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PATCHWORK

20120110074559-patchwork.jpgDe vez en cuando apunto frases o ideas con intención de escribir sobre ello en un futuro. Pero últimamente no lo necesito, los ecos de las paredes del salón no me traen sensaciones buenas o malas, no preciso hablrle a la nada para ponerme en orden internamente.

Sirvan estas frases puestas aquí como unos grafitis como breve resumen de lo que fue para mí los estadios finales del año pasado y el inicio de este.

Feliz año al silencio y la ausencia. Y a quien visite, que muchas veces es lo mismo.

"Es una época en la que a lo más que podemos aspirar todos es a ir tirando sin grandes heridas.

Aprieto los dientes, registro otro caso de abusos sexuales y tiro “para alante” aparentando normalidad mientras mis sensaciones internas son las de limón en una herida abierta.

Ayer fue el día de los cortes de papel, tres en la mano derecha. Y otro más con los dientes metálicos del cortacelos… Un día mis manos ya no serán tan suaves, no servirán para acariciar… y aunque alguien quiera que lo haga, será tarde.

En realidad no se puede buscar nuevos horizontes. Tras las montañas el horizonte vuelve a ser la línea recta que era antes. Al final siempre es más el viaje que a donde llegas.

El problema de no dramatizar la soledad que siento y tratar el tema de manera ligera cuando hablo con la gente como si tuviera tanta importancia y trascendencia como si me estuviera quejando de que me ha salido un grano en la nariz, es que nadie termina considerándolo el problema que realmente es. Por no preocupar, termino por no conseguir ayuda de nadie.

Últimamente le hablo a las paredes de este salón sin dejar nada escrito. El eco que devuelven es un mal símil de conversación, pero son los únicos oídos que me escuchan.

Hace poco me dio por pensar que el lugar donde últimamente alcanzo algo parecido a un estado de bienestar es el trabajo A pesar del volumen brutal de trabajo que tengo últimamente, la presión de los plazos, la reducción de presupuestos, los continuos problemas de dinero… Es el lugar donde tengo algo en lo que ocupar la mente durante los bajones emocionales, donde puedo hablar con personas que quieren (o al menos aparentan) escucharme, donde a pesar de la sensación de banalidad y futilidad de mi trabajo estoy ganando dinero por hacer algo que debe hacerse por lo que mi vida adquiere un pequeño sentido… el problema es que cuando salgo del trabajo, la vida sigue ahí esperándome para volver a reírse de mí.

A veces cuando conduzco, me pregunto si vale la pena ser un Quijote entre tanto pícaro. A veces me lo pregunto también en el día a día."
10/01/2012 07:46 androgen Enlace permanente. Evolucionando No hay comentarios. Comentar.

CERRANDO CUENTAS

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Hace poco terminé una laaaaarga relación sentimental de más de 20 años con Cajastur…
Se formalizó un divorcio anunciado en una relación sin amor y llena de reproches en forma de comisiones trimestrales, en la cual había sido infiel ya desde hace tiempo y tras un breve coqueteo con otro banco le entregué mi corazón y mi cuenta vivienda, lo que convirtió mi historia con Cajastur en un lento declive hacia la separación.

O sea que ahora tengo mi dinero sólo en un banco, uno en el que al menos no pierdo dinero por tenerlo guardado ahí, que ya es lo mínimo que se puede pedir. El sistema bancario es una estafa legal bien montada para que el ahorrador quede agarrado por las pelotas, pero al menos en el que estoy ahora no aprietan tanto e incluso parece que no te agarran fuerte…

Supongo que terminaré en otra decepción, pero por ahora al menos no duele.


También recuperé el corazón que había dejado en depósito en el Banco N. O hablando en plata, tuve que dejar de amarla.

Son más de cinco años luchando y no basta el esfuerzo, no basta la ilusión, no basta esforzarse. Tras la enésima etapa de silencios, tras sufrir día a día por no saber de ella, por ver como mi lucha se estrellaba en un muro, un día me dije “basta”. Basta de sufrir por algo que no existe más que por mi parte. Basta de intentar conseguir que otra persona sienta lo que no siente. Basta de dar por supuestas cosas que no existen, basta de buscar dobles o triples sentidos a palabras, gestos, ausencias…

Basta de amar unilateralmente.

No digo que no la quiera, si que sigue siendo mi amiga, una persona con la que puedo hablar de cualquier cosa, una persona cuya opinión y vivencias me interesan, un par de ojos y oídos extras que llegan a sitios donde los míos no llegan, una mente que me ayuda a ver otros puntos de vista, un rostro y un cuerpo y un corazón que encienden mi deseo, una compañía bienvenida y agradecida, alguien con quien compartir las risas y las preocupaciones. Sigue siendo todo eso.

Lo que ya no es es la persona con la quiero pasar el resto de mi vida, tener hijos, compartir todos los segundos y envejecer. Algo muy gordo tiene que cambiar para que eso pudiera ser posible. Algo debería cambiar en su forma de ser o en la mía, porque tal como están las almas ahora mismo, no somos compatibles. Somos demasiado distintos en cosas fundamentales sobre entender las relaciones, la entrega, el compromiso y el riesgo de amar.


Haber decidido y vivir según esa decisión no me hace más feliz ni más infeliz. La vida es como es y sigue siendo, no soy mejor persona ni peor que antes. Hemos quedado ya varias veces desde que tomé esa decisión y se la comuniqué en una larga charla que se comió los 20 euros gratuitos que me quedaban de los que había ganado en una oferta de mi compañía de móvil pero que fue necesaria. Nos hemos visto si y seguimos hablando, riendo, pensando, preocupándonos… Podría decir que las cosas no han cambiado, sólo he cambiado yo en un detalle y el mundo no se ha sacudido. Esto no es una película, la vida no dura dos horas y los momentos no tienen banda sonora y primeros planos de rostros arrasados por la emoción para que sepas que lo trascendentales que son, puntos de giro fundamentales, fronteras del antes y el después. No hay antes y después en la vida, o hay tantos cada día que el concepto pierde sentido y trascendencia.

No hay fundido en negro y cartel de “fin”. Bueno si lo hay pero uno no llega a poder leer su cartel. Y sólo hay uno, el último y definitivo.

El resto de presuntos finales no son más que paradas para los anuncios, volvemos enseguida.
28/09/2011 08:47 androgen Enlace permanente. Evolucionando No hay comentarios. Comentar.

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EL VERANO QUE NO LO FUE

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“Tiempo de mierda” es el apelativo más cariñoso que se me ocurre para estos meses. Y eso por buscar algo suave que decir…

Tampoco es que “necesite” la playa como dicen algunos. Para mi el descanso es tener descanso, no tener que organizar expedición, maletas y transporte para ir a un sitio superpoblado, lleno de molesta arena, monstruitos en proceso de crecimiento armando bulla, mujeres de 70 años en top less, olor a algas en proceso de secado y putrefacción y quemaduras solares…

Pero no es lo mismo levantarse y mirar por la ventana, ver el sol saliendo y dándole color a todo que ver el cielo permanentemente gris, la lluvia caer día si y día también. Lo ideal sería la alternancia, pero siempre lluvia y mal tiempo y lluvia terminan por carcomer la moral incluso de uno que no ha hecho de la playa y el moreno su religión ocasional.

Es curioso que este sea uno de los veranos que más tiempo libre he tenido, más ratos para mí, más oportunidades de haber explorado los exteriores, compartido las búsquedas, dialogado los descubrimientos… y sea uno de los tiempos en que más solo he estado.

Primero por el lío que nos siguen montando los dos zangolotinos del grupo de juego, que ciertamente debo reconocer que me animan poco a quedar con ellos.

Y luego porque como siempre la de siempre hace lo de siempre y no nos vemos casi siempre. Esto ya es tema repetidamente tratado y no incidiré más.

Es el verano en que por fin ha pasado lo que esperaba y me perdí yendo en coche por primera vez. Por tomar indicaciones a la ligera, vagancia de no preparar del todo bien la travesía, convertí un viaje de 15 minutos en una angustia de 40 hasta que reconocí el fracaso, cogí autovía de vuelta (qué fácil es volver al punto de inicio tras perderse en coche…) y me comí la comida fría en casa con amargura en la boca.

Al día siguiente, por pura cabezonería, por amor propio, por rabia, preparé mejor la cosa, cogí el coche y en 15 minutos llegué a donde tenía que llegar. Ya no servía de mucho, ya no se podía hacer lo que podía haber hecho el día anterior y no hubo sensación de realización, de orgullo por haber conseguido algo sólo por primera vez, sensación de avanzar. Pero al menos sentí que había hecho lo que debía aunque tarde y mal. Vamos, que me quedé tranquilo después de rabiar todo el día anterior, algo es algo.

Me había propuesto volver a retomar un cierto ritmo en dibujar, pero na, para variar no he sido constante. Lo que si he hecho algo más es escribir…pero como siempre desarrollando cosas que inician otros.

Me sentí bastante sólo estos meses. No por mi familia, eso es normal, mi madre todo el mes de julio en Santander, mis hermanos de vacaciones y no se pasaban por casa, el hermano compartepiso también se fue unos días a la antes mencionada localidad… durante una semana entera quedamos solos mi padre y yo. Lo cual fue mejor de lo que esperaba. Sólo es una persona más tratable a pesar de la sordera progresiva. Hubo menos discusiones, casi ningún roce, más tranquilidad, verdadera calma en una casa deliciosamente silenciosa. Ojalá fuera siempre el hombre así, pero no lo es, en cuanto volvió mi hermano ya cambió y cuando volvió mi madre recuperó su insoportabilidad anterior. Qué se le va a hacer… al menos hubo unos días buenos.

No, la soledad viene de dentro por lo que viene de fuera. Ya he aceptado que mis necesidades sociales, de cariño y sexuales son naturales, no hay nada de malo en ellas. Pero en cuanto en mi vida se incluye la necesidad de estar con otras personas para satisfacer algunas de estas necesidades naturales, los planes tienden a torcerse. Y al final mi sombra, el dorso de mi mano y la palma de mi mano, respectivamente, son las que intentan satisfacer esas necesidades y siempre se quedan cortas (no, no estoy intentando presumir de tamaño de nada, es sólo una expresión…)

Me tocaron el otro día 30 euros a gastar en un mes para el móvil y casi no los he usado, porque no tengo nada que contar a nadie y si tengo algo que contar no sé si la otra persona querrá escucharlo. Será que no, habida cuenta que tras unos días de quedar allá por julio, agosto es el mes del silencio, parece ser. Y siempre que intento iniciar el contacto es esfuerzo baldío, así ha sido durante 5 años, no ha pasado nada especial para cambiar la situación, así que no lo intento más.

Si nadie te ha enseñado nunca a escalar, las primeras paredes van a convertirse en zona de reunión de caídas. El problema viene cuando las caídas nunca terminan de enseñar a subir. Hay gente con capacidad para aprender y gente que necesita instructor y gente que no aprenderá nunca por mucho que los mejores le ayuden.

Tal vez hubiera sido mejor que alguien me hubiera enseñado o ayudado a ser persona antes que a ser estudiante. No termino de creer eso del Juan Palomo para la vida mundana, estará muy bien para las islas, siempre fijas en un sitio, pero cuando eres agua corriente, vas a rozar piedras, acoger sapos, en ti se van a posar libélulas y las sombras de la gente que pasea por las orillas te harán preguntarte como será eso de salir del lecho del río.

Nadie está solo, pero eso no quiere decir que no pueda ser solitario. En mi ciudad viven casi 100.000 personas y no es ni de las 100.000 ciudades más grandes del mundo. Yo soy sólo uno de esos 100.000 con sus 100.000 problemas.
Pero yo soy yo. Mi problema es EL problema. Porque tampoco me dejan (o se cómo) acercarme a los demás para que sus problemas sean también míos.

Y así ando, paseándome por tumblr y soñando con pieles que no son mías. Y sintiendo mi piel fría por dentro del frío de este verano que no lo fue. Hoy hace sol, a ver si calienta un poco por dentro y por fuera.

It's wonderfull to fall

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Normalmente hubiera dicho que “otro día”. Los miércoles es el día en que más esfuerzo meto en el gimnasio y eso me deja con las defensas mentales y físicas bajas, pero no quería estropear la cosa antes de empezar, así que acepto el desplazamiento, el callejeo por una ciudad que me es bastante desconocida y el riesgo siempre presente de varapalo emocional que conlleva quedar con ella. Voy mucho antes al gimnasio y llevo muda para cambiarme allí mismo e ir directamente a la estación de autobuses para que luego no se me haga las mil y media para volver, que al día siguiente trabajo.

La primera canción que oigo cuando el autobús sale de la estación me canta que “tu amor, por sí solo, no es suficiente”. Como no es al amor a lo que voy tampoco me lo tomo como ninguna profecía. La otra canción que se me queda de la docena que me da tiempo a oír en el viaje es la que yo llamo “la canción del hermano perdido”. Eso me preocupa un poco más, pero bueno, las canciones son sólo canciones, ¿no? Al fin y al cabo seguro que escuché alguna más halagüeña durante el trayecto, pero como tiendo a fijarme más en lo malo que en lo bueno…

Al principio todo bien. No me cuesta tanto como esperaba encontrar el camino y el saludo es realmente como si todo fuera “decíamos ayer”. Sigo sin acostumbrarme mucho al requisito previo que hace de “tomar lo humos”, pero bueno, es lo que hay y empieza la sesión de lectura en la bodega.

Y las divergencias se disparan. Tal vez el cambio no es de ella. Tal vez no está más desatada que antaño, más brillante, caracoleando mucho más, más críptica, un poco incomprensible… Tal vez soy yo el que en este más de año y medio ha cambiado y estoy más cerrado, más mundano, más gris, más anclado en puerto. El caso es que me cuesta entrar en materia, las cartas van surgiendo y no me dicen mucho, me pierdo en sus significados y en sus lecturas de filósofas y sus interpretaciones de rectángulos coloreados.

Menciono que me siento como el hermano pequeño que protesta porque el mayor sabe más que él. A eso sigue una amable sugerencia de dejar de valorar la relación como hermanos espirituales o místicos y es la primera patada que siento en el estómago metafórico. Aunque es cierto y justo. Tiendo en mis relaciones de todo nivel a valorar las cosas desde mi punto de vista y anhelos, unilateralmente, a establecer etiquetas que no se corresponden con el flujo bidireccional de vivencias y sólo mirarme el espejo pelusillero del ombligo. Así que aunque no me guste, he de aceptar que mi impresión era la equivocada y la amistad no necesita de elevaciones y lazos retorcidos para ser plena.

Pero la segunda patada me produce un poco de bilis y ya no paso a valorar en el momento si es veraz o justa o realista. Pues si, es probable que N. esté hasta los ovarios de mí a veces. Sé de ocasiones en las que hice daño y me arrepiento de las mismas, aunque el arrepentimiento a posteriori nunca sea mercromina ni preventivo. Tal vez debí de mencionar que cierto, debo hacérselo difícil a N. a veces, pero ella también me lo hace a mí y ambos al otro y a los de más allá. Vamos, como cualquier relación interpersonal en la vida. No sé porque siempre que estoy yo metido en una parezco la persona más obtusa del mundo y mis actos más despreciables, absurdos y por razones equivocadas que los de cualquier otro en mi parecida situación o nivel mental y emocional. Llevan toda la vida aplicándome el estímulo negativo y crítico y empiezo a pensar que no es el único incentivo que necesito. Ya está bien de tantos “no es para tí”. Ya se que hay muchos que no encuentran su “para sí” y yo igual soy uno de ellos. Pero lo que siento es real. Y querer insistirme en que no lo es, que está condenado al fracaso, que debo romperlo en vez de superarlo, en un momento en que no rige mi vida y está integrado suavemente sin producir aristas, es innecesario, redundante y sobra.

En un momento dado que ella no está el hombre de la bodega tiene una discusión con un parroquiano, una tirantez que parece venir de retazos del pasado enraizados poco a poco hasta el presente explosivo (que no de explosión, sino de explotar y decir finalmente lo no dicho) y me siento enturbiado aunque la cosa no me vaya. Tal vez por el ritual creado para la lectura por ella que me hace sentir examinador de detalles y como si todo tuviera un significado especial y relevante.

Una vez leí que las cartas del tarot pueden significar distinto para una persona que para otra en el mismo momento de echarlas. El texto sugería que la única lectura verdadera que puede hacerse era la que uno se echaba a sí mismo, la que le hacía reflexionar, explorar su propio interior. Me pareció un poco exagerado, ya que precisamente a veces el hecho objetivo de leer las cartas a alguien que no sabe como hacerlo puede aportar un componente de sinceridad y nuevos puntos de vista necesarios para resolver las dudas del solicitante.
Pero el caso es que aquel día la Lectora de la Luna (ya que como me dijo a veces es M. a veces C. nunca Dragón, hermana no… la situación parecía pedir un nuevo modo de nombrarla y ese fue el término que me surgió, por una de las cartas de las que se apropió y por lo que estaba haciendo en ese momento) estaba creando su ritual, encomendando a su intuición y sensaciones los significados y relaciones entre las cartas, guiándose por la estética para condimentar la lectura. El resultado era curioso, divertido a ratos y aparentemente muy caótico. Empezando por las cartas representativas, que en vez de surgir ya estaban preestablecidas para ella, otorgándome la sota de oros (el descubrimiento del tesoro oculto en el interior, la carta del joven que emprende nuevos caminos, la carta de los estudiantes) y para ella misma el arcano 13, el Arcano sin nombre de los antiguos tarots que no quería atraer la mala suerte, cuando eran simples cartas de juego y no de adivinación, cuando eran regalos hechos a mano para bodas de poderosas familias y no quedaría muy diplomático atraer la mala suerte mentando al fin de las cosas, Lamorte, la Muerte, el esqueleto del fin natural de las cosas. No es la única carta que se adjudica y cuando surgen retira para su siniestra personal el Sol, la Luna (que es la primera que surge del mazo y se queda) y las Estrellas. ¿Se queda también con el Diablo? No lo recuerdo, algo pasa con esa carta, yo quería colocarla y no recuerdo si le dio la vuelta boca abajo o la apartó o algo así… No había orden, al menos para mí, aunque el caos no es malo, es creador, el Orden puro no innova, siempre va a lo mismo, mientras que el Caos surge, experimenta, evoluciona, a veces se marchita implotando sobre sí mismo, a veces florece más de lo imaginado.
Pero ese día no estoy yo caótico y me quedo confuso con muchas de las interpretaciones y recovecos que ella hace aflorar. Recuerdo al Emperador en el nordeste pisando el vientre de la Emperatriz en el sudoeste inclinado. Recuerdo al Ermitaño en el sur, el Carro al norte. Tal vez la Templanza al este, tal vez el Loco al noroeste, esas dos cartas las tengo brumosas. En la cruz personal de cuatro cartas que me pide que extraiga para complementar la sota de oros, el Ahorcado al norte se alza sobre el Juicio o el Mundo al sur, no recuerdo. En el este la Fuerza bate a la Torre en el oeste intentando alcanzar el tablero principal, y aquí está la raíz del asunto, la carta más cercana a la cruz personal, la carta del sudeste, es los Enamorados. Y una carta se cuela fuera de los lugares establecidos, ella sola en todo el tablero en un lugar que parece fuera de lugar, el Mago está entre la carta central de la Sota de Oros y los Enamorados. La Lectora de la Luna lo interpreta como bueno, me habla de que las cartas deben mirarse según el tarot de Marsella aunque no sea el que estemos usando en ese momento. Y el chirrido se establece en mi subconsciente y me hace descolocarme, hay algo mal, algo no encaja. En ese momento es cuando hago el comentario de que soy la roca de Sísifo y un día ella se cansará de bajar a buscarme, comentario nacido de esta inquietud que me llena de repente. De hecho la conversación final de la lectura, el breve paseo posterior y la despedida, estoy como un poco ausente, preocupado.

Y se produce el segundo chirrido. Al irme me pide que siga las flechas que surgirán al caminar. Intento hacerlo y el resultado es que me pierdo. Llego a un parque que no es el parque que busco, más pequeño, descolocado. Dos amables señoras me orientan hacia la ría y retomo el sendero, esta vez sin seguir flechas y llego a la estación un minuto tarde para ver partir el autobús, con lo que tengo que esperar al siguiente mientras la extraña sensación se va asentando en la boca de mi estómago. Y curiosamente en Oviedo, de vuelta a casa, todos los semáforos que encuentro están en verde, invitándome a pasar. Me siento en mi lugar.

Es un par de días después cuando leo algo que me sorprende. En el tarot Marsella el Mago no es tal Mago. Es un Bateleur. También llamado Mountebank en las versiones francesas, la traducción aproximada del término sería “vendedor de humo”. Eran personas que “montaban su mesa” (“montambanco” es el término original italiano) y en ella vendían pociones, amuletos y supuestas “curas milagrosas” a la gente en los campos y ciudades. A la mente acude fácilmente la imagen de los vendedores de “aceite de serpiente” que recorrían el Lejano Oeste en los western para explicar el término.
En los inicios de los naipes del tarot, esta carta representaba al alquimista que en verdad no lo era, al charlatán, al atrapacrédulos. Era la segunda carta con menos valor del juego, sólo ligeramente superior al Loco. Cuando en el siglo XVIII el tarot empezó a ser usado como medio de adivinación, fue cuando la carta se transformó en un Mago real, en la representación de la persona que comprende, que entiende el universo y sus flujos, que puede acceder a las fuerzas ocultas.
Pero no es eso lo que me inquietaba aquel día en aquella ciudad, porque durante la lectura no sabía aún ese origen de la carta. Lo que me perturba, es que me acordaba que en el Tarot Marsella, el aún Mago todavía no Bateleur está dando la espalda a la parte izquierda y mira por encima de su hombro como con sorna. Y la imagen de la Sota de Oros en el centro, el Mago a su derecha y los Enamorados a la derecha del todo, se me hace como la imagen de un hombre que impide que la Sota llegue a los Enamorados, un obstáculo para alcanzar el amor.

Por eso días más tarde le dije a la Lectora cuando llamó que quería alejarme de la magia, renunciar a su poder.

Y se despidió en 3 segundos, tal vez para siempre. Y la echaré de menos.

Pero hice lo que sentía. Le había dicho que quería poder decir las cosas tal como estaban en mí, sin tener que temer que mi interlocutor se enfadara. Así lo hice, el final fue malo, pero fui sincero.

Nunca he llegado a hacer el viaje de Promethea (obra de Alan Moore) por el camino de los sefirot. Nunca he llegado a integrar filosofía y mística en mis procesos, coqueteé con ellos, tal vez empecé a rascar la superficie, algunas cosas las entendía, otras creía entenderlas. La magia me sorprendía, asustaba, divertía, inquietaba, fascinaba. Pero nunca fui mago. Como nunca seré muchas otras cosas, dibujante por ejemplo, o escritor. Pero estas dos cosas si quiero intentar serlas. Y amante también, aunque no lo sea.

Le conté cuando quedamos que pensaba que empezaba a ser feliz. Con la realidad, con la gente que me rodea y quiero, capeando los combates cotidianos y los miedos diarios nacidos del paso del tiempo. Con mi simple y banal trabajo. Durante años busqué la magia y había momentos buenos y momentos malos. Pero no encontré las puertas para abrir que me condujeran a lo mejor. ¿Tal vez lo dejé demasiado pronto y el camino era más largo para llegar a buen puerto? ¿Tal vez lo retomaré un día y habré perdido a la mejor guía que podría desearse? Tal vez. Pero ahora es correcto en mi interior.

También fue días después cuando me dí cuenta que no pude o supe hablarle de las nuevas músicas del Salón, de los nuevos escritos, dibujos, anécdotas… En vez de eso le hablé de más de algo sobre alguien que no tenía derecho a contar por no ser mi vivencia sino la de esa otra persona, con la cual ya me he disculpado. Qué poco revelé sobre mí aquel día… Que no es todo lo que soy lo que está en las letras de este lugar, sólo parte. Que había cosas que explicar tal vez.

Pero sea. La vida no admite segundas tomas. Esta toma es buena, aunque no sea la mejor. Y mi camino va por otros senderos.

Y como otra canción escuchada cuando volvía a casa aquel día en el autobús, a veces “es maravilloso caer”.

...Y ACERTARAS

20110613113728-enso.jpgAunque suene brusco decirlo así, creo que es la manera adecuada para representar como me siento: me JODE tener razón cuando pienso mal.

Por partes:

Pasamos en mi casa el fin de semana preocupados por mi madre. Se queja de un dolor intenso y punzante en el costado izquierdo que no la deja dormir. Cuando va al médico el sábado parece que no tiene nada grave, le dan unos calmantes suponiendo que lo más probable es un dolor muscular y si se sigue encontrando mal el lunes que vaya a hacer una ecografía, pero con las pastillas mejora mucho, duerme bien y ya casi no le duele. Yo le insisto que se haga la eco igual, no sea que cuando quite las pastillas el dolor siga ahí igual de intenso, pero sé que tendré que lucharlo con ella y su fobia a los médicos. Lo que nos dice es que estamos mal acostumbrados, porque dolores y molestias y cosas las ha tenido toda la vida pero no decía nada para no preocupar y esperando que pasaran solos, yendo al médico sólo en casos extremos. Pero es cierto que estamos mal acostumbrados, hace un año ya de lo de ingresarla por el trombo y desde entonces estamos a la que salta con mis padres. Mi padre sigue sin oír bien pero no quiere ir al médico. Hace unas semanas estuvo mal, con dolores y malestar físico pero tampoco quiso ir al médico hasta que la cosa se pasó sola a las dos semanas, suponemos que tenía algo de eso porque no nos decía nada, sólo andaba con cara y actitud de pitbull por la casa sin salir siquiera a la calle. Ahora sigue sin salir mucho, cada vez está más en casa, tumbado o sentado casi siempre viendo la tele.
Es curioso, mientras mi padre se deja a si mismo hacerse más viejo de lo que es, mi madre sigue pensando que es como hace 15 años y que puede hacer lo mismo físicamente…
Y les sigo viendo marchitarse lentamente día tras día.

Mi hermana nos “honra” con otra de sus cada vez más largas visitas que va a coincidir con los 5 días que me he cogido de vacaciones a partir del miércoles. Los cojo no porque esté demasiado cansado, los cojo precisamente para no llegar a ese punto de ruptura, desde enero he estado trabajando todos los días, me he cogido el periodo largo seguido de vacaciones a finales de julio principios de agosto y aguantar sin parar hasta ese tiempo creo que podría con mi resistencia. Así que me cojo ahora una semana para no madrugar, despreocuparme y limpiar el aura y luego seguir, estoy bien en el trabajo, no me importa ya la rutina, estoy a gusto. Hoy ha vuelto a trabajar mi compañera, la que tuvo y superó el cáncer, así que todo vuelve a estar en su sitio. Lo siento por el chico que vino, que aunque no me cayera muy para allá, no era mala persona, sólo un poco pesado y romperse la pierna como se la rompió es duro y más duro saber a mitad de tu baja que te quedas sin trabajo porque vuelve la persona a la que sustituías.
Lo que me hace recordar que yo también estoy de prestado, que la mierda política puede poner en marcha el proceso de mi marcha de donde estoy. Siempre precario… Lo único bueno que el proceso dura un tiempo y si tengo que irme podré irme haciendo a la idea poco a poco.


Y llegamos a la parte del asunto aludida al principio… Finalmente se llegó al punto de ruptura entre las dos personas del grupo que habían tenido sus más y sus menos hace unos meses y se desencadenó una crisis. Traducido, él dice que no quiere estar en la misma habitación que ella. Lo equipara a lo que me pasa a mí con el tipo con el que tuve problemas hace años. No sé que decir, igual si, pero yo creo que no es lo mismo. Empezando por el hecho de que aunque pensé en hacerlo, terminé por no hacer elegir al resto de la gente “o él o yo”. Igual fue una actuación cobarde por mi parte, o sabía que iba a ser el lado perdedor si planteaba esa disputa. Pero seguí aguantando la situación casi dos años hasta que explotó por otro lado. Y yo puedo estar en la misma habitación que él. Frío, no lo niego. Educado pero distante, si. Pero puedo estar. Él dice que no. Ignoro si es una cuestión sentimental, de inmadurez, una discusión más profunda o un choque de opiniones. Pero cuando fuimos al funeral de la abuela de unos compañeros hace dos semanas si podían estar en la misma habitación. En fin, da igual por qué sea, tengo pocas ganas de ser cotilla, con lo cual tampoco puedo suponer de quien es la culpa. Lo importante es la consecuencia. La consecuencia es que como ambos querían quedar con el grupo este fin de semana, hubo que decírselo a ella que no sabía (o si sabía no quería enterarse de hasta donde había llegado la cosa) de como estaba la situación y no ha sido algo agradable. Como les dije a ambos, cuando la cosa explotó con el otro chico, yo no le eché de menos, no me importó que se marchará, no sentí que me perdiera nada y buenas tardes, gusto en conocerle adiós y cuídese. Pero estas dos personas no me caen mal, no me desagradan, no he chocado con ellos. Y sé quien va a salir perdiendo de este “unas veces con uno y otras con la otra”. Pierde ella, porque vive en Gijón, no tiene coche, es más difícil para ella desplazarse, de hecho la solía llevar y traer él. Él vive a 5 minutos en coche de Oviedo, tiene coche. También estaba antes y es amigo desde el instituto de otro de los del grupo. A ella la metió en el círculo uno de los que ahora está en Madrid así que no puede apoyarse en nadie. A mí en concreto no me cae mal, pero tampoco quiero ser su amigo del alma. Ni de ella ni de los demás del grupo, para que negarlo. Cada vez me siento un poco más desapegado de ellos, lo que puede ser bueno para mantener las cosas en su justo lugar o malo porque puede que me esté desensibilizando en demasía. Pero si no quedamos no quedamos y no me preocupa mucho a menos que la cosa dure meses, que de vez en cuando quedar, jugar, echar unas risas está bien. Así que no me voy a mojar por ninguno de los dos. La situación no me gusta, me incomoda, me molesta, pero no voy a volcarme por ninguno de los dos. Ella me da pena porque no lo ha pasado bien últimamente, la situación me recuerda a mí hace unos años, con las depresiones, los abandonos, el sentir que nunca remontas. Pero yo no soy mi hermana dragón María. Yo no tengo esa capacidad de hacer por ella lo que María hizo por mí, el impulso, el estímulo. No tengo tampoco el lazo adecuado para ser quien la ayude. Sólo puedo dar consejos que me temo que son más fáciles de decir que de hacer.
Y tampoco quiero ir más allá.

No me gustan las actitudes de la gente, las que he visto estos días. La mía es a la vez criticable por lo pasota y encomiable por no implicarme en algo que no siento. Así que supongo que también diré que no me gusta mi actitud, por mi tendencia a que lo peor siempre es mayor. Pienso ahora si será momento de alejarme, tal vez para volver en un futuro, tal vez para no volver nunca. No creo que lo que hacemos, lo que me une a ellos, valga este malestar y pasar por estos tragos.
Hipocresía por mi parte porque paso tragos mucho mayores cada mes por alguien que no siente lo que yo por ella…

Pero prefiero no mezclar temas. Ahora tenemos un par de semanas en las que puedo escabullirme ya que uno de ellos va a estar trabajando los sábados, así que esperaré a ver como va la cosa, si es irrecuperable el comportamiento civilizado o si definitivamente la cosa se ha quebrado. Y entonces decidiré y actuaré en consecuencia con como me encuentre y lo que haya reflexionado.

Es curioso esto de ver el culebrón desde fuera, no ser la parte discordante por una vez. No me produce satisfacción. Preferiría que estas cosas no pasaran, creadas por mí o no.




El Salón de las Músicas Perdidas

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