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El Salón de las Músicas Perdidas

Quemando puentes, naves y sms

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Se cuenta de tres situaciones en las que se creó el término "quemar las naves".

La primera cuando Alejandro Magno desembarcó con su ejército en Asia y tuvo que enfrentar a un ejército persa varias veces superior en número.

La segunda cuando Julio César invadió Britania.

La tercera cuando Hernan Cortés desembarcó con su pequeño ejército en Veracruz, al iniciar la conquista de Méjico.

En los tres casos el mensaje era claro: Sé que dudais. Sé que quereis volver a casa porque esto os parece una locura. Pues no hay retirada posible ya. No hay forma de volver si no es habiendo vencido antes. Vencer o morir, sólo podemos ir hacia adelante. Así que esforzaos al máximo.

 

En inglés la expresión es "burning bridges", "quemar los puentes", ya no hay marcha atrás, sólo puedo ir hacia adelante. El río es impasable y he destruido el único modod de cruzarlos para volver. Y lo he hecho voluntariamente... o impulsivamente, pero lo hice yo.

 

¿A qué vienen estas explicaciones?

 

Cambio de móvil hoy. El anterior ha llegado al final de su vida útil. No por lo de la batería, porque necesite ahora recargarlo cada día porque si tengo un rato de charla se me agota entera. No, con eso puedo vivir. Total el móvil sólo lo quiero para llamadas y mensajes. Todo lo demás me es superfluo. Pero hace tiempo que tengo la pantalla estropeada. Se ven trozos en blanco, como si se hubiera fundido algo y quedara manchada la pantalla. Cuando hace un poco de sol o de luz fuerte me cuesta un mundo leer lo que pone la pantalla, quien llama o leer los sms.

Así que lo cambio hoy.

 

Y claro, tengo muchas cosas guardadas en el móvil. La agenda no hay problema, ya está pasada a la tarjeta y conservaré todos los números. Por si acaso los apuntaré en un papel antes de dar el móvil viejo (hay descuento por entregarlo para comprar el nuevo, así que tengo que desprenderme de él) y así me aseguraré aún más de conservarlos.

Pero luego están los sms. Tengo unos cuantos guardados, que mande o que me mandaron, como si quisiera aferrarme a tiempos pasados. Pero no sé cuántos cabrán en la tarjeta. Así que tengo que seleccionar. Y estoy borrando trozos de mi pasado. Algunos malos. Otros no tantos.

 

Pero aunque sea obligado por un factor externo y aparentemente anodino… es hora de quemar algunos puentes.

 

Los tres únicos mensajes que Roma me mandó en todo el tiempo que no estuvimos juntos… borrados.

El único mensaje que “Charlotte” me envió… borrado.

El mensaje que me contó la “muerte” de Charlotte… borrado.

El único sms que guardo de ese soplo moreno y tranquilo de aire fresco en mi vida que fue Coco… borrado.

Quedan unas pocas cosillas… el sms que me informaba de cuánto tiempo tardé en hacer la carrera esa e que quedé hecho polvo una semana pero gané una camiseta… y gané a mi hermano el deportista… ese se queda : )

El sms del Principado sobre lo de la subvención del ordenador que ahora se rumorea que no van a pagar… ese se queda.

Y ahora… los sms de N… Muchos van fuera pero hay algunos que aún me resisto… Mis dos ofertas apasionadas y sinceras de noches de sensualidad… se quedan. Sus respuestas no. Las felicitaciones de cumpleaños mutuas… se quedan. Y el día que no pudo ser en que transmitió unas ganas tremendas de estar conmigo… en lo que a mí me pareció en más de un sentido… se quedan…

 

Ahora a ver si caben estos doce sms en la tarjeta…

 

No. Borro muchos más. Borro todos los que mandé. Quedan dos para probar si puedo pasarlos, pero si es necesario los borraré, el de la carrera y el su petición sensual.

 

Esta tarde veré si puedo mantenerlos, sino… arderán también esos puentes.

 

Aunque he borrado tantos recuerdos del pasado… no me siento más limpio ni más libre. Ni peor ni mejor.

Tal vez no he quemado ningún puente...

 

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