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El Salón de las Músicas Perdidas

VIDA Y TELECOMEDIAS

VIDA Y TELECOMEDIAS
Tengo una buena vida. Eso es lo que podría decir si dejara de lado las emociones, las esperanzas, las ilusiones… Objetivamente tengo todos los números para no quejarme demasiado. Mi trabajo es predecible (salvo escasas excepciones), sencillo y tampoco es tal el volumen que me absorba durante todo el tiempo y no me deje algún rato para pensar en las musarañas (salvo alguna semana que otra). Tenemos a alguien sustituyendo temporalmente a la compañera ex-enferma (porque me alivia poder decir que el tratamiento fue bien y todos parece correcto con lo cual su proceso de recuperación va muy bien, el otro día quedamos con ella en el descanso y la vimos muy bien) que nos está causando algún problema porque el paisano no tiene mucha iniciativa, no apunta las cosas con lo cual cuando se acuerda de lo que tiene que hacer hay que explicarle otra vez como hacerlo y sobre todo lo que más me fastidia es que es muy muy muy muy pesado. Más que yo. No calla para nada. Y encima vive cerca mío con lo cual tengo que ponerme a esquivarle intentando irme unos minutos antes que él o dejando pasar unos minutas tras irse para evitar que me de la lata todo el camino. No, no me cae muy bien, me temo que gran parte del asunto es que hecho de menos a mi compañera de trabajo y no tengo ganas de tomar demasiado contacto con alquien que no va a estar mucho (en julio tiene la chica la revisión médica que dirá si está preparada para volver al trabajo o tendrá que estar un tiempo más de recuperación) y además no me está aliviando nada de la carga de trabajo.
Con el resto de gente del trabajo bien, ya es bastante tiempo y encajamos, ninguna queja.

En casa las cosas tranquilas, salvo alguna erupción ocasional, como el fin de semana pasado cuando vino mi hermana otra vez y yo no tenía el cuerpo ni la mente en su sitio correcto y tuve bastante tensión con ella, a veces provocando, a veces provocado, pero siempre por cosas que no eran vitales. Tampoco de dejar pasar para que se acumulen, pero reconozco que no fui precisamente el chico más majo del lugar con ella y no me sentí bien por comportarme así.

La salud normal. Duermo poco, debería dormir más, pero me cuesta dar por zanjado el día, siempre me queda una linea más por leer, un webcomic más por mirar, una fase más por jugar, una chorrada más por pensar… Lo bueno es que he recuperado la regularidad en el gimnasio, aunque eso conlleve algo malo, y es que estoy adelgazando demasiado…

A los colegas tampoco es que les vea mucho. Ultimamente ciertas circunstancias han hecho que cuando la gente ha quedado haya sido más para ayudar en mudanzas y montajes de muebles en la casa de la nueva integrante del aquelarre que para relajarnos y divertirnos. Pero bueno, a veces las cosas son así, no todo es ocio y juegos en la vida y si alguien necesita algo de ayuda pues si se puede se le da. El problema es que es en Gijón, lo que conlleva desplazamientos de media hora ida, media hora vuelta, cansancio, desgana… Por lo menos para mí. No quiero que la cosa se convierta en una costumbre y además… no quiero implicarme. Se me están haciendo confidencias y apoyándose en mí y estoy respondiendo por educación, no por verdadero deseo de ser sostén de nadie o por interés en cambiar la vida de los demás. Me he vuelto un poco más frío y menos dispuesto a dejar entrar a gente en mi muralla. Además no me considero precisamente muy fiable para ser el cimiento de ninguna torre tambaleante.

No implicarme parece ser mi nuevo mantra últimamente. No implicarme con los colegas. No implicarme en los problemas de mis hermanos. No implicarme en la crianza de mi sobrina. Intentar no implicarme en el trabajo, que las cosas que leo no me afecten.

No implicarme con N. Aunque eso termina siendo imposible, aunque lo que si parece posible y de hecho está sucediendo en el cierre de la presa emocional y sentimental. Cada vez parece más claro que llegará un día en que simplemente dejaré de intentarlo y de sentir un poquito, que ahí estaremos contándonos cosas, riéndonos, llorándonos pero no como pareja, ni siquiera como esperanza de pareja.

Esto se termina, se muere de inanición y de hastío por la lucha imposible. Y me siento un poco vacío. Lo que hace que esté volviendo a cometer una tontería saltándome también la norma de “no implicarme” con una persona lejana por internet, otra vez, una vez más, fruto de la sensación de soledad y desesperación por sentir cariño. Como cuando era joven e idiota. Ahora sólo cambia que no soy joven. Y eso hace que sea un poco menos idiota, no me estoy volcando esta vez, no estoy construyendo castillos en el aire. Soy consciente de que es un juego, una diversión, un entretenimiento y que durará hasta donde dure. Pero así empecé también las otras veces y finalmente no pude contenerme, para variar. A ver si es verdad que esta vez han pasado años y aprendido cosas y no dejo que la cosa se desmadre. Y mientras tanto disfrutar y hacer disfrutar.


Hoy me ha dado por pensar que mi vida empieza a parecer una de esas telecomedias americanas, donde la norma es “que al final todo sea como al principio”, que no haya grandes cambios, que los personajes siempre sean como son, las mismas reacciones, que al final de capítulo si son solteros sigan solteros, si tiene pareja y han discutido se reconcilien, si peligra su trabajo todo se resuelva. Que las tensiones sexuales entre personajes siempre sean tensiones no resueltas, no vivencias realizadas para bien o para mal. Nada cambia para no cambiar la premisa de que los espectadores conocen a los personajes, saben de sus reacciones, si les gustó la cosa al principio, así debe quedar, porque cualquier cambio importante puede hacer perder audiencia. Y si, de vez en cuando vamos a meter una tragedia personal, un cambio de empleo, una relación nueva entre los protagonistas. Los cambios importantes poco a poco y siempre pensando que podemos borrarlos y que todo vuelva a ser como antes si no nos gusta el resultado.

Predecibilidad, esa era la clave de esas series.

Así me siento últimamente, predecible, previsible y siguiendo un guion no escrito que no depara ninguna sorpresa en su resolución.

Y ahora entran las risas enlatadas…

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