Blogia

El Salón de las Músicas Perdidas

Riesgo de rotura

Riesgo de rotura

Leo el siguiente párrafo en un libro:

"Una aportación funfamental para comprender la lógica del deseo es la idea de Lacan de separar la necesidad , que va dirigida a los objetos, de la demana, dirigida al otro, que en el fondo, es siempre una demanda de amor. La necesidad nunca puede ser saciada con ningún objeto real. La demanda no puede ser saciada con ningún amor real. Ese desgarro, esa fractura imposible de soldar, explica la acción de desear, su fuerza y su cualidad de eternamente insatisfecha. Además, el deseo contiene otra curiosa contradicción. Se quiere el objeto amoroso deseado para uno solo, pero al mismo tiempo, se quiere que los demás deseen ese objeto. Si queremos a alguien a quien los demás no quieren, entra inevitablemente la duda: ¿merece la pena? ¿estaré equivocándome? Por eso, los amantes empujan al otro a ser desado, a ser atractivo, gozan observando el deseo de los otros hacia el propio cónyuge, y al mismo tiempo lo impiden. Gozan y sufren con esa situación hasta extremos, a veces, notables. Celos e inseguridad serán un producto de esta tensión."

Y se me ocurren varias cosas.
¿El deseo es temporal? No pensamos que pueda pasar, cuando sentimos pensamos que es eterno. E incluso cuando se sacia puede existir la necesidad de saciarlo una y otra vez. ¿Podemos hablar de forma tan genérica para decir que todo deseo pasará y será trasladado a otra persona? ¿Que se desee a varias personas desvirtúa o empobrece el deseo?
El texto habla de insatisfacción eterna, de búsqueda eterna de saciarnos, aunque toda vez que pensemos que nos saciamos será sólo temporal y jamás estaremos completos.
No sé si será idealismo o no, pero no puedo aceptar plenamente esa idea. Acepto que existe el riesgo de jamás alcanzar el todo, pero no que sea imposible. Debo creer en esto porque sino todo camino que emprenda estará teñido desde su inicio de fatalismo y esa no es la mejor manera de vivir las cosas.

Y el otro pensamiento que me suscita el texto es este: ¿Realmente necesitamos tanto que otros nos envidien, completarnos a costa de lo que piensen otros como para querer que todos deseen a quien amamos? Yo creo más bien que al amar nos volvemos más posesivos, e incluso perdemos un poco de contacto con el mundo, porque estamos inmersos en nuestro universo privado en el que todo pensamiento, palabra, obra u omisión se reza en función del ser amado. En el momento en que necesitas mirar a otros para recordar en su deseo o anhelo lo que sientes por otra persona, no estas amando. El amor se siente dentro, aunque estes sólo o enmedio de una multitud. No puedes esperar que los demás te enseñen a amar y a sentir. Como viva cada uno su relación es algo en lo que no puede plegarse a las opiniones de los demás, porque toda alma es distinta y siente distinto aunque pueda sentir parecido.
Los celos no pienso que surjan de que deseemos que otros deseen y se cumpla nuestra petición, sino del miedo. Miedo a perder lo que sentimos y vivimos con otra persona. Miedo que esa otra persona no sienta lo mismo con la misma fuerza y sea otro ajeno el que despierte eso en su corazón.

Pero forzando así las cosas corremos el grave riesgo de romper la cuerda, y lo peor de todo es que no será por las circunstancias, los demás o por el tiempo que haya matado, sino porque lo matamos nosotros mismos.

Descubrir la belleza escondida

Descubrir la belleza escondida

Nunca sabemos donde nos puede asaltar algo de tal belleza que se nos quede en el corazón. El chico de la película "American Beauty" hallaba maravillas en la vida que sentía que tenía que registrar para siempre en su cámara de video. Y decía
"A veces hay tanta belleza en el mundo que siento que no lo aguanto y que mi corazón se está derrumbando."

Los humanos nos movemos en un intento de equilibrio, temiendo ser demasiado optimistas y pensar que todo en la vida es bueno; o entre el oscuro pesimismo y ceder ante la presión del pensamiento de que todo es oscuro (y no una oscuridad bella, que las hay), que todo va a ir a peor y que el mundo es un valle de lágrimas. Nuestros propios estados de animo en el día (o incluso en el instante) nos empujan a inclinarnos en una direccion u otra. A veces a caer en ella para no volver a alzarnos.

Aun a riesgo de ser tachado de tibio, me gustaría encontrar un punto medio. Poder disfrutar de la belleza cuando se presenta sin drogarme con ella, poder capear la tristeza sin hundirme. La evolución sigue y por supuesto aún no lo he conseguido, me queda mucho por vivir para llegar al buen camino que crearé para saltarme la encrucijada.

Y mientras busco belleza en las cosas, para compensar la fealdad que a veces encuentro en mí o a veces me olbigo a pintarme dentro. La belleza es subjetiva y cada persona la encuentra en lugares distintos, aunque siendo tantos en el mundo y con tantas maneras de pensar, algunas veces alguien coincide con nosotros.

Yo encuentro belleza en lugares extraños que a muchos les parecerán ridículos. Por ejemplo tengo grabado en mi ordenador este fragmento de audio de un videojuego. Una voz femenina suave y tranquila recita estas palabras:

"Me siento en mi cubículo, aquí, en el mundo material.
Cuando muera, pondrán mi cuerpo en una caja y dispondrán de él en el frío suelo.
Y en todo el millón de edades por venir, no volveré a respirar,
ni a reir, ni a estremecerme de nuevo.
Así que, ¿quieres venir y jugar conmigo entre la tímida masa de la humanidad?
El Universo nos ha concedido este momento."


Es como lo dice, es la suavidad de la voz, es lo que late en el fondo (somos perecederos, disfrutemos de lo que tenemos mientras lo tenemos y vivamos plenamente)...
Siempre que oigo esos segundos de audio me estremezco.

Espero algún día poder decir que cumplí con esas palabras.

(El cuadro es "La mujer de la mirada triste" de Lucía Romero. Aunque no lo parezca al principio, tiene todo que ver con este artículo, porque buscando una imagen para ilustrarlo, buscando algo bello para ornarlo, encontré este cuadro y me pareció tan hermosamente triste que pensé que era perfecto para ilustrar mi pequeño monólogo sobre la belleza.)

Mirando a través del objetivo

Mirando a través del objetivo

He visitado tus páginas, viejas y nuevas, vivas y ya talladas para no ser cambiadas.

Me gustan tus fotos. Me gusta esa manera en que no miras a la cámara pero se ven tus ojos, me gusta tu rostro y me gusta que sin posar sepas hacer que las fotos estén bien y sean naturales. Aplauso también a quien te hace las fotos, que se nota que sabe hacértelas. Me gusta que en tus fotos haya algo de tí, incluso en las casuales o inesperadas estás Tú (si, con mayusculas, ya sabes que a veces me gusta ponerlas).

Me gustas en esas imágenes y me gustas cuando escribes, Guijarro.

Como contar lo que uno no conoce.

Como contar lo que uno no conoce.

Hoy había pocas cosas lo bastante formadas en mi interior como para escribir un artículo. Así que me fuí de visita, en parte para inspirarme, en parte como curiosidad.
Pasé a visitar blogs ajenos, no sólo el que acostumbro, sino los de quienes me han visitado. Considero que me he comportado descortesmente ni siquiera devolviendo visitas.

Error subsanado.

Me he fijado que en muchos de ellos se habla del sexo. Sexo directo, gráfico, íntimo y no tan íntimo. Relaciones carnales y/o personales examinadas como parte importante de la vida.

Y lo malo es que suscribo esa última parte. Y lo malo es que no puedo hablar de ello. ¿Como hablar del sexo siendo virgen? Lo que pueda decir me parece leves impresiones de la imaginación, que el sexo entre dos (o más) no uno sólo, eso no es sexo, eso es alivio momentaneo. Y me encantaría hablar de sexo por haberlo experimentado. Y me encantaría desarrollar esa parte de la vida sin la que creo que no se puede pasar, sexo apasionado y breve, sexo duradero e íntimo, sexo entre dos que se complementan y comparten, sexo por placer, sexo por necesidad, sexo, sexo sexo...
Y también me gustaría saber usar menos la conjunción "y".

De joven tenía ideas elevadas. Pensaba que la primera sería la definitiva, que me reservaría hasta la que sería mi otra mitad. Hasta sentía verguenza de la masturbación por mi educación jesuita, como algo sucio y pecaminoso. Eso no quiere decir que no pusiera en práctica el onanismo (aunque es un término erroneo, Onán lo que practicaba era la marcha atrás "derramando su simiento en la tierra") sólo que sentía remordimientos por ello.
Una vez dije a una amiga que en cuestiones de sexo he ido bajando el listón de mis expectativas. Más bien pienso ahora que he ido descubriendo lo que quería y siendo sincero conmigo mismo y mi forma de ver las cosas.
Primero me dejó de importar esperar al matrimonio. Luego acepté que el deseo podía surgir por alguien que no fuera un canon de belleza convencional. Luego que mi primera vez fuera con la mujer de mi vida, que podía ser alguien a quien amara pero quitando la certeza de que existen las eternidades. Luego acepté que el deseo puede estar relacionado con el amor o no, que puedes desear a quien quieres no sólo a quien amas. Ahí establecí mi diferencia entre amar y querer. Amar sublime y querer precioso. El amor de los cuentos, poemas y canciones. El querer de no forzarte a ir al extremo sino vivir lo que sientes. Quiero a mucha gente. He amado realmente a pocos en mi vida.
Y así he llegado hasta ahora. Mi primera vez quiero que sea con alguien a quien respete y desee. Ayer leí que muchas jovenes tienen su primera experiencia sexual con un amigo. Y aunque yo no sea chica eso es lo que deseo. Que esa primera vez al menos no me traiga recuerdos contradictorios, confusos, o arrepentimiento. Que no sea una experiencia horrenda, sé que puede no ser tan maravillosa como deseo, pero si preparas bien las bases de las cosas, luego hay mas probabilidades de que salgan parecidas a como esperabas al empezar a construir.
Deseo una amiga para mi primera vez. Amiga del alma o buena amiga. Ya tendré tiempo para experimentar con polvos rápidos de desconocidas, polvos planeados con ansias duraderas, polvos con sueños que se derrumbarán (o no). Tendré tiempo para experimentar los límites de mi deseo.

Pero siendo sincero, jodido lo llevo. Sé lo que veo en el espejo. Ahí no está Narciso, ni en que me considere una belleza ni en que lo esa. Ahí está mi inexperiencia, que mientras en los hombres parece ser algo fascinante iniciar a otro en el mundo del sexo, he notado que las mujeres que he conocido hasta ahora lo que quieren no es ser maestras de nadie, sino que las hagan vibrar, porque lo suyo han tenido ya y tienen el derecho a ser bien folladas. Ahí está el hecho de me suelen atraer mujeres mas experimentadas (en vida y en años) que yo, ante las cuales parezco un niño a pesar de que 27 años me pesen mucho.

Sí, casi fui follado una vez. Ambos virgenes y ambos algo bebidos de garrafón barato en la incomodidad del coche de ella. Y aunque me averguenze un poco el haber fallado prematuramente sin llegar siquiera a la penetración, sigo pensando que fue lo mejor, porque ella esperaba y tenía derecho a un sueño y yo sólo era un breve tiempo, era lo que sentía por mucho que hubiera querido hacerme amarla y era sincero con lo que sentía. No iba a engañarla aunque ella quisiera ser engañada en ese aspecto. Eso falló en mi relación con Begoña. No confié en que después de eso ella supiera lo que quería y sentía (que arrogante por mi parte pensar que sabía mejor que ella lo que sentía). Me puedo dar cuenta de haber fallado en eso, pero si fallé pienso que fue porque no estaba seguro. Y así sigo, puro, incólume y hasta las gónadas de serlo.

Sé que no es obsesión, ni ser un maniaco, un sátiro, un salido o un enfermo. El sexo está ahí en la vida, se disfruta, se hace (bien o mal) y es parte inherente del ser humano. Yo no quiero estar aparte porque si estoy seguro y bien reflexionado sobre lo que quiero, es tortura no poder llevarlo a cabo. Tortura y gilipollez.

Vampiros

Vampiros

Ya he comentado que me fascinan los vampiros. Terminé el libro que saqué ayer de la biblioteca, "Nosotros los vampiros" y me puse a pensar en por qué me fascinan.

Suma de cosas, como suele pasar. Pocas veces hay una sóla razón.

Me fascina la inmortalidad, cosa irónica teniendo en cuenta que la vida que he tenido no la considero una juerga ni creo que la haya aprovechado bien. Así que por qué desear una eternidad de soledad, sucesión de días (o noches en este caso) como ha sucedido hasta ahora donde muchas veces la única compañía es el lamento coral de mi mente. Pero también uno piensa que con el suficiente tiempo disponible las cosas cambian, que aprendes. Temo aprender demasiado tarde y que no me quede tiempo, por eso siempre me ha dado miedo la muerte. Aun no siento que haya vivido realmente, por eso tengo miedo de perder la oportunidad de conseguirlo.

En el libro trazan una curiosa frontera entre la noche y el día, como simbolismo de la vida mundana (el día, preocupados por encontrar trabajo, por rutinas que en el fondo nos aburren hasta el hastío, por banalidad, consumismo, miedo al que dirán) y la vida soñada por muchos (la libertad, la aceptación sin imposición, las ataduras de la vida parecen deshacerse de noche, donde lo único que importa es el momento, que el alba matará al volver a iluminar los reductos donde nos sentimos como somos y volver a mostrarnos a las lenguas viperinas y los ojos censuradores). De noche las presiones de la sociedad son menores, porque la sociedad muere de noche, confiando en que el sueño y el cansancio eviten la rebelión. Aunque muchas conspiraciones se fraguaron de noche, porque los ojos de los vigilantes son ojos humanos y no traladan las tinieblas. Triste muestra de esta libertad mal aprovechada son esos alevines jugando a ser tiburones, buscando olvidarse de institutos y padres en los destellos mareantes de luces, ondas de sonido demasiado potentes y risas tontas alimentadas por química en pastillas y química en alcohol barato. Eso no es lo que busco, sino la libertad de permanecer callado si lo deseo, de hablar si lo deseo, de poder observar sin ofender, de que mis fracasos no sean expuestos. La noche como liberación, no como desenfreno, porque el verdadero placer es el que se disfruta con corazón y mente. Por eso el vampiro es criatura de noche porque rompe con todo lo que la sociedad considera cerrado y bien atado.

Habla el ibro de vampiros físicos y vampiros psíquicos. El físico es el que chupa sangre, pero el psíquico es el que se alimenta de las mentes ajenas, de la presencia ajena, el que brilla cuando está acompañado, punto de magnetismo y atracción, centro de ansias y deseos. Ese vampiro toma sin matar, absorbe lo que las mentes ajenas ofrecen, te agota porque quieres darte a él, pero libremente. Ese es mi vampiro. Siempre he querido ser tomado en cuenta, ser escuchado, destacar pero no como líder, sino como amigo fiel y consejero juicioso. Que me desaran, que me apreciaran, que gustaran de mi compañía. Es decir, siempre he deseado eso que muchas veces dudo tener. Incluso ahora, cuando da la impresión de que tan pocas personas leen estas letras y cada artículo sin comentarios me causa el disgusto de pensar que estoy gritando los sonidos del silencio, que a nadie llegan las palabras. No hay nada peor que un monólogo que nació como intento de conversación.

Por eso me fascina el vampiro. Porque le hacen caso, porque tiene un potencial de vida impresionante (imagino la cantidad de libros que podría leer un ser inmortal, la cantidad de obras de arte que verá, la cantidad de personas que conocerá, de músicas en que se bañará...), porque toma las riendas de su vida y vive como desea (aunque tampoco quiero vivir a costa de los demás, succionando su vida y su sangre para vivir yo), porque es libre.

Y ayer no escribí nada al volver de ver a Covadonga, porque no surgió nada en mi interior que quisiera escribir. Tenía una amiga preocupada por lo que resultaron ser problemas en el trabajo e intenté ayudarla, con mi presencia y mis palabras. Punto. Nada que desarrollar, me pareció. Lamento haber prometido volver y no haberlo cumplido hasta ahora.

(la imagen es una ilustración de John Bolton, una de las personas que junto con Luis Royo, mujeres más impresionantes pinta)

Minutario (que es como un diario, pero de minutos, de instantes...)

Minutario (que es como un diario, pero de minutos, de instantes...)

El día amanecio con ruido y furia. Contrariamente a lo habitual hoy me desperté antes de lo deseado, antes del tiempo prescrito para subir a mi casa y ayudar a mi madre con la compra, como hago dos veces por semana.
No es bueno empezar el día descubriendo que al despertarse antes sucede lo mismo que al dormirse tarde: mi mente se dispara.
Y en este caso se disparó hacia el lado de la ira. No de la ira sorda, pero sí de la ira velada, de la que nace de posos de sucesos, situaciones y palabras que se interconectan extrañamente en los rojos caminos de la furia.
Porque empezé a pensar en Mi Estrella, y como sucede ultimamente, cuando eso no me conduce a la sensación de abandono, me conduce a la ira.
Pensé "mira, no tenía claro de qué hablar hoy en el blog, pero ya me ha surgido un tema."

Pero luego tuve que acudir a mi cita con la rutina, el centro comercial, las compras, las discuciones con mi madre sobre si gasta mucho o no, la discusión sobre la religión (aunque sé que ella no soporta que toque el tema con mis críticas, aún cree en la perfección de los dogmas, mientras yo pienso que no hay nada perfecto, inmutable o irrefutable) y también me da tiempo a pensar mientras saboreo la amargura de la ira. No puedo hablar aún de Mi Estrella, de su abandono y de esa ira, faltan datos. Faltan cosas por contar que serán contadas cuando surjan, no cuando las fuerze porque entonces no podrían ser claras.

Y a la vuelta me paso por la biblioteca. Me espera una sorpresa. Hay secciones sobre "Amor", "Sentimientos", sección psicología. Y es la primera vez que descubro que existe esta sección, aunque si pensara un poco ello me hubiera dado cuenta antes. Pero me sorprendo al ver los libros (son pocos, pero ahí están) tratando sobre el amor inteligente, la explicación de los sentimientos y las emociones. Hay gente que ha tratado de plasmar todo eso en libros... Y aunque piense que en estos temas no hay sentencias firmes y todo es variable, casuístico y personal, reconozco que admiro un poco a la gente que intenta dar respuesta a los que no lo tienen claro, a los que busca algo más.
Busco a Goleman y Nordwood, pero están "no disponibles". Dudo ante los libros y no me atrevo a coger otros, porque creo que podría ser influenciado en demasía y ya seguí los caminos de las opiniones de otros antes y no hallé respuestas a las preguntas que de verdad tenía. Así que antes me repaso el resto de la biblioteca y cojo "Nosotros los vampiros" (fascinación, fascinación) y la adaptación a comic de "El corazón de las tinieblas". Por unos momentos paseo por la sección de literatura inglesa (cita habitual) y encamino mis pasos a la sección de historia, pero me detengo. No, esta vez no quiero hundir mi pensamiento en la vida de otros como suelo hacer, no quiero tratar de desentrañar la VERDAD de entre los hechos pasados quitando la manipulación y la subjetividad de los estudiosos.
Hoy buscaba a Goleman y Nordwood porque quería respuesta a preguntas y tal vez preguntas para respuestas ya existentes. Así que vuelvo a la sección 159.942 y cojo uno de los títulos que había captado mi atención antes: "Sexo, Erotismo y Amor. Complejidad y libertad en la relación amorosa" de Rafael Manrique.
Estoy buscando en qué fallo.

De camino a la salida pienso fugazmente que ojalá tuviera una memoria bien estructurada para recordar lo que pienso y siento al ver de pasada algunos títulos leidos o no leidos, al menos recordarlo hasta que pudiera plasmarlo aquí. Pero sé que es misión imposible, se desvanecerán esos pensamientos fugaces, como de hecho ha sucedido. Y al pasar junto a los discos me descubro queriendo escuchar a Sabina. Lo que sea, sé que encontraré algo que me sirva para reflejarme en alguna de sus canciones del disco que sea.

Salgo de la biblioteca y ahora estoy esperando junto a la mercería donde trabaja Covadonga. La ira ha pasado y me siento mas bien confuso. Pero tengo claro que hoy necesito una sonrisa, esas que Covadonga ofrece libremente y de corazón. No me gusta entrar cuando tienen clientes, no me gusta molestar, así que espero cinco, diez, quince minutos en la puerta, porque hay una señora mayor que con la minuciosidad y la atención al detalle típicas de quien parece que tiene poco tiempo ya para vivir, está escogiendo una pieza de tela o de ornamento, no lo distingo desde fuera de la tienda. Son esas personas que creemos que nos hacen molestas las esperas con su tranquilidad y lentitud, cuando lo que hace molesta la espera somos nosotros mismos con la sensación de prisa y el odio a la inactividad que algunos poseemos. Pero puedo esperar, suelo tener que esperar cuando voy a ver a Covadonga y me he acostumbrado a apoyar la espalda en la pared y contemplar el trajín del Fontán. Hoy me fijo, más que en la gente que pasa, en la perrita de la quiosquera, tumbada en un cuadro de sol que se cuela entre las esquinas de los tejados. Se acerca a la llamada de una cliente habitual que viene con una niña de unos tres años y veo a la niña con evidentes ganas de tocar al animal pero no atreviéndose a hacerlo. Mientras los miro se empieza a perfilar este comentario en mi mente, aunque sé que aunque lo redactara entero en mi mente, surgirán nuevos pensamientos que me harán cambiarlo, y eso es bueno porque no quiero preescribir mi vida.
Finalmente la niña estira la mano y acaricia la cabeza de la perrita, con suavidad y cuidado como si temiera hacer daño al animal. Y pienso que así actuamos a veces, temiendo quebrar lo que tocamos, ya sea por el deseo de tocarlo o por desocnocimiento de como manejarlo. En los sentimientos también nos pasa.

Covadonga sale a enseñarle a una clienta una cosa del escaparate y me ve. Ahí está la sonrisa, pero de la charla que tenemos noto que está triste. Y aunque la he dicho que no podré pasarme hoy a las dos, cuando acabe su trabajo, para hablar, lo voy a hacer. Porque no soporto la tristeza en la gente que me ofrece sonrisas.

Estoy esperando la hora y mientras escribo he tardado el mismo tiempo en redactar que en buscar una imagen para mostrar el estado que reemplazó a la ira de la mañana: la confusión, porque no sé exactamente que siento ni como me siento. Y ahí está. Costó pero esta me ha gustado.

Luego volveré...

Herida

Herida

No es de la película de Irons y Binoche de lo que hablaré, sino de otras heridas.

Ayer me hice otro corte en los dedos. Ultimamente me pasa mucho, tengo las manos surcadas y no creo que esté teniendo menos cuidado que habitualmente. Azar o lo que sea, llevo unos días que se me pintan linea rojas de sangre a continuo. Aunque la de ayer fue menos leve que los demás arañazos. Enganché el anular izquierdo en el anillo que llevaba en la mano derecha y me llevé capas de piel y un poco de carne del lateral de la punta del dedo. Me está costando un poco escribir, mucha letra bailada o equivocada, mucho uso de la tecla de corregir. La sangre aún brota, no sé porque pero se está resistiendo a cerrar, a pesar del alcohol y las trea tiritas que llevo usadas hasta ahora. No me disgusta ver mi sangre, brotando viva, mi afición a los vampiros debe tener algo que ver, pero tampoco me dan ganas de dejarla brotar hasta secarme.
Ni que fuera un corte en las venas de la muñeca, a veces soy un exagerado.

Pero como estoy se dobles sentidos ultimamente, las heridas de la carne no están solas. También hay otro tipo de heridas.
Odio la publicidad cuando coge algo que te hace estremecer y lo usa para vender banalidades. Hay un anuncio ahora en la televisión que me llama la atención. Muestra dolor, lágrimas, ojos cargados de pena, de angustia.
"Cuando te duele el cuerpo sabes donde acudir. Pero, ¿donde ir cuando te duele el alma?" reza la voz en off.
Coincide el final de la frase con un rostro de mujer madura surcado de lágrimas mirando a la cámara, que se estremece cuando una mano se apoyas en una caricia en su mejilla. Sus ojos se cierran y parece que alcanza un poco de paz.

¿Y donde voy yo cuando me duele el alma? Normalmente al recogimiento, a degustar el sufrimiento, a encogerme esperando ahogarlo en cada vocanada de aliento que tomo, sintiendo como poco a poco pasa por el bálsamo del tiempo. Pero demasiado poco a poco, demasiado lento...

El anillo con el que me hice esta última herida y otra más en estos días ya no luce en mi dedo. Demasiado peligro. Han sido nueve años de portarlo día tras días y sus bordes se han pulido al contacto con la piel de mis dedos, perdiendo su brillo de plata de imitación y haciendo sus bordes finos y en un lugar dentado, que es donde me enganché y desgarró.
Nueve años. Y no lo tiro a la basura porque tiene un nombre el anillo. Es el anillo de Roma. No porque fuera suyo, porque me lo diera. Ella sólo me dió el colgante del sol azul, también roto en su enganche a la tira de cuero, que dejé de usar porque el pegamento no lo conseguía mantener en su sitio más de dos días y una vez estuve a punto de perder el sol azul al soltarse. Ahora reposa en mi escritorio, donde he posado también el anillo.
Tenía dieciocho años, hacía poco que la conocía y compré el anillo en el rastrillo de la vieja plaza del Fontán, aquel día trasladado al paseo superior del parque San Francisco, no recuerdo por qué razón. Lo compré pensando en llevarlo un tiempo y dárselo a Roma cuando sintiera que el anillo se había empapado de mi esencia y ella podría sentirme si se lo ponía y pensaba en mí cuando estuviera lejos ,que era como solíamos estar, ella en Madrid y yo aquí en Oviedo. Lo compré también para recordarla día tras días. Para que cada mañana, cuando me lo pusiera, pensara en ella aunque sólo fuera ese segundo. Como si al tener dieciocho años y sentir que te enamoras por primera vez no tuvieras tu mente llena a cada instante de ella y se haga superfluo todo recordatorio externo, como si tu alma no te estuviera hablando todos los días de la mujer que amas. También, para que negarlo, lo compré por estética. Me gustaba la idea de llevar esa banda ancha pero fina de brillo plateado, supongo que en breve compraré otro pero de mejor calidad para que no abra más heridas. Ni en un sentido ni en el otro, aunque el viejo anillo sólo hace ya herida física. La herida mortal la dió ella hace años, con su boda, con su confesión de juego, con su reconocimiento de que no quería lo que yo le ofrecía. La herida mortal la abrió y el tiempo terminó de matar, ayudado por otros ojos que vinieron después, las promesas de adolescente, la pasión de inocente, el ansia del primerizo.
No dejo de quererla. Sí dejé de amarla.

Heridas físicas y heridas del alma. Distintos tiempos de curación y pocas veces causadas por la misma razón

De lo humano y lo divino 2/2 Humano: Sensualidad y anhelo

De lo humano y lo divino 2/2 Humano: Sensualidad y anhelo

Ha sido difícil elegir una imagen para esta entrada en el blog. Dudé entre una venus clásica (Velázquez, Botticelli), algún dibujo o cuadro más moderno de rostro bello y mirada languida, una mirada intensa, una foto mas erótica de cuerpos torneados...

Finalmente me he decidido por lo que mayor atracción ejerce sobre mí, unos labios.

Me gusta besar y hace demasiado que no lo hago. De hecho hace demasiado que no hago nada. 27 años día mas día menos.

Podría achacarlo a un conjunto de mala suerte, incapacidad social, timidez y confusiones sobre estar preparado o no, tanto mias como de las chicas con las que he estado. Hace un tiempo me dí cuenta que simplemente es que no estaba preparado para aceptar la sensualidad, la pasión, el placer y el sexo sin un compromiso ferreo. Le ponía límites y trabas a algo que no debe tenerlo, porque el sexo no es cadenas, sino liberación.
E evolucionado, pensado, reflexionado y sentido. Estoy preparado para aceptarlo. Para aceptar que deseo sumergirme en la sensualidad, deseo recorrer una piel con los cincos sentidos, deseo hundirme en el interior de una húmeda calidez. Me estoy perdiendo algo importante y maravilloso en la vida, algo natural y que hay que vivir.
Quiero sentir la pasión, el placer, el estallido. Quiero completarme y sentirme entero en esos segundos de abandono que tan largos parecen. Quiero encajarme en otro cuerpo y sentir que hay un acoplamiento entre la carne, una aceptación entre las almas.
Deseo saber lo que es ser amado, follado, cabalgado, escalado, descubierto.

Hace tiempo leí en otro blog que la pasión es dos personas descubriéndose, acercándose y encontrándose. Espero que alguna vez me acerque a alguien que se esté acercando a mí.
Y sentir. Por fin, sentir.

De lo humano y lo divino 1/2 Divino: Recuerdo inevitable

De lo humano y lo divino 1/2 Divino: Recuerdo inevitable

"Aniversario: (adj.) Anual M. Día en que se cumplen año de algún suceso"

¿Por qué debe parecer que el día más importante para recordar algo es en su aniversario? ¿El resto de los días no han importado?

Si que importan. Pero los aniversarios son una piedra miliar. Nos dicen "has llegado hasta aquí. Párate. Mira atrás y dime que ha pasado desde entonces".

Hoy se están encargando de que no podamos evitar pararnos y girar la cabeza hacia atrás. A Unamuno le dolía España. A mi me duelen los españoles. Y las personas del resto del mundo. Yo no lloro al ver titulares. Lloro al ver miradas perdidas, silencios, voces rotas.
Yo no lloro sólo por 192 personas. Lloro por miles, por cientos, por uno. Y cuanto más definida la persona, más lágrimas. Así he sido siempre con muchas cosas en la vida. Conociendo a los demás me conoceré también. Viendo el sufrimiento de los demás podré valorar el mio en su justa medida (que la medida propia nunca es justa ni nunca lo será, pero uno puede soñar con la equidad).
Aunque el sufrimiento mayor de otros siempre me ha hecho sentir egoista, ya que mi cuerpo no está roto y mi alma puede ser recosida de sus jirones. Pero mi dolor, leve, aleve o terminal, lo siento día a día y adentro. No tengo motivos para sentirme egoista.
Ahora sólo me queda convencerme de ellos.

Mitos antiguos, pieles actuales.

Mitos antiguos, pieles actuales.

La mitología griega adoraba el número tres. Consideraba que el equilibrio, la explicación de todas las cosas, sólo podía concebirse como conjunción de tres fuerzas: la que arrastrara en un sentido, la que arrastrara en el sentido contrario y la que establecía el equilibrio.
Así nacieron las triadas, evolucionadas de las egipcias, heredadas por romanos y cristianos.

Yo también he tenido mi tríada. De las mujeres que han pasado por mi vida, tres son las que más me han influido. Al igual que la antigua triada femenina lunar (la diosa de tres aspectos, las tres Parcas, los tres aspectos que los griegos definían en la vida de una mujer) yo también puedo identificarlas en igual manera.

Primero estuvo Roma, la Doncella, el Amanecer, la Luna nueva. Ella me abrió el mundo al amor verdadero, me hizo descubrir lo que es amar y sufrir verdaderamente por primera vez. Por ella, como buen adolescente, sentí que se me hundía y alzaba el mundo sucesivamente. A ella envié un día este fragmento de la novela "La hija del caníbal" de Rosa Montero, porque este fragmento definió nuestra relación:
"Procedíamos de galaxias distintas, como dos cometas que se cruzan efimeramente en el espacio. El venía de la niñez y no había tenido nunca una pareja estable; quería vivirme hasta agotarme, que montáramos una casa juntos, que soñáramos un futuro, que nos llenáramos de compromisos de eternidad hasta las orejas. Yo provenía de la fatigosa travesía de la edad madura y sabía que la eternidad siempre se acaba, y cuanto más eterna, más temprano. Así es que le escatimé, le negué, le aparté de mí. Cuanto más me exigía él, más me asfixiaba yo; y cuanto más le cicateaba yo, más ansiosamente quería él atraparme. Ahora bien, si él se retiraba, yo avanzaba, y entonces le perseguía y le exigía: porque el amor es un juego perverso de vasos comunicantes.
Adrián empezó a tener celos, a mostrarse alternativamente violento o sentimental. Enloquecíamos los dos, si entendemos por locura el total descontrol de tus acciones, la turbulencia de tus emociones, la incomprensión de tus propias palabras, el descubrirte de pie cuando creías estar sentada, o viceversa. Llorábamos mucho, a veces el uno contra el otro, en ocasiones juntos: acabamos haciéndonos daño mutuamente, aunque creo que ninguno de los dos deseó herir. Convertimos nuestra vida en un melodrama, y en medio de ese tango sacamos a pasear nuestros fantasmas."


Un buen resumen, sí. Salvo que nunca tuvimos el contacto físico que me haya hecho recordarla como una relación plena, completa ,que empezó y que va finalizando día tras días, año tras año a pesar de las promesas que me hice de eternidad.

Charlotte fue la Madre, la Madurez, la Luna creciente y menguante, la Doncella Cazadora Artemisa. Me abrió los ojos al mundo, me hizo despojarme de los restos de mi hipócrita herencia educativa cristiana y moral cerrada. Me enseñó como es el mundo, me hizo desear vivirlo, vivirla a ella. Me dió fuerzas para empezar la evolución, me mató con su ausencia, me dañó con sus narraciones descarnadas de lo que otros tenían con ella y yo no podía tener. Me succionó en la distancia y creo que me deseó, no tanto como yo la deseé a ella. Me abrió las puertas a su Parada de los Monstruos sin Alma, sus amigas, familiares, los cuchillos con los que mi alma se desbrozó y con que hicieron jirones mi vida inocente y adolescente.

La hecho de menos cada día de mi vida.

Y finalmente La Estrella. La Anciana, la Vejez, La Luna Nueva, Atropos cortando el hilo de la vida. Quise vivirla y no me dejó. Quise amarla y no me dejó. La amé y no me correspondió. Y finalmente levantó muros hasta a la amistad, al contacto, a la contemplación. Durante año y medio fue mi amiga, mi confesora, mi sostén y mi apoyo. Me dejó hacer bailar mis dedos en su piel durante horas, pero no desperté en ella el deseo o la pasión. Como me ha pasado muy a menudo. No consigo hacerme desear por quien quiero que me desee. Así ha sido siempre y así sigue siendo. Menos con Charlotte, pero eso tampoco puedo saberlo, ya que creo que si me hubiera deseado me hubiera tenido. Y nunca hizo nada por acercarse, mientras que yo si lo intentaba. Ahora nunca lo sabré.
Con La Estrella me estoy sintiendo viejo de repente, como si el reloj corriera deprisa. Como si siempre terminara perdiendo a las amigas y posibles amantes, como si yo fuera una diversión momentanea que pierde gas al poco y hay que dejar cuando molesta. Como si mi entrega y feroz lealtad fueran repugnantes o molestas.


Yo no se ser más que como soy. Y podría cambiar, pero entonces sería algo que no quiero ni en lo que creo y por eso creo que no termino de mutar. Yo mismo, inconscientemente, estoy impidiéndomelo. Pero hace daño estar siempre solo, siempre quedar a medias, nunca llegar a nada.

Y más que dolorido, estoy cansado de recibir heridas.

La caja cerrada

La caja cerrada

Anoche me atacó la tristeza. Casi cedo a algo a lo que sabía que no estaba preparado.

Buscando unos escritos antiguos, pasé por el apartado prohibido de una carpeta. Una carpeta donde guardo tres años de mi vida, en forma de los sms intercambiados con Charlotte. Sólo los recibidos, los enviados no sabía guardarlos en mi antiguo movil y se perdieron. 32 páginas, dos años y medio. No están los mails recibidos y enviados, los guardo en otro lugar. No están las conversaciones en el chat o telefónicas, de esas no hay registro. PEro nuestra relación fue principalmente por móvil, más concretamente por sms. Así que en esas hojas está casi todo lo que importaba. Lo suficiente para devolver mi mente al momento, a los sentimientos, a las sensaciones.
No puedo. Aun no estoy preparado para rememorar profundamente a Charlotte y a todo su mundo, ese mundo que a veces me repugnaba, a veces me desgarraba, a veces me atraía como nada me ha atraido antes. Esas hojas aún no deben ser leidas, pero no pude evitar pasear aquí y allá, leyendo retazos, dejando afluir recuerdos.
No debí hacerlo. Sólo podré rememorar todo lo que Charlotte significó en mi vida cuando sea feliz. Sólo entonces podré llorarla como merece, como todavía no he llorado su muerte. Porque entonces podrá ser un dolor cálido, un dolor que complete, no un dolor que me hunda en la angustia, como sería ahora.

Hace tiempo escribí esto:
"He llorado lágrimas de sangre por tí.
Hoy sé que lo que lloré fue mi alma".


Aun no puedo verter mi alma en lágrimas por ella. Cuando pueda hacerlo sin perderla, sabré que estoy completo.

La caja de su recuerdo debe seguir cerrada.

El corazón que cambió de piel

El corazón que cambió de piel

No debería hacerlo tan a menudo, pero vuelvo la vista atrás muchas veces. No es malo aceptar tu pasado, lo malo es hundirte en él o justificar los miedos e inseguridades actuales diciendote que puede volver a suceder como te sucedió antaño. Tengo que controlar más las veces que mi mente se vuelve sobre sí misma y observa el camino recorrido.

El abrir el Salón me hace volver a la época en que fue creado, hace nueve años. Para mí han sido como nueve siglos. Puedo recordar bien lo que era poder definirme a mí mismo como un romántico incurable. Estaba seguro que la primera vez que me enamorara sería para siempre. Que sería siempre fiel, que no antepondría el placer al corazón, que si entregaba mi corazón sería a una persona y sólo a esa persona por los siglos de los siglos. Entonces estaba seguro que mis sueños románticos, mis esperanzas, el futuro que había imaginado, se harían realidad. Optimismo, fe y confianza. Eso me llenaba.

Ahora hay cosas que aun conservo, pero ya no les pongo fronteras definidas. La vida es como es, no como la imaginamos. HAy sorpresas, hay cambios, hay cosas que no salen como se esperan. Cosas que se nos dan y cosas que se nos quitan.

Pero ya no puedo ser romántico, ya no. Al menos romántico en su estado más puro. Sigo creyendo en el amor, en entregarme de corazón, en ser dulce y cariñoso. Pero ya no creo en sacrificar todo lo que soy por otra persona. Ya no creo que las cosas tengan que salir bien obligatoriamente. Ahora sé que el sexo puede ser pasión y no sólo entrega total, que puede darse y recibirse libremente a quien se desee y quiera, no sólo a quien se ame.

Y sobre todo ahora sé que el amor duele, no es perfecto y aunque nos de muchas ternuras, puede también tener espinas.

Mi corazón tal vez no es tan blando como fue antaño, ni tan inocente. Pero también sé que aun queda mucho para que se haga de piedra y que no dejaré que se ahorque en el pasado.

Casi un sueño...

Casi un sueño...

Hay un miedo que me ha asaltado desde hace unos años. La noche. Pero no en su conjunto. En general la noche me gusta, la oscuridad, el misterio, las promesas veladas que encierra.
No, el miedo es por un momento concreto, el momento antes de dormirme. Esos instantes en que estoy sólo en la oscuridad, encerrado con mis propios pensamientos en el confinamiento de la cama. Esos momentos en que no quieres pensar, porque lo que deseas en dormir, pero el sueño tarda en acudir y tu mente empieza a vagar, trabajando sus ultimos momentos antes de descansar en el sueño. En esos momentos es cuando mas tristezas he pasado en mi vida. Porque me pongo a recordar, a pensar, a reflexionar de una manera mas profunda que durante el día. Durante las horas de luz puedes evitar mucho mejor el asalto de las hordas de la pena y los recuerdos. Puede fijar la vista en los lugares iluminados, en las caras de la gente, en lo que sea, una lectura, una canción, un sonido. De noche me cuesta más hacerlo. Y entonces es cuando pienso en los pequeños fracasos cotidianos, en la soledad vivida durante el día, en los planes que tuve durante años y no dan fruto, en la evolución personal que no termina de calmar mis sufrimientos internos. He pasado noches de auténtica angustia cuando las reflexiones han sido mas profundas, hondas y oscuras. Recuerdo una noche con doce años que llore en silencio durante horas porque me puse a pensar en la muerte, a imaginar lo que sería estar rodeado eternamente de oscuridad y silencio, sin esperanza, sin luz, sin alegría, sin gozo y en completa soledad. Como además siempre me ha costado recordar mis sueños (porque sé que soñar si sueño, todos los hacemos) tampoco encuentro el consuelo de recordar esos momentos absolutamente mágicos en los cuales nuestro cerebro a medio gas nos crea un escenario, una vida, un universo de sensaciones que son reales mientras descansamos, tan reales como la vida que vivimos despiertos.

Porque me cuesta recordar los sueños, cuando logro recordar uno es todo un acontecimiento. Esta noche me semidesveló el ruido del granizo y la tormenta en el exterior. La lluvia golpeando el patio, los tendales, los plásticos que los cubrían. Y sentí algo extraño, algo maravilloso. Sé que casi era un sueño, porque no estaba despierto pero tampoco dormido. Sentía en mi vientra luz y calor. En ese estado en el que el mundo onírico tiene su propia lógica que uno acepta y comprende aunque lo racional nos grite que no tiene sentido, entendí lo que estaba sintiendo. Yo en esos momentos era un hombre con vientre de mujer, un vientre que explotaba de placer y deseaba ser llenado. Llenado por una mujer con un vientre con hombre, una mujer que quisiera llenar mi alma de calidez, de pasión, de ternura y de aceptación. Quería tener a esa mujer a mi lado, llenarnos mutuamente, completarnos, hacernos plenos, enteros, consumarnos, aspirarnos, fundirnos y separarnos, hundirnos en el placer.
No osaba ni tocar la zona de mi vientre que palpitaba, por temor a perder esa sensación. Una autoexploración sensual no iba a conseguir llegar ni a los pies de lo que estallaba espontaneamente en mí.
Pero tenía que terminar, por desgracia, porque ese estado entre dos mundos, onírico y mundano, no puede mantenerse. Es una balanza, antes o después tiene que inclinarse hacia un lado. Y se inclinó hacia el lado del desvelo, dejándome vacío, con el calor desvaneciéndose por mucho que tratara de aferrarme a él. Sólo un recuerdo quedaba, de aquello que tanto deseaba. Y perdía la comprensión de lo sucedido a cada segundo de estar despierto.
Estaba sólo, entre las brumas de la noche.

No me arrepiento de soñar, aunque luego eche de menos las sensaciones vividas durante el sueño. Pero me encantaría poder llegar a vivir las mismas emociones durante la vigilia.

En un pasado...

En un pasado...

Tenía 18 años. Uno de mis amigos administraba un MOO. Para quien no lo sepa, un MOO se parece a un chat, pero tiene un entorno ficticio, las salas de chat tienen una descripción, así como los participantes. Entrar en un MOO supone algo más que buscar una breve charla casual. Tienes que crear ese personaje que te representa, que puede tener tu aspecto o el que desees. Así que para entrar creé un personaje. En aquella época no me bastaba ser quien yo era (sobre si ahora me basta hablaré en otro momento), así que acudí a algo que había escrito recientemente, una historia que formaba parte de un mundo más amplio y en la que aparecía un ser fantástico de creación propia. Seres sin sexo físico, hermosos, misteriosos, capaces de crear o reproducir cualquier tono musical o vocal que oyeran o imaginaran. Uno de ellos se había perdido en el mundo de los hombres, y su aspecto físico, mezcla de los dos géneros, había hecho que los hombres le llamaran Androgen. En aquel tiempo creía saber algo de griego antiguo y pensaba que Androgen significaba "género masculino", mas o menos. Así que le puse ese nombre (en la historia no lo tenía) para usarlo siempre como nick de entrada en cualquier chat que acudiera y como nombre de mi personaje del MOO.
Había que crear también un lugar donde habitara ese personaje, así que a su hogar lo llamé "El Salón de las Músicas Perdidas". Imagine una estancia mágica donde todo aquel que entrara oyera en su mente, como un susurro, la música que hubiera tenido un significado importante en su vida. En aquella estancia Androgen había conservado todas las canciones que una vez se cantaron y quedaron olvidadas, todas aquellas músicas entreoidas al borde de la consciencia de la gente.

Y hoy he vuelto a aquel momento. Hoy vuelvo al principio, pero sin ser el que era. Hoy abro de nuevo el Salón para todo aquel que quiera compartir su música conmigo a la vez que oye la música que surge de mi alma.

Estoy preparado.

Obertura

Obertura

Hay motivos para empezar un blog. Desde luego no puede ser porque alguien te dice que lo hagas y ahí se detenga todo. Mostrarse solo porque te lo digan otros, sin que estés convencido de lo que haces, es algo vacío. Y triste.
En cuanto me he percatado que no lo empiezo sólo por eso, sino porque realmente quiero contar algo a quien desee leerlo, que quiero mostrarme a quien desee conocerme, he abierto la puerta.

Aquí estoy.