanjado como sus participantes afirman y la cosa va a resurgir o continuar dando problemas de baja intensidad durante bastante tiempo.

Es raro estar en el otro lado de la barrera. Y es raro haberlo visto venir y que suceda. Tampoco mas las voy a dar de profeta o psicólogo, ya que muchas veces “me veo venir” cosas y luego muchas no suceden, así que es como si quisiera cazar una hormiga a cañonazos, disparo en grueso y algo pillo y si no es en este disparo será en el siguiente…


Mirando las cosas desde una perspectiva egoísta (es decir, los problemas de la gente son problemas en sí mismos, son cosas que me deberían de preocupar porque son gente que conozco de mi entorno, pero como eso ya se da por supuesto voy a hablar más bien de la parte que me afecta…) uno de los problemas afecta a mi modo y estilo de ocio y el otro me afecta muy personalmente a nivel emocional y sentimental, aunque en realidad sea un problema particular de esa persona.

En el primer caso la cosa tampoco es tan grave como para pensar que pueda acabar en ruptura, pelea, malos humos, odios eternos y guerra fría. Son simplemente emociones sacadas de quicio, suposiciones erróneas (que dados somos a suponer que somos unos genios de la psicología y pillamos las indirectas, sabemos interpretar una décima de segundo de miradas de reojo o silencios, que conocemos el esquema de actuación de las emociones ajenas… y luego quedamos como tontos cuando la gente y las situaciones nos sorprenden una y otra vez, pero no aprendemos y a la siguientes seguimos pensando que sabemos qué está sintiendo el prójimo…), una normal falta de comunicación (nadie le cuenta todo a nadie, ¿por qué seguimos suponiendo que sabemos todo lo que les pasa a nuestros conocidos?) y una alarmante falta de empatía. Lo malo de estas situaciones que contándolas suenan tan tontas que uno se sorprende de que les suceda a tipos de más de 30 años, es que nos descubren aspectos de la gente conocida que aunque no sean de rechazo inmediato y justo desprecio, si causan inquietud, malestar y ligero desagrado. Se supone que debemos disculpar los pequeños defectos de la gente, las cosas nimias, porque sino no seríamos capaces de vivir en sociedad, pero molesta bastante estar acostumbrado a ignorar o dar por sentados ciertos defectos y descubrir otros nuevos o que los antiguos se agravan.

Aunque da igual que me moleste o no, da igual que me desagrade o no. Pasar de la gente que conozco sería una ruptura tan total con la rutina, con lo que se da por supuesto, supondría una lucha tan grande para remontar, conocer nueva gente que me soporte y disculpe y establezca lazos, que como de costumbre pasaré del tema a menos que se produzca una situación tan grave que lleguemos al “no puedo seguir por aquí, debo romper contacto con esta persona”. Y para llegar a eso ha de pasar algo muy gordo, así que como ya he dicho cositas pequeñas como estas no lo causarán.


El segundo caso es algo mucho más importante. He visto a una persona cometer el peor acto de su vida del que yo tenga conocimiento. Un acto cruel, absurdo, egoísta, estúpido, irracional y que ha hecho daño a alguien inocente. Por causa y efecto eso ha provocado que el daño vuelva reflejado a la persona culpable, porque de ser mala persona lo hubiera cometido y no le afectarían las consecuencias, pero como no es mala persona si le afectan. Porque hizo algo fuera de su comportamiento habitual, la crueldad es algo inherente al ser humano, cuando somos niños somos crueles, egoístas, egocéntricos. Crecemos y aprendemos que nos duele el dolor de otros, no sólo el nuestro. Como ondas en el agua, no sólo afecta a donde caiga la piedra, hay temblores en derredor. Y aprendemos a querer a otros más (o por lo menos igual) que a nosotros mismos. Pero el poso siempre está ahí y a veces grita con fuerza incontenible. Luego podemos arrepentirnos, pero en el momento el daño está hecho, en el momento queremos hacer ese daño. Vengarnos. Humillar al que ahora es rival pero antes era amigo, amante, pareja, alguien querido. Nadie quiere perder, al menos perder siempre. Uno se cansa de perder siempre, de no tener razón nunca (aunque no merezca tenerla), uno puede tener miedo a querer demasiado, a engancharse, a depender emocionalmente de otro. Y algo de esto fue lo que pasó. No sé el que. Algunas de las opciones antes dichas u otra distinta. Es probable que ni la persona infractora sepa exactamente por qué lo hizo. Pero lo hizo. Y yo estaba presente cuando le cayó la avalancha creada encima. De hecho me estaba contando la situación, que era consciente de estar haciendo mal, pero que tiraba para adelante no sabía del todo por qué. Tal vez por esa manía que tenemos todos a esta edad que ejerzo de pensar que ya estamos formados, maduros, creados, rodados. Que no vamos a cambiar, que no hay nada nuevo para nosotros, que seguiremos como estamos y haciendo las cosas que hacemos, las buenas, las malas y las regulares, hasta el fin de nuestros días.
Y en el momento soy perfectamente consciente de que esta persona es culpable. Sin paliativos, sin medias tintas. Es un acto malo, según toda definición y lo está cometiendo, no es mala interpretación de palabras, no es una explosión emocional de minutos, no es causa de una ingestión química que afecte al comportamiento normal. Es algo consciente, continuado en el tiempo y perseverado. Así que no intento disparar las culpas a otro lado, no intento buscar cabezas de turco ni razones. Simplemente veo sufrir a alguien a quien quiero, y aunque sea por algo que realmente ha hecho y es realmente malo, intento consolar. Acompañar. Disminuir el palo. Porque me duele su sufrimiento, aunque se lo haya buscado.
Es luego, al día siguiente, cuando analizo las consecuencias que tiene en mí lo que ha hecho. No sólo que aunque yo me oliera algo raro no me contara algo que había sido importante en su vida durante meses. No sólo que supusiera haber vivido una relación profunda que hubiera podido alejar a esa persona de mí en el espacio físico y emocional para siempre. También hay que pensar si yo quiero seguir en contacto con alguien capaz de hacer eso, valorar si es una ida de olla o algo inherente a su personalidad, saber si ha escarmentado y descubierto que no vale la pena la emoción breve y explosiva si luego causa dolor continuado y profundo.
Pero como ya he dicho que haría desde hace tiempo miento. Me mantengo ahí. En vez de contar esas dudas en cuanto puedo espero, pongo buena cara (o cara normal), hablo de tonterías, ofrezco compartir el tiempo libre, intento hacer sonreír en lo que pueda.
Y espero.


El viernes tuve la respuesta a la pregunta no hecha. No, no ha aprendido nada. Si, va a seguir igual sin intentar siquiera cambiar.

Así que hoy no espero otra cosa que vivir este día que empieza, trabajar las horas que debo, ir al gimnasio por la tarde, el tiempo libre que tenga preparar alguna partida de rol para el fin de semana intentar quedar con los colegas, algo de autosatisfacción física (aunque sea sólo rascarse donde pica) ya que nadie me la va a dar que no sea yo, acostarse a una hora razonable y mañana por la mañana valorar que quiero hacer con el día, como estoy haciendo ahora con el de hoy. Y así día a día.

No espero nada ya de esa persona. Y de los primeros sólo espero ya que no me vuelvan a afectar sus problemas.

Egoísta y despreocupado y mentiroso. Y vamos sumando a la lista de virtudes personales.

La Muerte vino a por él una noche de invierno...

La Muerte vino a por él una noche de invierno...

 ... y se lo llevó más lejos de las colinas y más allá...

 

 A las orillas del mar en cuyas aguas vertieron sangre cien pueblos, ahora hay un alma más tocando la guitarra cuando la luna torna de plata sus aguas.

 

 

 

Enlace al video por si no se ve.

 

 Gary Moore murió. Y no hay nada más que decir.

Y EL AÑO EMPEZO A DISCURRIR SUAVEMENTE

Y EL AÑO EMPEZO A DISCURRIR SUAVEMENTE



Ha sido un enero tranquilo, salvo por el inicio de año, esa primera semana tan asquerosa unida a un fin de año tan asqueroso.
Después de esos días, con el regreso a la rutina laboral, las cosas han ido de manera distinta. No vino mal ese periodo de aburrimiento sin sorpresas para estabilizar la química mental. Estoy intentando descansar lo suficiente y cambiar las malas costumbres adquiridas durante las fiestas (no sólo las de los horarios y rutinas de sueño). Por ahora funciona, salvo días puntuales que recaigo en mis tentaciones particulares y debo lidiar con amodorramientos y estupefacciones transitorias.
También de mente voy más tranquilo. Intentando que la corriente sea continua y fluida, no llena de rápidos y chispazos. Mantengo contacto regular con N. y con los colegas y la cosa va un poco mejor que a finales del año pasado, aunque me temo que con estos últimos la tensión tarda en relajarse y no me encuentro tan cómodo con algunos como estaba antes.
Pero para este problema y para N. y para otros, estoy siguiendo una variante de la estrategia que pretendía seguir a finales del año pasado, la de la mentira. No es que ahora mienta por sistema, pero me he dado cuenta que tal vez lo que quería hacer era no decir la verdad de buenas a primeras, comentar sinceramente lo que pensaba u opinaba en cuanto me preguntaran, sino contemporizar, decir ahora que “bien” y dejar pasar el tiempo para que la tormenta se tranquilice, no cabalgar la montaña rusa en el momento y volcarla en palabras, sino esperar a terminar el viaje para pensar si me ha gustado o no. Pensarse más las cosas y ser menos visceral, en resumen. Si algo no me gusta que no sea por la reacción del momento, si hablo que no sea que se me escapen palabras explosivas teñidas de color sino parlamentos meditados.
Ser menos natural. No sirve de mucho ser natural si tu naturaleza hace que todo lo que te importa y quieres se aleje de ti, ¿no?
En cierto sentido sigue siendo la “estrategia de la mentira” que pretendía llevar a cabo, convertida en una especie de contención y actuación.

Da un poco de pena pensar que actuando así las cosas van mejor que cuando era demasiado sincero.

Y luego está el caso de lo que golpea desde el exterior. Nunca había pensado mucho en la jubilación, en los bancos, en el paro, en un futuro que no fuera un plan bonito y rosado de cosas que con paciencia y diligencia indudablemente saldrían bien. Pero ahora lo pienso, entre cambios sociales, gobiernos absurdos e hipotecarios, coste de la vida, revoluciones lejanas, dirigentes mundiales estúpido y egoístas y pagados de sí mismos, derrumbes de sueños y esperanzas, aumento de la intranquilidad general… es difícil que no afecte. Soñar, pensar, esperar, reír y perseverar está muy bien, pero sin medios no se llega a ninguna parte. Incluso para vivir de lo que uno hace, siembre y construye, hay que tener algo por donde empezar. Y tal vez la tensión general que flota en el aire es como un virus que nos contagia a todos.
Y empiezo a estornudar.

No me gusta donde se dirige el barco, pero estoy ocupado achicando la vía de agua, el timón lo manejan otros y yo sólo puedo esperar que no se llene de agua mi camarote. ¿Una actitud egoísta? Si. ¿Pan para hoy y hambre para mañana? Indudablemente. ¿Así no llegaré a ser feliz? No lo sé, me sorprende que tú si lo sepas con tanta seguridad.

Ahora sólo me queda saber por qué desde hace una semana mis sueños son más vívidos y frecuentes, los recuerdo cuando despierto y suelen varias entre el desasosiego y el terror puro…

LAS RAZONES DEL DISGUSTO

LAS RAZONES DEL DISGUSTO


Me pase el final del año enfermo. Empecé mis vacaciones el viernes antes de navidad, y el lunes mi hermano ya estaba enfermo, con mucha fiebre. Así que como era de esperar el martes la tenía yo. Me pasé dos días con 38 y mucho, sintiéndome un verdadero asco, porque la fiebre venía acompañada de fuerte dolor de cabeza, nauseas, mal sabor de cualquier cosa que pasara por mi garganta, dolor de ojos, algo de malestar en la garganta, mareos y profundo agotamiento físico. Era un estado que hacía que a la media hora de estar en el ordenador, de ver la televisión, de leer un libro, el malestar fuera tan enorme que tenía que parar. Los primeros días no podía evitar pasarme casi todo el rato tumbado en la cama sin fuerzas ni ganas de hacer nada. Dormía 11 horas y me sentía como si hubiera dormido 4. Cuando la fiebre remitió un poco las cosas no mejoraron y físicamente estaba baldado y cada vez más molesto. Si ya de por sí esta época del año no saca lo mejor de mí (demasiadas comilonas, demasiados horarios trastocados con poco sueño, demasiado evento social de poner buena cara durante horas cuando lo que quieres es tranquilidad…) a mi estado físico se sumó un malestar previo referente a una situación en el grupo de colegas de la que por una vez no fui causante yo pero que provocó un breve periodo de mal ambiente que afectó a nuestras reuniones. Pero bueno, la cosa se solventó mientras yo estuve ausente por mi enfermedad así que al menos eso no pasó a mayores.
Finalmente me estuve casi toda la última semana del año enfermo. Hacia el sábado empecé a mejorar un poco, pero no fue realmente hasta el lunes cuando ya pude superar el malestar y empezar a hacer vida normal. Y tengamos en cuenta que el miércoles ya volvía al trabajo, así que mis vacaciones consistieron en estar enfermo, cosa que obviamente no me puso de mi mejor humor. A eso añadamos que tuve que rechazar quedar con N. para ir de compras porque me llamó cuando empezaba a tener la fiebre a lo bruto y luego cuando pasó todo volvimos a quedar y fue ella la que cogió la gripe así que tampoco pudimos. Hasta ya entrado en el 2011 no pudimos quedar un poco para acompañarla a comprar medicamentos para su mal y darle mi regalo de reyes y contarnos un poco nuestras penas. El fin de año se convirtió para mí en un cúmulo de despropósitos, encerrado enfermo en casa, sin ver a los colegas, sin ver a la chica que me gusta, con comidas y cenas que no podía saborear y demasiada gente en casa. Y la verdad es que puestos a reflexionar, el 2010 fue para mí una mierda de año. Vale, está el viaje a Japón, del cual no me arrepiento y es un buen recuerdo para toda la vida. Está lo de comprar el coche y empezar a conducir, que es más una historia de superación de neuras personales que de grandes logros universales. Está el haber trabajado durante todo el año y seguir conservando el trabajo. No es que haya pocas cosas que están bien. Pero es que las malas lo superan con creces: es el año de mi extraño y confuso estreno sexual que alguna secuela a la psique me ha dejado y no ha vuelto a repetirse en todo el año par ami disgusto. Es el año en que tuve que llevar a urgencias a mi madre y no poder evitar ignorar más el deterioro físico de mis padres y su avanzada edad. Es el año en el que me he pasado más o menos la mitad de él sin ver a N., sin llegar a nada ni para bien ni para final con ella y encima con más neuras que nunca respecto a ella y nuestra relación. Es el año de la enfermedad de mi compañera de trabajo. Es el año en que me siento más lejos y desapegado del grupo de ocio y colegueo. Ha sido un año de estancamiento emocional, un año en que he llegado a pensar que volvía a estar tan confuso y perdido y liado como hace 4 años.

Pero por suerte ya terminó. Ahora sólo queda que pase esta semana de reyes, que cada mochuelo vuelva a su olivo y se recupere la rutina, que a veces no es aburrida sino un modo de estabilizar. Que termine del todo las secuelas de la enfermedad, que la gente vuelva a su cauce habitual y a tirar para adelante, a volver a las luchas diarias y los asuntos cotidianos y confiar en que las ocasiones y circunstancias permitan pensar que tengo la oportunidad de mejorar y subir peldaños, no de estancarme o bajarlos.

Así que por ahora estoy de tregua con el 2011, en espera de ver qué cabronadas me tiene preparadas y cómo las afrontaré.

ME CAGO EN EL 2010 Y AUN ME QUEDAN RESERVAS PARA EL 2011

Debo de ser el único imbécil del mundo que llora cuando escucha esta canción

 

 

 Que sobrevivamos al año que empieza y que no vuelva a repetirse el anterior.

MIENTE

MIENTE

 Para minimizar los problemas que uno se pueda encontrar en la vida, la mejor solución parece ser mentir.

 El término “mentira” siempre suena siempre tiene unas connotaciones catastrofistas, siempre se piensan en las grandes mentiras de la historia, las grandes traiciones, las explosiones emocionales que rompen relaciones, las maniobras arteras, las causas de las guerras.

 Y en realidad mentimos cada día. Es tan mentira decir “no estoy teniendo ninguna relación con otra mujer que no seas tú” como decir “estoy bien” cuando no lo estás y no quieres preocupar a la otra persona o no quieres que te den la lata porque estás agobiado o no quieres empezar una charla de por qué no estás bien porque quieres ir a otra parte y tienes prisa. Así que dices “estoy bien” con esa leve sonrisilla típica, cabeceas un poco como para reforzar la frase, como para decir “que bien que estoy, es cierto, si, si” y te mantienes en silencio un par de segundos para que la otra persona vea que no tienes nada que añadir, que sí que estás bien y se pasa a otro tema o te despides o se despide el otro y os marcháis cada uno por su lado o seguís con las cosas que estabais haciendo.

 

 Con la típica obsesión humana por graduar las cosas, hemos establecido grados también para las mentiras, y las que son más “leves” las llamamos “mentiras piadosas”, aunque yo prefiero por poético el término en inglés “white lies”, “mentiras blancas”, que supongo que viene de la expresión de sepulcros blanqueados o algo por el estilo, algo que en apariencia es bonito pero en su interior esconde la podredumbre y la corrupción. La mentira blanca se convierte así en algo en apariencia correcto pero que en el fondo es algo falso, pero que podemos ignorar y no profundizar.

 

 Pues el secreto para evitar problemas en la vida parece ser convertir las mentiras blancas en la bandera que enarbolamos.

 

 Porque no queremos que la gente sea distinta, ni especial. No queremos que nos causen molestias o preocupación. Queremos que nos ayuden cuando lo necesitamos, que sean felices cuando nosotros lo somos, que compartan nuestras aficiones con el mismo entusiasmo con que las vivimos nosotros. No queremos que la otra persona se aburra en el cine cuando a nosotros nos está gustando la película. No queremos que evite beber cuando nosotros estamos de borrachera. No queremos que le parezca aburrida una persona que a nosotros nos parece divertida. No queremos que nuestros familiares le agobien cuando a nosotros nos guste pasar el tiempo con ellos. No queremos que no le apetezca tener sexo cuando nosotros estamos calientes.

 

 Queremos alguien que se amolde a nuestros gustos, intereses y apetencias. No queremos un copo de nieve tan especial y único que sea diferente a nuestra manera de pensar y sentir. Si tenemos amigos es porque comparten al menos una parte de nuestras vivencias, les gusta el mismo ocio que a nosotros, la misma música que a nosotros, los mismos lugares que a nosotros. Ese es el principio al menos, luego con el paso del tiempo se comparten experiencias, se crea el lazo de confianza, se refuerza el cariño y la amistad es verdadera, puede serlo. También puede seguir tan tenue como al principio y al final disiparse o no cambiar en absoluto con el paso de los años y un día darte cuenta que hace un montón que no sabes de esa persona pero tampoco hasta notado que haya pasado tanto tiempo.

 

 Pero el inicio es realmente así de simple. Que al otro le guste bailar, como a ti. Que le guste beber, como a ti. Que le gusten las películas de ciencia ficción, como a ti. O que te diga “hola”, “hola”, “¿que haces?” “dibujo” “mola, yo también dibujo”.

 

 Desde luego si la cosa es “hola” “hola” “¿que haces?” “dibujo” “puf, que coñazo”, no empezamos bien. Por eso uno no puede decir nunca “que horror de vestido” “no me parece bien lo que estás haciendo” “me aburre un montón esto” “que mal me cae tu primo” si quiere empezar una amistad. O si quiere mantenerla.

 

 Yo he pensado siempre que ser sincero era la base de cualquier relación. Si algo no iba bien hablarlo, no ocultarlo, no esquivarlo. Y no es algo fácil, el miedo instintivo a dejar de gustarle a la otra persona sólo puede ser superado cuando te gusta tanto y crees que es tan sincero lo que sientes que sacas fuerzas para superar ese miedo porque sabes que la otra persona también estará sacando fuerzas para evitar la primera reacción, que siempre es rechazar frontalmente la discusión, evitarla, dejarla pasar, aunque uno esté incómodo prefiere no decir nada y confiar en que la situación se resuelva sola. Cuando una relación es fuerte afrontas los problemas junto a la persona a la que quieres y tratas de arreglarlos.

 

 Al menos eso pensaba yo que era lo ideal, la situación que se daba. Claro que no habiendo tenido nunca una relación de tal profundidad no puedo asegurarlo.

 

 Digo que esta es la manera en la que creía que había que actuar “en todas las relaciones” pero puede que no sea totalmente cierto. Al fin y al cabo, las personas evolucionan pero nunca se encuentran satisfechas. Cosas que antes eran banales de repente empiezan a parecerte importantes y por tanto algo que antes no te molestaba puede molestarte ahora. O al revés, cosas que antaño era motivo de discusión y conflicto se suavizan con el tiempo y dejan de ser relevantes. Pero también hay casos en que situaciones que siempre te molestaron te siguen molestando. Así que una doctrina de sinceridad continua puede resultar en una discusión crónica sobre cierto tema. Y todo el mundo se cansa de eso al final, más pronto o más tarde dependiendo del aguante general que posea. En el fondo tal vez sea lo mejor, si no eres capaz de adaptarte a una relación compartida, es mejor dejarla, ¿no? Si no eres feliz, ¿por qué callar? Confiamos en que el tiempo suavice las aristas, pero puede que eso no pase y la herida no cure, sino que el dolor se haga una constante y ya no recordemos lo que era no tener el dolor de esa herida que día tras días pica.

 Pero es duro estar sólo, es duro romper una relación. Cualquier relación, incluso la peor, tiene sus buenos momentos y pueden ser muy buenos, que sean escasos no es determinante para su calidad. Por eso callamos cosas. Por eso mentimos blancamente, maquillamos la verdad, escondemos la tensión, ocultamos las preocupaciones y molestias.

 Lo llamamos convivencia, porque se supone que un grupo de personas, sean 2 o 2000 millones, deben poder pasar por el mundo sin machacar al de al lado porque sus gustos, opiniones y modos de ver la vida varíen respecto a los nuestros.

 Pues bien, claro está que el mundo no funciona así. En el fondo todos pensamos que nuestra opinión es la válida, la real, la que otros deberían adoptar, no que tengamos que adoptar la de otro. Es un esfuerzo valiente aceptar que nos equivocamos y variar nuestro modo de pensar. Y desde luego no lo hacemos para todas las cosas en la vida, al que acepta todo lo que le dice otro y lo hace suyo se le llama “borrego” o en términos menos peyorativos “falto de opinión propia”, al que impone siempre su criterio lo llamamos “dictador”, “intransigente” o decimos que “sabe convencer”. Ambos extremos suelen estar mal vistos y se considera adecuado ceder en algunas cosas y mantenerse firme en otras. Lo que no te dicen es en cuales hay que hacer cada cosa…

 

 En resumen. Me he equivocado todos estos años. Decir siempre lo que se piensa, expresar siempre tu opinión, querer discutir las cosas que te incomodan… sólo sirven para que te quedes sólo.“El raro”, “El protestón”, “El insatisfecho”, “Quejica” son sólo algunas de las cosas más suaves que me han llamado y no quiero ni pensar en cómo me llamaran cuando no les oigo. Poco a poco la gente tiende a apartarse, no hay más que mirar este blog, actualmente debe haber sólo una o dos personas que lo lean (si llega), porque aquí no me contengo, aquí expreso, protesto, me quejo, opino y fantaseo sinceramente, muchas veces escribo sólo para mí, sin pararme a pensar quien lo leerá o si le molestará lo que lea. Y nadie aguanta mucho a alguien que constantemente protesta de lo que pasa o le pasa y se queja de todo. Y eso teniendo en cuenta que muchas veces cuando escribo aquí es justo cuando me ha pasado algo y por tanto estoy en caliente sobre el tema, con una reacción más visceral de la que luego permanece una vez el paso del tiempo templa el asunto. O escribo sobre la impresión del momento, con los datos que poseo, información incompleta. O sobre todo, no cuento todo lo que me pasa. Es curioso como uno está más dispuesto a escribir sobre lo malo que le pasa que sobre lo bueno, con lo que este blog en realidad no refleja todas mis vivencias y pensamientos, para eso debería escribir cada día al menos un par de veces o tres o mil.

 Es decir: este blog también miente a veces, yo también miento algo aquí.

 

 Pero bueno, da igual. El blog es el blog y lo que yo pienso es que tengo que empezar a mentir blancamente en la vida. Decir que “estoy bien”, que “no tengo preocupaciones que me quiten el sueño”, que “no pasa nada si no te veo”, que “seguro que pronto nos vemos”, que “sólo quiero ser tu amigo”, que “da igual, ya llegará lo bueno”, que “por supuesto que quiero seguir con esto”… sonreír levemente y cabecear interesado.

 

 Tal vez así las relaciones que pueda tener no serán tan profundas, pero la gente dejará de alejarse de mí y no me sentiré tan solo.