Blogia

El Salón de las Músicas Perdidas

Borroso breviario del paso del fin de semana

Borroso breviario del paso del fin de semana

Estos días han sido como una bruma para mí. Desde el jueves, desde el día de las lágrimas ajenas que llenaban ríos que me ahogaban. Y el viernes sueño sueño sueño...cansancio de quebrar la mente, poco más podía hacer que leer con lentitud los blogs ajenos y volcar un breve comentario en cada uno intentando resumir y no perderme en lo borroso que me parecía mi interior. Y el viernes también es el día de las llamadas, llamadas que me calman el corazón, que me funden al auricular intentando colarme por él y besar los muchos colores. El día de las malas caras de mi madre hasta que tengo que hacer bífida mi lengua y soltar unas palabras frías para evitar unos gritos innecesarios y desproporcionados, para calma el burbujeo de mi interior y respirar al fin.
Y sigo tan cansado...

El sabado es el día que tengo las horas aseguradas con ocupación. Casa de amigo, reunión de colegas, anécdotas, historias y sonrisas. Breve calma en la tempestad y suavizar el tedio que cuando abandono el ordenador y el móvil me inunda el resto de la semana.

Y sigo cansado.

Hoy también sigo cansado, los excesos horarios del sábado siempre pasan factura. Pero hoy el cansancion no se me extiende a la mente y puedo leer, pensar, reflexionar y escribir al fin tras estos días de desierto.

Leo al fin un gran trozo del blog de la mariposa que me aterra. Y me aterra porque me da la impresión de que mira a donde yo no me atrevo, como cuando al niño de sexto sentido le da miedo girarse en el baño y no lo hace durante un tiempo. Y si la mariposa caminara a mi lado al primer susurro de mi miedo se giraría al instante y riendo saltaría a la oscuridad. Por eso me da miedo, porque tengo la impresión de que mira las cosas en 180 grados a como las veo yo.

Leo una petición de historias para dormir y escribo, escribo, escribo... Escribo una historia que iba macerando lentamente en mi interior desde hace años, cuando la improvisé sin saber como iba a acabar un momento y quedó sin concluir en espera del momento adecuado para acabarla. Habla de estrellas pero no de la de la e mayúscula y habla de pérdida, de sueños imposible, de añorar las cosas que creíamos seguras...

Hoy leo el blog antaño de tonos rojo y ahora azul suave y leo las palabras "muerte" "miedo" "arcadas"... y se me encoge el corazón...se me encoge encoge encoge, dragón, ¿qué te pasa? Y sé que los dragones aprendieron a no bajar nunca más la cabeza, que hay días y días para todos, y que horas después habla con cariño de la cabezonería de las abuelas maravillosas y mi abuelo atendía normalmente al nombre de "Pepe" aunque el suyo era Guillermo y sonrío entre lágrimas que no están corriendo pero que me hacen borroso lo que me está entrando dentro, borroso como la foto del espejo de mirada hacia otro lugar, como las vírgenes renacentistas.

A mi espalda el sol empieza a lucir y el calor del ordenador en mi pequeña habitación se une al del sol a pesar de la cortina. Mis ojos están un poco cerrados del sueño, y la foto que está en lo alto ahora, muestra tonos azules y la boca es como un beso o una "o" de sorpresa o concentración.

Y así pasa el fin de semana, esperando que mañana otra vez me inunden los colores de la sonrisa de Iris y sonreir de nuevo con las palabras ajenas y hacer sonreir con las mías. Que el rosa sea ternura, el azul reflexión y maravilla, el sur una dulce combinación de besos andaluces y ojos de mirada tan profunda y directa y el mar una calma de imágenes preciosas.

Saludable fin de semana para todos.

Amaral-Esta Madrugada

Amaral-Esta Madrugada

"Ha pasado el tiempo
no he dejado ni un momento
de pensar en los viejos sueños
en las noches de conciertos en un bar
Ha pasado el tiempo
y no sé por qué te cuento esto
Será que se ha ido la inocencia
que llegó conmigo
Si será el dolor de este amanecer
que me ha helado el alma
quiero despertar
porque no puede ser verdad
esta mala hora
Esta madrugada
que parece nunca acabar
esta noche de angustiosa calma
Quédate conmigo
hasta que la luz se haga
esta madrugada
Va pasando el tiempo
bajo el cielo sin estrellas de Madrid
pero hoy no encuentro
la ilusión que quemaba dentro
Nada más llegar a esta ciudad que nos devora
dime dónde estás que te quiero ver
y dejar pasar esta mala hora
Esta madrugada
que parece nunca acabar
esta noche de angustiosa calma
quédate conmigo
hasta que la luz se haga
Esta madrugada
Quiero despertar
porque no puede ser verdad
esta mala hora
Esta madrugada
que parece nunca acabar
esta noche de angustiosa calma
quédate conmigo
esta madrugada amarga
Esta noche oscura de mi alma
Esta madrugada que parece nunca
nunca acabar
Quédate conmigo
hasta que la luz se haga
Esta madrugada."

("Esta madrugada" Amaral)

Eva y Juan escribieron esta canción para recordar el 11-M. Hoy me vale porque siento que expresa como me siento.

Que pase este día y vuelva a oir tu voz Iris.

Los mecanismos del perdón

Los mecanismos del perdón

"Siempre has sido muy buena conmigo" dije.

"Para eso estamos los amigos" respondió.

Y al leer eso me emocioné.

R. es una de las pocas cosas buenas de las que guardo recuerdo de Madrid. Siempre que fuí, junto con JD, son las dos únicas personas que siempre tuvieron tiempo para mí cuando viajaba a esa mancha de hormigón y egoismo en la meseta que llaman capital. Siempre me hicieron sentir que se alegraban de verme, que les gustaba que hubiera viajado, que entendían que para mí era un esfuerzo monetario y moral ir allí.

Es la segunda chica a la que he besado en mi vida. La segunda a la que he acariciado hasta lograr su climax. La primera con la que practiqué sexo telefónico.
Recuerdo sus abrazos, tan fuertes y cariñosos, como si no quisiera dejarme escapar. Recuerdo sus besos, largos, húmedos, inyectando su saliva en mi boca. La recuerdo llevándome de la mano por el pasillo de su casa en dirección a su habitación (uno de los actos más eróticos y sensuales que he experimentado en mi vida), para apartar los peluches de su cama y tumbarnos en ella a besarnos y acariciarnos.
Recuerdo que ella quiso una vez que fuera su primera vez y que yo soñaba con que fuera mi primera vez. Y nos pusimos de acuerdo nunca, nunca pensamos que el otro quisiera lo mismo. Así que no pudo ser.
Recuerdo las esperas en las estaciones de metros para saludarnos con una sonrisa. Recuerdo ir juntos a ver "El diario de Bridget Jones" y sentirme un poco cohibido por sus "que fuerte" y "que morro" en voz alta.
Recuerdo haber pensado que si iba a trabajar a Madrid alguna vez, le pediría que salieramos a ver si funcionaba.
Recuerdo haber pensado que por qué no me enamoraba de ella si era una persona dulce y que me quería mucho.

La distancia ayudó mucho a que no pudiera ser. Y mis inseguridades.
En fin, pasó, no pudo ser. Al menos no perdimos el contacto.

Recuerdo ponerme a rabiar cuando rompia con algún novio o este rompía con ella, por pensar que merece que la mimen y cuiden y quieran y hagan feliz y me duele cada ruptura porque sé que sufre.

Y hace poco, al contarle por el messenger que he conocido a alguien y que puedo ser feliz al fin, se ha alegrado por mí. Y le he dicho que lamentaba todas las veces que la he puesto triste.

Y luego vino la frase que encabeza el post.

Aún no sé como es capaz de perdonarme así. También es cierto que cuando nosotros perdonamos a un amigo por algo, hacmeos lo mismo, lo hacemos pasar con un movimiento de la mano como si disiparamos una nubecilla molesta y ya no vuelve a molestarnos. Pero siempre que otro me perdona pienso "¿merezco ese perdón? ¿merezco que olvide lo que le hice?"

En parte ayuda a perdonar el tiempo, que hace que lo que antes parecía tan grave nos haga pensar ahora "no era para tanto". También ayuda la empatía: "ahora entiendo por qué hizo eso" También, obviamente, el tipo de persona que eres, tu capacidad para disculpar (o pasar página, que no todo es perdón y a veces es mejor aparcar a un lado y dejar criar polvo sin volver a mirarlo) o lo buenazo (en sentido peyorativo que no siempre se puede ser así) que seas y que dejes pasar las cosas con un "bueno, ya cambiará de actitud, tampoco le voy a decir nada".

R. es buena persona. Y espero seguir en contacto con ella mucho mucho tiempo, contarnos nuestras penas y alegrarnos por las alegrías del otro, contarnos los cotilleos y recordar con cariño como ha pasado el tiempo.

Porque para eso están los amigos, ¿verdad?

(PD: la imagen es un óleo de Fernando Ureña que se titula "El Perdón")

Ni siquiera sé que no sé nada

Ni siquiera sé que no sé nada

Y si me pongo a pensarlo, es la verdad.

No sé nada de tener una pareja, de las relaciones de pareja. No he vivido nada de eso.

Al menos no siento que lo sepa. Oh, claro que podría pensar que simplemente por lo que he visto, oido, pensando y me han contado otros sobre lo que es tener pareja, algo podría saber. De hecho durante un tiempo llegué a pensar que sabía mucho simplemente por lo que me contaban y veía. Incluso tuve la osadía de aconsejar.

Pero qué es lo que realmente sé.

Nunca he tenido una pareja. Una pareja estable, fija, de la que puedas decir "es mi amante" "es mi novia" "es mi prometida". Sólo conocí unas breves aventuras, unos rollos como dicen ahora, algo que sabía que no duraba más que las dos horas de tonteos y besos nocturnos. Una vez me pidieron salir. Dije que no, no sentía en mi interior eso que suponía que tenía que sentir para implicarme con esperanzas duraderas y serias con esa persona. Es decir, me gustaba su cariño, me gustaban sus besos y sus caricias y las que yo le daba, pero no podía decir con sinceridad "si, quiero verte todos los días, compartir las horas de aventuras y de rutina, quiero conocer a tus padres, quiero salir todos los fines de semana contigo, llamarte todos los días, ir al cine juntos..." Haberlo dicho hubiera sido mentir. Desde hace años prefiero decir la verdad aunque duela (a mí o a la otra persona o personas) que mentir para que termine doliendo más al descubrirse la mentira.

Así que no sé nada. No sé lo que es vivir día tras días evitando la rutina, compartir la enfermedad (porque uno la sufra y el otro sufra por él), decidir juntos el color de las paredes, la cantidad de hijos que tendremos, no sé como comportarme cuando tu pareja está furiosa, triste, alegre, deprimida, dolorida, aburrida... No sé lo que es ver día a día la misma cara somnolienta y legañosa al despertarte y besar esos labios de aliento dormido, no sé lo que es rellenar juntos la declaración, no sé lo que es recibir un sms que diga "al volver trae leche que se nos ha acabado", no sé lo que es intercambiar anecdotas del trabajo y poner a parir juntos en apoyo mutuo a los jefes.
No sé lo que es que el Amor haga que cada día se conviertan en soportable o incluso interesantes las cosas que si te las cuenta o hace otra persona encontrarías insufrible. No sé lo que es abandonar una posición inquebrantable para aceptar llegar a un punto de acuerdo con alguien con quien convives y evitar así que la convivencia no levante columnas de espinos. No sé lo que es leer en los ojos de otra persona una chispa de deseo que pide ser satisfecho y sentir arder en los tuyos la misma sensación, sonreir mientras se besa y llenar de placer el suelo del salón, el sofa, el espacio encima de la lavadora o la cama grande donde retozar a gusto. No sé lo que es comer mirando a los ojos a otra persona día tras días sin que se note el peso del tiempo. No sé lo que es que te abrazen por detras y por sorpresa y sientas que tu estomago segrega calor líquido por todas tus tripas y huesos. No sé lo que es que te hagan regalos sorpresa con ojos relucientes mientras ven tu sonrisa al abrirlos. No sé lo que es recibir un sms de alto voltaje erótico enmedio de la calle y acelerar el paso al encuentro de las chispas. No sé lo que es llorar de felicidad por sentir y dar más amor del que cualquier imaginación puede llegar a esperar.

Y tampoco sé lo que es querer hacer daño con amargas palabras a quien sientes que quieres como a nadie has querido en el mundo. No sé lo que es darte cuenta de que ha llegado el invierno de nuestro hastío y su comida ya no sabe bien, su piel ya no te parece tan suave, su sexo ya no es embriagador y atrayente, su voz ya no te parece que hace de las palabras música, su conversación es aburrida, sus ojos ya no son espejos donde quieres mirarte porque devuelven tu imagen como rodeada de luz. No sé lo que es llorar por sentir que pierdes a alguien, pasar largas noches en pleno verano helándote del frío que te llena por dentro esperando una llamada, una palabra, una caricia. No sé lo que es morir por la distancia anhelando un día marcado en el calendario y en tu corazón que será el del reencuentro. No sé lo que es llorar ante un gesto despectivo. No sé...

Y no sé nada de esto, porque da igual que yo haya podido experimentar algunas de estas cosas con amigos o amigas, con chicas a las que sentí amar. Si no ha sido recíproco, si no he dado pero también recibido, sino se ha establecido una corriente de dos caminos entre mi corazón y el de otra persona... nunca he sabido lo que era el verdadero AMOR.

Dentro de poco sabré que se siente. Al menos así lo espero y deseo. Quiero saber.

Pero mientras tanto, en el fondo, en realidad... no sé NADA.

Convertir el pasado

Convertir el pasado

Hace poco leí sobre la posibilidad de convertir las cenizas de los muertos en diamantes.

No creo que sean diamantes de verdad, sino un proceso para hacer que las cenizas tomen la forma de un cristalito brillante que se talla como un diamante. Dicen que así puedes llevar a tu difunto en un anillo en el dedo.

La ciencia avanza que es una barbaridad y hasta con la muerte somos capaces de idear supremas pijadas para sacar dinero a otras personas. Que grande es el ser humano...

Sin embargo me quedé pensativo tras leer la noticia. Porque pensé, ¿y eso es lo que hacemos con los recuerdos?

A los recuerdos los tratamos como cadaveres. Son como si se convirtieran en cenizas con el tiempo. Algunos los encerramos en una urna dentro de nuestro corazón, creyendo que así no tendremos que verlos nunca más, nunca más volver a dejar que nos hagan sentir mal. Pero la urna está ahí, presente, ocupa sitio. Y terminas abriéndola antes o después y echando un breve vistazo a las cenizas oscuras y todos los recuerdos vuelven de golpe.
A veces esparces esas cenizas en un lugar, un acto con el que pretendes pasar página, dejarlo todo atrás. Las cenizas se las lleva el viento y pensamos que así no volveremos a recordar. Pero al volver a pasar por ese lugar, al ver u oir cualquier cosa que nos pueda llevar a ese lugar, volverán los recuerdos a nuestra mente. Al igual que si tratamos de ahogar las penas en un cuerpo ajeno, una idea ajena, una química intoxicante.
Otros entierran sus recuerdos en un lugar, pero para volver a visitarlos de cuando en cuando. Los adornan, limpian su lápida, se obligan a volver regularmente para pasar unos momentos de recogimiento ante la tumba. No quieren olvidar, sólo piensan que obligándose a volver con un cierto horario, evitarán que la tristeza les asalte por sorpresa en momentos inesperados. Como si pudieramos programar la pena como quien programa un video.

Y otros convertirán sus recuerdos en diamantes. Los tendrán siempre cerca, brillando, al mirarlos sonreiran melancólicamente, porque han elegido convertir la pena en luz reflejada, han conseguido que su pasado sea brillante, que no sea cadena ni lastre, sino algo que está ahí, que mirarán apreciendo la belleza de lo que fué y hubo o aceptando sus imperfecciones, pero será algo presente en su vida, de lo que no reniegan, convirtiéndo los recuerdos en una cosa que les adorna.

Que extrañas relaciones mentales puede llegar a establecer uno entre una noticia curioso-desagradable y una reflexión en su mente, ¿verdad?

Recuerdos dispersos de infancia

Recuerdos dispersos de infancia

Mi madre me ha contado que cuando era un niño, a veces, mientras comíamos, le pedía que me leyera un tebeo. Y la corregía cuando leía algo mal por leerlo por encima, porque me sabía el tebeo de memoria.

Siempre he tenido buena memoria...para lo que me ha dado la gana, como dice ella. Eso me ha servido durante toda mi vida para aprobar asignaturas por puro esfuerzo mnemónico estudiando una semana antes del examen. Recuerdo que toda la geografía de EGB la aprobé así, con alfileres, como decían los profesores. Así me va ahora que mis hermanos se reían ayer de que no supiera que Alicante está en la Comunidad Valenciana.

Pero curiosamente no puedo depender de mi memoria, porque me ha fallado gravemente muchas veces. Recuerdo una vez que creí que tenía un examen de facultad un día y me llamo mi hermano una semana antes a las nueve de la mañana para decirme que acababa de mirar la hora del examen (él salía de otro) y que era a las once de ese mismo día. O me he olvidado de ir a sellar la tarjeta del paro, o de cosas muy importantes.
Pero sin embargo recuerdo tebeos que leí hace años, frases de películas, fragmentos de libros...

¿Memoria selectiva?

El caso es que me parece curioso que recuerde tan poco de mi infancia, de cuando era niño. Durante un tiempo proclamé a gritos que era una época de mi vida que quería olvidar, renegar de mis actos de infancia y ceñirme sólo a la lógica adulta. Tal vez me creí de verdad que quería matar a ese niño que fuí en mi recuerdo como si no hubiera existido nunca.

Pero recuerdo cosas.

Mis padres tienen cinco hijos. Cuatro chicos y una chica. Los cuatro primeros los empezaron a tener al poco de casarse, al "ritmo" de uno cada año y medio más o menos. Así que mis hermanos (y hermana, ella es la segunda en edad) se llevan poco tiempo y compartieron infancia. Yo vine cinco años después del último y sin ser esperado ni planeado. Querido si, aceptado supongo, pero desde luego ellos creían que ya habían tenido a toda su familia y yo fuí un rompimiento de planes. Mi madre me tuvo cuando le quedaban dos meses para cumplir 41. Con los cuatro primeros reconoce que le agotaron. Cuatro niños tan seguidos, cuidarlos a todos era una tarea esforzada. Sobre todo porque mi padre tenía un horario bastante extenso y además, al llegar a casa, se iba con los amigos al bar (no a ponerse ciego, sino a pasar la tarde) y ayudaba muy poco en casa. Por suerte para mi madre, mi abuela paterna la ayudó siempre a cuidarnos, mi yaya fué como una segunda madre para mis hermanos mayores. Cuando yo llegué ya iban al colegio todos (lo que descarga mucho a una madre) y me pudo, como dice ella "disfrutar más". Es decir, con mi hermano mayor ella había podido hacer de madre dedicada, pero en seguida tuvo que dividirse entre varios. A mi me mimó. No me importa reconocerlo. Tal vez me mimó en exceso. Pero no hubo peligro que me convirtiera en un niño caprichoso. No es que pasáramos hambre pero con cinco hijos y un sólo sueldo, no había espacio para los caprichos inútiles. Además ya estaban mis hermanos mayores para pararme los pies si me pasaba. O si ellos creían que me pasaba. Creo que sólo uno de mis hermanos, el más cercano en edad, con el que he compartido habitación desde los tres a los veintiseis años, se ha sentido protector conmigo, como un hermano mayor que debe vigilar al atolondrado infante. No se lo he pagado muy bien, he abusado mucho de su bondad. Mi madre ha dicho muchas veces que le daban ganas de darle una colleja al ver como abusaba moralmente de él para que hiciera lo que yo quisiera y cuando ella le recriminaba que se dejara dominar él respondía "es que es tan pequeñin y tan mono..."
Con los demás no hubo ese riesgo. Las lágrimas para ellos eran motivo de risa, mofa y befa. Así que se terminó desarrollando una cierta dinámica de conflicto. Sé de familias en las cuales los hermanos se adoran, apoyan, demuestran cariño, hablan maravillas los unos de los otros... E incluso a veces no será sólo de cara a los demás, realmente se sentirán así.
En nuestro caso nos damos caña. Nos reimos de los fallos de los demás hermanos, los favores se hacen a regañadientes y con protestas, antes damos una colleja que un abrazo...
Pero también buscamos la aprobación verbal de los demás a nuestras gracias, ocurrencias y actos. No porque vayamos de pensar que está mal lo que hacemos si no nos lo aprueban, sino porque no mola que los demás hermanos estén de acuerdo con nosotros.
Tampoco es que nos odiemos, repudiemos o demos de tortas todo el día (aunque recuerdo unas cuantes peleas brutas entre dos de mis hermanos). Creo que si fuera necesario sabríamos hacer un sólo bloque contra quien amenazara a alguno de los demás.

Mi padre siempre ha dicho que le decepcionamos. Siempre somos demasiado vagos, demasiado rebeldes, demasiado poco de acuerdo con sus ideas... Ahora le gusta decir a mi madre que es ella la que nos educó y que lo hizo mal y que por eso le llevamos siempre la contraria. Tampoco él se molestó mucho en hacerlo bien, pienso. Recuerdo una vez que estaba estudiando para los exámenes del colegio de esa semana, entró en mi habitación, se sentó en la silla con unas facturas en la mano y me soltó de golpe "¿tu sabes cuanto nos cuesta tenerte en el colegio?"
Nunca aprobaba todo a la primera. En el colegio había los exámenes de evaluación, luego unos exámenes de recuperación si habias suspendido y si suspendías también, en Junio, al final del curso, junto tras los exámenes de la cuarta y última evaluación, había los exámenes de recuperación del curso, donde podías aprobar todo lo que te iba quedando durante el curso. Yo solía aprobar y recuperar a buen ritmo, en los exámenes finales sólo tenia unas dos o tres evaluaciones que recuperar, y siempre lo hacía, siempre pasaba limpio al siguiente curso.
Pero antes de los exámenes, mientras estás estudiando, no creo que eso sea lo que quiere oir un hijo de su padre. Que le cuesta mucho dinero tenerle en el colegio. Si me ve estudiando, si me ve esforzándome... ¿por qué cojones me viene a decir eso?
Mi padre es el que nos daba cachetes. Muchas veces justificados. Algunas veces no. Y siempre ha preferido hablar con sus hijos a gritos, exigiendo obediencia y que nos metiéramos a calzador sus ideas y opiniones antes de intentar convencernos. Lo ha hecho siempre, seamos niños o ahora adultos. Y tiene bastantes ganas de que nos "larguemos de su casa y le dejemos en paz de un puta vez" en palabras propias.

Mi madre siempre nos ha defendido y nos ha mimado. A veces demasiado. "Gallina clueca" ha dicho mi hermano mayor a veces. Es difícil saber cuando estas abrazando y cuando ahogando, cuando estas protegiendo y cuando evitando actuar con libre albedrío. Mi madre aún no sabe que le cuesta distinguir esas cosas.

Cuando en casa llorábamos sabíamos que nuestra madre iba a correr a ver que nos pasaba. Que nuestro padre iba a gruñir. Y que los demás hermanos nos iban a dar mucha mucha caña.

Tal vez me acostumbré a llorar en cuanto me sentía un poco mal para evitar más dolor. Me acostumbré a ser expresivo a pesar de mi padre y mis hermanos para que mi madre velara por mí. No tenía que fingir emociones, simplemente dejarlas salir al primer indicio, aunque no fueran tan graves como para provocar esas reacciones exageradas.

No me molesta ser así, si lo supiera ser sólo con quien es de confianza y creo que no me va a hacer daño si me muestro demasiado a él o ella. Pero me abro demasiado rápido, me dejo llevar por esos primeros sentimientos como si ya fuera fuertes y firmes, cosa que a veces han llegado a ser y otras veces no.

Si lloro, a veces será de corazón, otras veces porque en cuanto la emoción se acumula dentro de mí abro automáticamente la válvula de escape. Pero hay veces que me he sentido con una columna de hielo clavada en el estómago y la columna vertebral y no he llorado. Mi sentir es sincero llore lágrimas de corazón o no las llore. Las lágrimas que "se me escapan" en algunas situaciones, se que sólo son la reacción ante una emoción ajena que me afecta un poquito, una vez las aparto con la punta del dedo, no salen más.

Pero hay cosas que siempre me harán llorar sinceramente. Y por eso algunas lágrimas si significan algo, si importan, si son algo. Y sé que tengo de dejar de desvirtuar esas lágrimas sinceras con los escapes momentaneos.

Estudio 54

Estudio 54

Me disgustan profundamente las versiones modernas que se hacen de canciones antiguas. Normalmente lo que hacen es destrozarlas con ritmos machacones.
Lo único bueno es que a veces nos descubren canciones que no conocíamos.
Como esta. Vaya por delante que no he visto la película "Estudio 54". Lo más que he visto fue el video de la canción principal de la banda sonora. Tres divas de la música disco moderna versioneando esta canción de un tal Gordon Lighfoot (el chico de la foto, por cierto que es curioso, el buscar su foto para ponerla en el blog es la primera cosa que hago por averiguar algo de él y de su vida. Hasta hace cinco minutos no sabía ni como era su cara)
La versión era así como marchosilla pero me entró curiosidad por conocer la canción original, ya que desde el primer momento la conocí como "la revisión de un clásico de Gordon Lighfoot".
Y una vez más, la versión original es muchísimo mejor que la versión moderna. La moderna es así como ritmo acelerado que a mi gusto le sienta fatal a la letra, una letra que habla de decepciones, de sueños perdidos, de derrotas y tristezas. Le va mucho mejor el ritmo pausado y melancólico que usa su cantante original.

"Si pudieras leer mi mente, amor,
menuda historia te contarían mis pensamientos,
igual que una película antigua
sobre el fantasma de un pozo de los deseos
en un castillo oscuro o recia fortaleza,
con cadenas en mis pies.
Sabes que ese fantasma soy yo.
Y nunca conseguiré ser libre
mientras sea un fantasma que puedes ver.

Si yo pudiera leer tu mente, amor,
menuda historia me contarían tus pensamientos.
Igual que una novela barata
del tipo que venden en las gasolineras.
Cuando alcanzas la parte en que el dolor de corazón llega,
el heroe sería yo.
Pero los heroes a menudo fallan.
Y no leerías ese libro de nuevo,
porque el final es simplemente demasiado difícil de soportar.

Me alejaría como una estrella de cine
que se ha quemado en un papel de tres personajes.
Que aparezca el segundo personaje,
una diva de película para hacer la escena
de sacar todas las cosas buenas que hay en mí.
Pero ahora amor, seamos realistas...

Nunca pensé que pudiera comportarme así
y debo confesar que no entiendo por qué.
No sé donde nos hemos equivocado,
pero el sentimiento se ha ido
y no puedo hacer que vuelva.

Si pudieras leer mi mente, amor,
menuda historia te contarían mis pensamientos,
igual que una película antigua
sobre el fantasma de un pozo de los deseos
en un castillo oscuro o recia fortaleza,
con cadenas en mis pies...
pero las historias siempre terminan.

Y si lees entre lineas
sabrás que estoy intentando comprender
los sentimientos que no tienes.

Nunca pensé que pudiera comportarme así
y debo confesar que no entiendo por qué.
No sé donde nos hemos equivocado,
pero el sentimiento se ha ido
y no puedo hacer que vuelva."


("If you could read my mind" Gordon Lightfoot)

Escuchadla. Os la recomiendo. A mí me encanta.

Breves sueños

Breves sueños

Ya he dicho algunas veces que no suelo recordar mis sueños. En el caso de que los recuerde al despertarme, suelen olvidárseme al poco, dejándome sólo una sensación vaga.

Aún así he tenido sueños recurrentes.

Concretamente recuerdo dos.

En uno tengo que llegar pronto a algún sitio. Sea por tener un examen, porque me hayan llamado, porque haya quedado...
Y no es que me cueste avanzar, como he leido que pasa en los sueños de los que tuvieron problemas para salir del útero al nacer, sino que la distancia se alarga. Cada paso que doy siento que me cansa mucho y no avanzo casi nada. La distancia es tan enorme...

El otro sueño recurrente es bizarro. De repente me doy cuenta que estoy enmedio de la calle en pijama y zapatillas. O algunas veces en calzoncillos. Creo que una vez fue que estaba desnudo. Y me daba cuenta que había llegado hasta ese lugar así, sin que me importara que los demás me miraran o hacer el ridículo. Y de repente era como si despertara de un trance y me diera cuenta del ridículo que estaba haciendo. Y daba media vuelta analizando la distancia que me quedaba para volver a casa, haciendo como si siguieran sin importarme las miradas de los demás (ofendidas, jocosas, asombradas, acusadoras) pero sí que me importan. Ando de vuelta a mi casa pensando que narices me ha pasado y sintiéndome totalmente avergonzado, deseando haber seguido en el trance para no sentirme tan mal por dentro.

No recuerdo haber tenido nunca un sueño erótico aunque si tuve poluciones nocturnas en mi adolescencia. Y he tenido sueños de heroes y violencia, de ser el protagonista de una película de acción, he vuelto a ver en sueños a compañeros de colegio que no eran amigos y me pareció extraño soñar con ellos. He muerto en algunos sueños pero no me despertaba cuando pasaba, sino que saltaba a otro personaje del sueño y a partir de ese momento ese era yo y el muerto también era yo pero ya no estaba. He soñado con que era una mujer o que era varias personas en el mismo sueño. He soñado alguna vez que soñaba algo y al despertar seguía soñando hasta despertarme de verdad.

Si es que alguna vez nos despertarmos de verdad...

Me encantaría acordarme de mis sueños siempre y con detalle. Debe ser algo genial, como un subidón de endorfinas.

El precio de la empatía.

El precio de la empatía.

Hablando sobre lágrimas estos días he pensado sobre algo.

En cuanto veo a alguien llorando suelen humedecérseme los ojos. Y muchas veces se me escapa por la comisura una lágrima.

En un lugar encuentro esta definición de Empatía: “Empatía: habilidad que posee un individuo de inferir los pensamientos y sentimientos de otros, lo que genera sentimientos de simpatía, comprensión y ternura”

Hace poco nos saturaron con las imágenes del duelo de los cristianos por la muerte del papa. Y aunque en principio, pensándolo con la cabeza, no tuve ganas de llorar (era un hombre muy mayor y enfermo que estaba sufriendo. Ya no me adscribo a la religión que representaba, pero no deseaba su sufrimiento al igual que no deseo el sufrimiento de mucha gente), luego vino el aluvión de lágrimas ajenas y alguna se me escapó.
Y también se me escaparon con el tsunami, con los civiles de Irak, con el 11 (sea S o M), con el sufrimiento de las personas que aparecen en "Gente" o en los telediarios, con el ver llorar a alguien por la calle...
Y también por las cosas más directas: sentir que algún amigo está llorando, la muerte reciente de mi abuela, la muerte de personas queridas, sentirte sólo y hundido...

Lloro demasiado, tal vez. La empatía es buena para poder comprender y aceptar a los demás y sus modos de pensar. Pero no si te dejas avasallar por los sentimientos ajenos y te pasas el día llorando por otros o cambiando tu modo de actuar por que sientes que otros van a llorar si actuas como deseas.
No es que prefiriera no sentirla. Creo que al saber ponerme en el lugar de otros me esforzaré siempre en ayudar y apoyar a alquien querido cuando se sienta mal, contra vienyo y marea. Gracias a esa empatía seré fiel y no le fallaré, atento, cariñoso... No tendré problemas de pensar que puedo parecer un aparentador, que puede parecer que hago las cosas para que otros digan "míralo, que bueno es, que majo". No, no lo pienso porque yo sé que me preocupo sinceramente.
Lástima que a veces esa empatía me falle para comprender a gente que tengo muy cerca, para comprender por qué la Estrella se ha perdido en el espacio de lo mundano, por qué hago daño si conscientemente no me lo propongo.
Parece que me es más fácil empatizar con los que no conozco y tengo lejos, que con los más cercanos y las cosas que me pasan.
Lógico si pensamos que nunca somos totalmente objetivos respecto a nosotros mismos.
Ilógico si pensamos que los que tenemos cerca y nosotros mismos somos las personas sobre las que tenemos mayor información, y de primera mano.

Debería aprender a orientar correctamente esa empatía no sólo hacia el cariño hacia los que quiero, sino también hacia la prudencia. Y debería aprender a no dejar que la emoción entre con las puertas abiertas de par en par. No negarla pero tampoco dejarme ahogar por ella y olvidarme de mí.

Supongo que es otra parte del proceso de madurar, de evolucionar. Pero tengo que tener cuidado, porque no considero la empatía como algo malo, sino como una virtud.
Tampoco quiero perderla.

El gusano que sabía hacer llorar

El gusano que sabía hacer llorar

Hoy debería llorar, quiero llorar y no tengo ganas.
Hace sol y quiero que llueva. Me siento físicamente normal y me encantaría que me diera un cólico que me pasara la mañana y la tarde licuándome por los orificios superior e inferior del sistema digestivo, con los músculos del vientre gritando de agonía, y las lágrimas saliéndoseme como agujas de los ojos ante el dolor de cabeza.
Hoy me encantaría leer en otros lugares sobre felicidad y esperanza para intentar convencerme a mí mismo de que jamás viviré cosas parecidas y poder hundirme en la relajante autocompasión, sentirme una rata, un chulo de joder, tumbarme en el suelo para escupir al aire y que me caiga a mí mismo encima.
Hoy querría tener la estupidez masoquista suficiente para estarme dos horas asomado a la terraza, temblando agarrado al apoyabrazos sintiendo como todo el cuerpo me grita "saltasaltasalta" y sufrir tanto miedo que se me doblen las rodillas.

Ayer hice llorar a alguien.

Me paso la vida intentando evitarlo. Me digo que jamás pasará. Que como no quiero hacerlo no sucederá.

Una vez un amigo me dijo que era especialista en cabrear a la gente con una frase. Me sorprendió porque cuando eso pasó no lo estaba intentando. Al menos conscientemente. De hecho si lo intento a propósito no me sale. Es algo curioso.

Ayer las palabras brotaron que ni elegidas. Ese momento en el que digo algo que me parece lógico y a los dos minutos yo mismo pienso "pero por qué narices he dicho eso" me llenó.

Me siento mal. Mental, moral, esencial, reflexiva y sentimentalmente mal.

Pienso que entiendo a la gente y acepto como es y de repente actuo como si no fuera así. Pienso que sé elegir las palabras para calmar y hacer sonreir y de repente descubro que lo que escupo son agujas directas a las corneas ajenas.

A veces pienso que sufro un desdoblamiento de personalidad. Pero ambas personalidades son tan parecidas, que sólo hay rasgos en las que se diferencian, que salto de una a otra y que una de ellas es un ser insensible, que no jode porque disfrute con ello, sino porque no se preocupa, le da igual lo que pase, no le importa nadie.

Intento ser de una manera y hay días que siento que por cada paso que he avanzado hacia adelante en un segundo doy mil saltos atrás.
Tengo que levantarme, aceptar lo hecho y seguir, esperando no volver a repetir lo malo.

Pero os juro que a veces me parece que no voy a llegar a ninguna parte. Y es una mierda.

"...igual es de una secta..."

"...igual es de una secta..."

"No entiendo como alguien se puede implicar emocionalmente a través de internet" dijo mi madre.

Ayer se me sentó en la cama con su habitual gesto de preocupación a preguntarme "a ver si me cuenta que pasa, quien esa esa persona que te llama todos los días".

Ya la tenemos montada, pensé. A pesar de que ya sabía la reacción que iba a provocar le conté que era una chica que había conocido por internet y que me llamaba a menudo (de hecho habíamos estado hablando un rato antes y supongo que algo debió oir de la conversación mi madre que se decidió a preguntarme)

Y lo que me temía pasó. Incomprensión. "Ya te la han metido doblada antes (no lo dijo exáctamente así pero decirlo así es el resumen perfecto para lo que me dijo)...no sé como se puede contar tu vida a un desconocido...mira que he visto en televisón como mienten y te dicen que son de otra manera, recuerda a la chica, por llamarla de alguna manera, esa de Barcelona que te tomó el pelo a base de bien..."
Extractos de la conversación. Nunca he tenido la capacidad de recordar las frases exactas. Pero os podeis imaginar el resto.

Mi madre tiene miedo por mí. Pero lo que tampoco puede esperar es que yo le tenga miedo a todo. ¿Que me la han metido doblada antes? Pues sí. Y no sólo por internet. También conociendo gente en persona. ¿Debería no salir de casa, renunciar a conocer gente, porque ya me ha pasado eso antes?
¿Que me han mentido antes? Sí. Y también hay gente que me ha dicho la verdad.

Mi madre lo que no comprende no lo considera bueno. Es una reacción hasta cierto punto lógica. Y si no fuera porque sé que se preocupa sinceramente (porque ya me ha visto jodido muchas veces) no influiría tanto lo que me dice.

Yo creo haber aprendido de experiencias pasadas. Ahora puedo parecer más cauteloso y en parte es efecto del miedo a volver a pasarlo mal. Creo haber aprendido y a lo peor vuelvo a caer en un mal momento causado por lo que me pase con la gente que conozco por internet. Yo creo que no, pero sé que puede pasar. Pero si me dejo dominar por el miedo, es que puedo llegar a no salir nunca de casa por si me cae un trozo de teja en la cabeza y me mata. Ni siquiera en casa estaré seguro, cualquiera puede entrar a robar.
Yo no me considero inmunizado ante las demás personas. Van a poder hacerme feliz o triste, no sé sustraerme de lo que me hacen sentir.
No sé dejar de confiar. Puedo forzarme a ser precavido, a tener cuidado, pero en el fondo seguiré confiando en la gente. A pesar de todo lo que he pasado.

Creo haber sido ecuánime cuando hablé con mi madre. Tranquilo, reflexivo y comprensivo con sus miedos. Aun así no creo haberle quitado la inquietud.

"Eres demasiado inocente" me ha dicho. Y no como piropo. Tampoco como insulto. Simplemente enunció un hecho que tiene por seguro. Que cree sinceramente que me dejo influenciar demasiado por los demás.
Tal vez sea cierto. Al fin y al cabo el miedo que sin querer (espero) me ha inculcado toda la vida a los desconocido, ha sido influencia suya.

Yo ahora me siento un poco incomodo por su actitud, para nada enfadado o molesto o rebelde o sumiso. Yo creo que tengo claro como debo actuar. Y acierte o me equivoque, nadie puede decidir por mí.

"igual es de una secta, no sabes nada de ella" me dijo en cierto momento mi madre.

O igual es una persona que va a cambiar mi vida para mejor.

Maitena

Maitena

Supongo que algunos ya la conocereis.
Argentina, madre, esposa y ex-esposa, y humorista.

Personalmente me encanta la fina ironía de sus viñetas, como trata (o mal-trata con cariño) las relaciones de pareja, las indecisiones masculinas y femeninas, lo que ve y lo que piensa.

Valga de ejemplo estos dos chistes suyos(sin las viñetas claro, pero se entienden sólo con el texto):

La mala suerte de las buenas mujeres. O porqué lo que algunos hombres aprenden cuando se equivocan se lo cobran a la persona equivocada.

A su ex que no trabajaba le pagaba hasta el astrologo. Contigo, que te deslomas, comparte los gastos.
A su ex que lo trataba como un gusano, la seguía por todos lados. A tí que lo respetas te deja esperando horas una llamada.
A su ex que lo hacía sufrir, la entendía. A tí que le haces feliz, te cuestiona.
A su ex que estaba loca, la calmaba. A tí al primer nervio te interna en un psiquiátrico.
A su ex que era dependiente, la trataba como una hija. A tí que te haces cargo te trata como una madre.
A su ex que no le daba nada, no le pedía nada. A tí que se lo das todo, te pide mas.

Cual es la diferencia...
...entre ser delgada y estar buena. Tres horas semanales de gimnasio.
...entre un amigo íntimo y un novio. Una noche.
...entre comer sano y comer rico. 800 calorias.
...entre la cerveza y el pis. 5 minutos.
...entre un canalla y un psicópata. Cuatro sesiones de psicólogo.
...entre lo bello y lo feo. Una temporada de moda.
...entre tener un atraso y estar embarazada. Una semana.
...entre algo bonito y algo bueno. 500 euros.
...entre una hechicera y una bruja. Dos años de matrimonio.

Pero el que más me impactó del libro recopilatorio de sus chistes que estaba leyendo es este, porque te puedes reir, pero en el fondo es para llorar un poco.

Esas peligrosas enfermedades que amenazan al amor:

La desesperación: Quiéreme! Por favor, quiéreme!
La dependencia: Si no me quieres... me muero.
La inseguridad: Si? De verdad me quieres?
La desvalorización: Como me puedes querer a mí?
La renuncia: No...si tu no quieres, yo tampoco quiero.
La culpa: Claro que te quiero...cómo no te voy a querer?

Pensad. Pensad en cuantas veces hemos cometido estos errores. O cuantas veces los hemos visto cometer. O incluso que los estamos cometiendo ahora y no nos damos cuenta.
Hay tantas cosas que vigilar, tantos impulsos que nos nacen sin darnos cuenta, aunque tengamos la "guardia alta", a veces los males nos atacan por un lado que no esperamos.
Hay que cruzar los dedos, supongo. Intentar hacerlo lo mejor posible. Confiar y querer.

Y a veces, hasta sale bien.

Decepción.

Decepción.

Paquilou, no he podido escribir en tu blog, otra vez me dice que no se puede (en este caso porque dice que el artículo ya ha sido retirado, que ya no existe. Cosa curiosa cuando me lo dice a la vez que lo tengo delante...)

Así que te comentaré aquí.

Yo sé lo que es desconfiar de todo y de todos en internet. Pasaba por ello tras cada nueva decepción. Metía en el mismo saco a la generalidad por un sólo ser.
Supongo que es una reacción normal. Magnificadas por los sentimientos del momento, la opiniones se hacen extremas.

En este caso además podría sentirme aludido. Al fin y al cabo yo escribo en tu blog. Pero no me siento aludido. Me preocupa que se desconfíe de mí cuando no creo haber dado motivos para ello, pero aparte de eso, yo sé que he sido sincero y lo que sieto y digo. Así que por qué preocuparme...
Pues me preocupo porque te ha dolido. Entiendo que te sientas como si él fuera uno de los mismos sobre los que trata de advertirte.

Llevo años en internet. Por mi experiencia sé que en este mundo las cosas terminan pasando. Las ganas de hablar con alguien se convierten en compromiso molesto. Terminas acumulando tantos correos electrónicos que empiezas a desecharlos hasta que al final puedes no conservar ni uno. Y más si a la otra persona le pasa lo mismo.

¿Pero eso no pasa también fuera de aquí? En internet es más fácil que pase, vale. La distancia, los horarios, el no verse en persona... todo ayuda.

Pero también sé que tengo una amiga que desde hace ocho años ahí está, al pie del cañón, haciendo lo que puede en la distancia. Y el contacto se conserva y se agradece.
¿Por qué no puede volver a pasar? Por supuesto que habrá gente cuyo camino pasará por el mío un trecho y después nos distanciaremos. Pero no puedo meter a todos en el mismo saco, sería injusto y además falso.
Cuando establezco contacto habitual con alguien no es pensando que pasará la sensación, sino que el contacto evolucionará, cambiará de colores y finalmente se hará estable. Dulcemente estable.

Yo creo que en verdad cree que te quiere avisar de un peligro. Pero pienso que está tan dolido por algo que generaliza demasiado, no lo habla sino que sentencia y además no ha valorado si ese "antes de borrarlo, leelo" ya presupone que no vas a volverle a hablar porque te va a hacer mucho daño y no cree que le vayas a perdonar. Ya se está despidiendo de tí de antemano.

Hay lobos, claro que sí. Ya hemos hablado de ellos. Pero yo creo que tienes la suficiente cabeza para ver y distinguir un poco. Yo confio en tí y en tu criterio. Y si te equivocas (o creo que te equivocas) te diré mi opinión y te dejaré decidir. Y lo haré esperando que mañana me digas "te equivocaste, tontolculo" con una sonrisa y pasemos a hablar de otra cosa, habiendo aprendido yo algo. O si tengo razón que sepas que te apoyaré en lo que sea.

Porque así es como me quiero comportar con mis amigos.

Y por cierto, yo no hice la comunión de trajecito, pero estabas muy mona con esos lazos y ese espacio entre los dientes (yo también tengo uno ;) ).

Siento lo de tu abuela. Yo perdí a la última que me quedaba a finales de diciembre.
Los recuerdos son muy gratos y la mantienen viva.

Un beso andaluza.

Para estirar las arrugas en la frente

Para estirar las arrugas en la frente

(esta canción es para tí, Su)

Mirad esos ojos unos segundos.

Se llama Anggun. Y una vez (y docenas de veces), cantó esto:

"Sólo dime que todavía me quieres aquí
cuando vagues lejos,
hacia esas colinas de polvo y fuertes vientos soplando,
en ese seco oceano blanco, sólo.

Perdido en el desierto. Estás perdido en el desierto.

Pero para permenecer contigo en un anillo de fuego,
olvidaré los días pasados.
Protegeré tu cuerpo y defenderé tu alma
de los espejismo ante tus ojos.

Perdido en el desierto, estás perdido en el desierto.

Si tus esperanzas se dispersan como el polvo en tu camino, seré la luna que brillara en tu sendero.
El sol puede que ciegue tus ojos, rogaré a los cielos sobre nosotros, porque la nieve caiga en el Sahara.
Si ese es el único lugar donde puedes apartar tus dudas, te sostendré y seré tu camino de regreso.
Y si ardemos, rogaré a los cielos sobre nosotros, porque la nieve caiga en el Sahara.

Sólo desealo y cubriré tus hombros con velos de seda y oro cuando las sombras vengan y oscurezcan tu corazón,
dejándote con remordimientos, tan fríos...

Perdido en el desierto, estás perdido en el desierto.

Si tus esperanzas se dispersan como el polvo en tu camino, seré la luna que brillara en tu sendero.
El sol puede que ciegue tus ojos, rogaré a los cielos sobre nosotros, porque la nieve caiga en el Sahara.
Si ese es el único lugar donde puedes apartar tus dudas, te sostendré y seré tu camino de regreso.
Y si ardemos, rogaré a los cielos sobre nosotros, porque la nieve caiga en el Sahara.
"

("Snow in the Sahara" Anggun)

(el término "anillo de fuego" en inglés hace referencia a una situación de grave peligro)

Esta canción hay que oirla para apreciar toda su belleza, os lo recomiendo sinceramente.

Y esta canción es otra de mis canciones de lágrimas. Pero a diferencia de otras, al oir esta canción sonrío al llorar. Porque no puedo evitarlo, porque necesito hacerlo, porque no siento que las lágrimas me estén rompiendo por dentro, sino que lo que brota de mis ojos es vida, salada y chispeante vida. Sonrío mientras las lágrimas gotean desde la curva de mi barbilla, porque se puede llorar de alegría, de esperanza, de plenitud.
Y esta canción me hace llorar de esperanza. De esperanza de alcanzar esa fuerza, de sostener con mi amor a alguien en sus momentos duros, de acompañar sus más oscuros y áridos momentos y regarlos con mi agua, si lloraré será para devolverle la esperanza, la vida. Si lloraré será de alegría porque preferiré estar con esa persona perdido en el desierto que cómodo y sólo en algún lugar seguro. Esa persona sabrá que con una sóla palabra pidiendo mi agua (o una mirada, o un suspiro, o un gesto...) correré a verterla toda sobre su aridez.

Esta canción habla de fuerza, de confianza, de esperanza ante todo lo oscuro. Porque el amor abre caminos, trae luz a lugares que necesitan ser iluminados, se abre paso arrollador dentro de nosotros y ya no somos uno.
Somos uno en dos cuerpos. Apoyándose mutuamente, curándose mutuamente. Y haciéndose felices el uno al otro.

Animo.

Celtas, pero sin fumar.

Celtas, pero sin fumar.

Recuerdo que esta portada me encantaba. Cuando ojeaba los BID (actual discoplay, un catalogo de venta de discos y algo de merchandising por correo) de mi hermano mayor recuerdo que llamaba mucho la atención ese celta a caballo.

Nunca me han terminado de gustar los Celtas Cortos. Demasiado "somos muy reivindicativos socialmente", y eso siempre me hace sospechas porque luego la mayor parte de los que van de antiglobalización no dan un duro a esas causas, es decir, mucha palabra (o música) y poca acción.
Pero bueno, eso es independiente de como canten y toquen. Y por mal que me cayeran ellos, cuando se ponían, hacían música acojonante (con perdón por la expresión).
Principalmente dos canciones me encantan, "Lluvia en soledad" y esta, "La senda del tiempo".

"A veces llega un momento en que te haces viejo de repente.
Sin arrugas en la frente, pero con ganas de morir
Paseando por las calles todo tiene igual color.
Siento que algo echo en falta, no sé si será el amor

Me despierto por las noches entre una gran confusión
Esta gran melancolía está acabando conmigo
Siento que me vuelvo loco y me sumergo en el alcohol
Las estrellas por la noche han perdido su esplendor

He buscado en los desiertos de la tierra del dolor
y no he hallado mas respuesta que espejismos de ilusión
He hablado con las montañas de la desesperación
y su respuesta era sólo el eco sordo de mi voz

A veces llega un momento en que te haces viejo de repente.
Sin arrugas en la frente, pero con ganas de morir
Paseando por las calles todo tiene igual color.
Siento que algo echo en falta, no sé si será el amor
"

("La senda del tiempo" Celtas Cortos)

Como explicarlo... como contar todas las veces que me sentido gritandole a las montañas y sólo yo oyendo mi voz, mi eco, cuantas veces he dicho de corazón "me siento más viejo de repente", cuantas noches en vela, cuanta sensación de haber perdido los colores y los brillos en la vida...
Esta canción siempre ha resumido mis mas hondos estados de depresión. Y oirla me hace llorar (un día os pondre la lista de canciones que me hacen llorar cada vez que las oigo, seguro, siempre, sin que fallen nunca la lágrima, aunque sea sólo una) pero también me calma un poco, porque siento que alguien supo plasmar en música y palabras lo que inundaba mi alma en cada segundo de tristeza.
Sólo por eso, benditos seais, Celtas Cortos.

(gracias a Su por la inspiración de hoy con las respuestas de su cuestionario musical)

Será el calor...Un relato, una fantasía.

Será el calor...Un relato, una fantasía.

Este es el primer relato erótico digno de tal nombre que escribí hace años, siendo muy joven...

Hoy tenía ganas de mostraroslo. Será que llega el calor y la piel se pone más sensible...

(la imagen es un fragmento del cuadro "La caricia", de Julio Daniel Rodriguez Berneo)

"NOCHEVIEJA

Cuando bajé al portal, ahí estaba. Entre la verja y la puerta interior. El rojo de su vestido fue como un latigazo en mis ojos que me acompañó a la salida del ascensor. Más detalles se descubrieron ante mí al acercarme a la puerta. Un abrigo negro en sus brazos. Cabello castaño, tan claro que dudo si no llamarlo mejor rubio. Mirada al suelo y cortos paseos en el pequeño espacio. Me vino a la cabeza la imagen de un tigre enjaulado. Poderoso, terríblemente bello, pero preso.
Cuando abrí la puerta se giró hacia mí, como si me estuviera esperando. Cruce de miradas y se me antojó que sus ojos verdes brillaban, lanzaban chispas que chocaban en los míos. La mirada se sostuvo un segundo más de lo debido para que fuera casual, hasta que la sonrisa nació en sus labios, pintados del mismo rojo brillante de su vestido. Vestido de corte oriental, cuello alto y hombros y brazos al descubierto. Corte lateral en la falda mostrando en breves aleteos una generosa fracción de su muslo. La sonrisa se mantuvo como el tajo en su falda: omnipresente, misteriosa, insinuante. Pero su falda dejaba entrever la oscuridad de sus medias, su sonrisa por contra, la blancura de sus dientes. Su voz surgió de entre ellos, aunque creo que no la oía, sino que el significado de sus palabras volaban en el brillo de su mirada y me llegaba directamente a la mente.
"Hola. Se puso a llover un poco y entré aprovechando que lo hacia una señora para no mojarme el pelo, pero ahora..."
"Ahora no sabes como abrir la verja de salida, no?"
Mi sonrisa reflejo la suya, que creció un poco más. La mirada de los dos se volvió hacia la verja, que adolecía de una manilla interior. La comunidad de vecinos habíamos decidido poner esa verja exterior hacia poco. Estando situados en zona de bares evitaba que los borrachos entraran a vomitar a nuestro portal. Señalé el botón blanco junto a los llamadores de los timbres de los pisos.
"Se abre apretando ahí"
Extendí la mano para mostrárselo, pero ella se me adelantó. Mi mano quedó a unos milímetros del botón...y a uno sólo de la suya.
Juro que creí sentir el calor que despedía su piel. Nuestras miradas volvieron a cruzarse mientras sonaba el zumbido y el chasquido que indicaban la apertura de la verja. No puedo explicar que se dijeron nuestros ojos, pero fue algo cálido, mágico. No retiramos las manos, ninguno tenía prisa ya. Rocé su mano con mis dedos, suavemente. Tembló ligeramente, pero no la retiró. Yo me comportaba como un extraño para mí mismo, me sorprendía lo que estaba haciendo. Pero no podía ni quería parar. Deslicé mis dedos cuidadosamente por la cara interna de su antebrazo. Ella cerró lentamente los ojos y su sonrisa cambió, convirtiéndose en una sonrisa de placer. El dorso de mis dedos paso suavemente por su codo y se deslizo por la sensible y calida carne de su bíceps. Se mordió el labio inferior y un levísimo gemido surgió de su boca.
Yo estaba hechizado. Su sonrisa, su mirada, su piel, aquel gemido. Mis dedos llegaron a la tela de su vestido mientras acariciaban su hombro. Me detuve dudando, no si dejar de tocarla, sino el camino que tomaría a partir de ahí. Subir hasta la curva de su cuello? Deslizarme por su costado hasta la cintura? Hacer rodar mis dedos y rozar sus pechos por encima del vestido?
"Ana!"
Abrió los ojos de golpe y yo retiré la mano con la rapidez de una serpiente. Volvimos a tener consciencia del mundo a nuestro alrededor. El momento que compartíamos se desvaneció como el humo. Y descubrí que nuestras respiraciones estaban agitadas y mi corazón palpitaba a todo ritmo. Ella se giró hacia el exterior del portal y yo maldije por lo bajo. Un chico trataba de mirar por encima de la gente que se agolpaba en el exterior de la discoteca enfrente de mi edificio. Gritaba el nombre. Su nombre. Pero no miraba en nuestra dirección.
Ella se giró una última vez en la verja. Sostuve su mirada y me descubrí diciéndole el piso y la letra del apartamento donde vivía. Solo dije ese número y esa letra. Ella sonrió una vez más y salió. La vi llegar junto al chico y llamarle. Hablaron un minuto y luego, tomados del brazo, se alejaron. Yo me quedé en el portal. Miré mi mano. Recordé la sensación de acariciar la piel de aquella extraña y mi mano tembló un poco, como protestando el haber perdido la delicia de aquel contacto y gimiendo por mas.
Suspire y partí a reunirme con mis amigos, para celebrar la nochevieja.

Eran las cuatro de la tarde del día siguiente, el primero del año, cuando abrí la puerta de casa. Ana se giró y nuestros ojos volvieron a quedar presos. Ya no había maquillaje en su rostro. Mejor. Su belleza me pareció más natural. Vestía mas apropiadamente para el frío de las fechas. Cuello azul claro de la blusa surgiendo de lo alto del jersey blanco. Pantalones vaqueros negros y botas marrones de puntera estrecha. Abrigo marrón y el mismo bolso de la noche anterior.
"Debo haberme vuelto loca. No te conozco. No sé quien eres. Pero anoche, cada vez que Tomás me tocaba sentía ganas de apartarme. No podía dejar de recordar tus manos y como me acariciaron. Llegué incluso a fingir que estaba demasiado bebida para acostarme con él. No podía soportar pensar que me iban a tocar otras manos que no fueran las tuyas."
Miré mi mano. No es que me desagradara, pero tampoco encontraba nada en ella digno de elogio. Aquellas manos tenían realmente el poder que aquella chica les atribuía?
Alcé de nuevo la vista y mi mano acompañó su recorrido hasta su mejilla. El dorso de mi índice rozó suavemente su piel. Recorrí el camino hasta que toqué el lóbulo de su oreja y luego avancé por la línea de su mandíbula hasta la barbilla. Ella mantuvo sus ojos clavados en los míos durante toda la caricia. Al final alzó su mano hasta la mía y la sostuvo. Giró la cabeza y apoyó sus labios en mis dedos. No los besó, sino que más bien los acarició. Sus labios cerrados los recorrieron. Aquello me produjo un cosquilleo maravilloso en ellos, hasta hacerlos temblar ligéramente. Entreabrió la boca y deslizó mis dedos dentro de ella. Sentí su lengua lamer con suavidad las yemas y apretarlos con su boca. Cuando retiró los labios di un paso atrás y con un gesto la invité a entrar. La puerta se cerró tras nosotros."

...te devuelve la mirada...

...te devuelve la mirada...

Yo lo llamo "síndrome del abismo", por la famosa frase de Nietzsche.

Ya sé que a veces me pongo un poco melodramático...

Ignoro si es el proceso normal de todo vértigo. Al fin y al cabo yo sólo conozco el mío, agradecería que me comentaran los que lo sufren como lo sienten ellos.

El caso es que cuando me encuentro en una cierta altura lo sufro. Pero no es que me maree. No es sólo que se me doblen un poco las rodillas y tenga que sujetarme a una barandilla, pared o lo que sea. Es que siento una horribles ganas de saltar. De arrojarme, de tirarme, de impulsarme y lanzarme. Yo no sólo siento miedo a las alturas, es que siento que el vacío me llama.
Cuando estoy en un sitio elevado tengo que agarrarme a algo porque tengo ganas de tirarme.

No es racional, ni siquiera voluntario, no tengo la menor gana, idea o intención de suicidarme.

Y es que encima vivo en un sexto. Pensareis que pasándome eso no salgo nunca a la terraza.

Pues no. A veces he salido a intentar afrontarlo, pero cuando me parece que las ganas de saltar, el caerme adelante, el impulso de arrojarme, se hacen demasiado fuertes me retiro. Tampoco es cuestión de arriesgarme demasiado. E incluso un par de veces salí a sufrirlo para pensar como sería saltar y acabar con todo.
No sé como afrontar este problema físico, o del equilibrio o de lo que sea. Tal vez tenga que ponerme a hacer puenting hasta aburrirme para perderle el miedo a saltar. Pero para que salte una primera vez, por mucha cuerda doble que haya, va a ser un poema verme intentarlo.

Por ahora dejaré de pensar en el problema físico y trazaré una analogía de personalidad. Creo que a veces tenemos ese miedo y esas ansias. Sabemos que algo nos va a hacer daño. O lo tememos. Pero aún así lo hacemos, saltamos, nos arrojamos. Y no por confianza en salir bien, o esperanza en que se arregle y mejore. Sino porque por mucho que racionalizemos, pensemos, reflexionemos, oigamos experiencias parecidas que nos sirvan de referencia... ese punto tan adentro, ese abismo en sí mismo que llevamos dentro, tan oscuro que no sabemos como mirarlo ni como interpretarlo, nos impulsa a ello. Y a veces ataca con una fuerza tal, que cuando se insinua en u mente el primer "un momento, que estoy haciendo", ya estás en caida libre y con el suelo o la negrura acercándose.
Hay veces que no es cuestión de arriesgarse y pagar precios. Hay veces que el desastre está ahí, es seguro.
Y lo hacemos igual.

El Sabina cantando bajo la lluvia...

El Sabina cantando bajo la lluvia...

Yo no tenía ganas de reir,
tú reías para no llorar;
yo le guiñaba un ojo a mi nariz,
tú consolabas a tu soledad.

Yo sin ninguna escoba que vender,
tú con mil y una noches que olvidar;
a mí no me quería una mujer,
a ti se te moría una ciudad.

Tú habías perdido el último autobús,
a mí me habían hechado de otro bar;
los mismos alfileres de vudú,
el mismo cuento que termina mal.

Pero quiso el cielo
bautizar el suelo
con su gota a gota
y con champú de arena
para tu melena
de muñeca rota
y tu mirada azul
me dijo a cara o cruz
y mi alma de tahur
lo puso a doble o nada.

Y los peces de colores de mis botas
y tus marchitos zapatitos de tacón
locos por naufragar
salieron a bailar
al ritmo de la lluvia sobre las capotas
el rocanrol de los idiotas.

Yo no venía de ningún país,
tú ibas camino de cualquier lugar;
conmigo no contaba el porvenir,
de ti no se acordaba el verbo "amar".
Yo no jugaba para no perder,
tú hacias trampas para no ganar;
yo no rezaba para no creer,
tú no besabas para no soñar.

Y sin equívocos de vodevil
ni alertas rojas en el corazón
el dios de la tormenta quiso abrir
la caja de los truenos y tronó,
porque quiso el cielo
acariciar el suelo
con su gota a gota
y con champú de arena
para tu melena
de muñeca rota.

Qué disparate de
partida de ajedrez
con un partenaire
adicta al jaque mate.

Y tu bolso como un nido de gaviotas
y mi futuro con pan duro en el cajón
locos por naufragar
salieron a bailar
al ritmo de la lluvia sobre las capotas
el rocanrol de los idiotas.

Capeando el temporal
salieron a bailar
como dos locos bajo el chaparrón de notas
del rocanrol de los idiotas.

El rocanrol,
el rocanrol de los idiotas.
Como tu y como yo.
El rocanrol de los idiotas.

Se marcó la calle
con aquel detalle
de dejarnos solos.
El rocanrol de los idiotas.

Y por casualidad
comenzó a tocar
la flauta de Bartolo.
El rocanrol de los idiotas.

Go Johnny go, go, go.
El rocanrol de los idiotas.
All you need is love.
Y bailar
El rocanrol de los idiotas.

A vam ba baluba balam bam bu.
Tutti frutti.
El rocanrol de los idiotas.
Don't worry.
El rocanrol de los idiotas.


(El Rocanrol de los Idiotas - Joaquín Sabina)

Porque nunca sabemos como llega... ni como va a ser... ni con quién... pero cuando aparece... tormenta :)

Las caras del amor

Las caras del amor

En un manga (comic japonés) encuentro esto. Son tres personas, tres de los protegonistas del mismo, hablando sobre el amor:

Primer personaje:
"El paraiso consiste en ser amado.
Yo soy amada y eso me hace sentir segura. Todo mi pasado lleno de angustias y pesares ha desaparecido, ya que me aman.
Al ser amada, ya no tengo que preocuparme de nada, ahora me siento fuerte.
Pero aún temo perder ese amor. No puedo resistir la idea de que vuelva a ser todo como antes de que me amaran.
El amor me hace fuerte y débil al mismo tiempo."


Segundo personaje:
"Odio la sola idea del amor.
Para mí el amor es un infierno. Todos lo buscan y se desesperan cuando no pueden conseguirlo llegando incluso a destruirse a sí mismos.
Conozco por mi propia experiencia que el amor significa un anhelo inalcanzable y acaba engendrando odio. Intentar ser amado con la misma intensidad que uno ama es algo parecido a la locura.
No hay peor castigo divino que el sufrimiento experimentado por aquellos pecadores que se atreven a amar."


Tercer personaje:
"Ahora estoy enamorada.
Me da miedo reconocerlo. Temo que al hacerlo algo en mí cambie para siempre. Ya nunca volvería a ser la misma.
Me da miedo amar."


Y me pongo a pensar por cuantos de esos pensamientos he pasado a lo largo de mi vida.

Por todos.

Desde el anhelo del primer personaje de amar, sus dudas, la sensación que no quiere perder y el miedo no sólo a perderlo, sino también a que cambie, que deje de causar felicidad y pase a causar dolor.
Ese paraiso de sentimientos que experimentamos al principio, esa burbuja por cuyas paredes no pasa la tristeza pero que es burbuja de jabón y va a terminar explotando. Y hay qe adaptarse a la vida, con sus penas y miseras y alegrías ajenas al amor, o al explotar las paredes de jabón sentimos frío, sentimos miedo...
He pasado también por el odio al amor. He pasado por la época de mirar a las parejas que se besan, que pasean juntas, que ríen juntas y odiarlas. Inundar la mente de pensamientos oscuros deseándoles una pronta ruptura porque nos soportaba verles felices y juntos y yo sólo y triste. Desprecié el amor tildándolo de algo inútil, pensando que en él sólo era válido el sexo, que lo demás eran vorágines de emociones que terminaban por desgarrarte, por llenarte de celos, tensiones, miedos, dudas y sufrimiento, hondo profundo e insondable sufrimiento. ¿Para qué amar si al final, cuando acaba, y siempre acaba, quedas más roto de lo que estabas antes? pensaba. Para qué alzarse más cuando ibas a caer, si así te ibas a hacer más daño. Mejor no conocer la felicidad momentanea para luego no añorarla.
Y también he pasado y paso por el pensamiento del tercer personaje, el miedo a amar. Miedo a amar por el cambio, por la posible renuncia a tener lo que antes tenías, por pagar los precios... Ese miedo ya no lo tengo. Pero sí tengo la inquietud de desconocer que va a ser de mi vida, hasta donde van a llegar los cambios. Porque los voy a afrontar. Ya no es cuestión de si puedo pagar los precios o no. Los voy a pagar. Con creces. Pero me inquieta pensar que no es posible saber a donde me llevarán esos pagos. A qué lugares, a qué personas, a qué pensamientos... a qué futuro.

Consuela saber que al menos tendré amor y respeto. Que dos personas juntas, amándose, se ayudan a superar lo que sea. Al menos a esforzarse todo lo posible en superarlo.

Lo sé. En el fondo siempre seré un incorregible optimista.

Satisfaciendo curiosidades

Satisfaciendo curiosidades

Esta va dedicada a tí Paquilou... :)

cuales son tus medidas?
De altura casi metro ochenta, de pie un 40-41, de barriga algo más de lo que desearía, de cuello la desconozco...y la medida que falta dejemoslo en un tranquilizante para mi ego "media mundial según la última encuesta de Durex"... :)

Color de ojos?
Marrón oscuros.

perfume que usas?
Ninguno. A menos que el desodorante Rexona cuenta como perfume...

Estilo de vestir?
Según mi madre, "estilo Adán". Según yo, "estilo a-ver-como-me-encuentro-hoy-para-escoger-entre-esta-ropa-que-me-dura-desde-hace-años". Alguien imparcial probablemente diría que informal, aunque a veces me dá por ponerme elegante con colores y cuero oscuros. Lamento la falta de concreción, me temo que tendreis que decidir sobre esta pregunta en función de como me veais en persona.

Usas preservativos?
Hubiera usado si hubiera habido ocasión. De hecho la única vez que "casi", preservativo enfundado había tras haber desechado otro porque creí que lo había roto con la uña. Hablando del tema siempre me viene a la mente la rica y jocosa anécdota de que la primera (y única)caja de 10 preservativos que me compré caducó hace tres meses habiendo sido usados sólo tres de ellos (y uno fue para practicar como ponérmelo). Es una de esas cosas que alguna vez contaré tratando de reirme de mí mismo y encontrarle la guasa al asunto cuando en el fondo me deprimirá muchísimo (los preservativos de calidad, tardan AÑOS en caducar).

Besas bien?
Ni idea. La única vez que me comentaron algo al respecto fué "no besas muchos, ¿verdad? Mira se hace así..." Y me lo dijeron cuando ya había pasado bastante tiempo y había besado a varias chicas desde mi primer beso. Así que supongo que la respuesta es "no, no sé besar" si es cuestión de juego de lenguas y labios. Pero como dice Malú "si dejas la vida en cada beso, ¿qué importa tu sexo, si dejas la vida?". Y cuando he besado ha sido queriendo complacer y complacerme, queriendo besar, anhelando el cosquilleo que te deja en las comisuras de los labios, queriendo entregarme a través de mis labios. No conozco la técnica de besar (si es que existe una técnica), pero le pongo todas las ganas.

F....A bien?
Supondré que la pregunta completa es "¿follas bien?". Y a eso me temo que aún no puedo contestar, porque en la mente de todos los hombres todos somos unos leones y a veces no llegamos más que a gatitos autosatisfechos. Yo tengo la seguridad (que no la certeza porque para eso hace falta contacto real) de que no sólo me concentraré en mi propio placer, sino en el de la persona con quien esté. Otra cosa es que consiga hacer disfrutar y me vuelvo a remitir a la espera de mi desvirgamiento.

Haces el amor, una vez a la semana, al mes...?
En un sitio leí que hay un chiste que es más o menos así
"-Oye, ¿tu cuantos cigarrillos te fumas entre polvo y polvo?
-Dos mil quinientos"
Pues eso. Que nunca. Por querer, querría que fuera siempre que coincidiera el deseo entre mi pareja y yo. Eso puede ser una vez a la semana, una vez al día o una vez a la hora, no creo que establezca plazos (aunque me temo que estos se establecen solos...)

Limpias, friegas y planchas?
Limpio, friego y aborrezco planchar. Tampoco se me caen los anillos por poner la lavadora, tender la ropa (en tendedero interior, que tengo vertigo y me llevo muy mal con los tendederos exteriores), cocinar (aprenderé, llevo años queriendo aprender, me lo prometo, terminaré aprendiendo) y demás faenas. Lo que me pasa con planchar es que nunca me queda la ropa bien planchada y me cansa el cuerpo horrores (supongo que como a todos).

Te huelen los pies?
Un poco. Normalmente no a sudor, sino al cuero del zapato, la tela del calcetín, el esparto de la zapatilla...

Y los sobacos?
Tengo la inmensa fortuna de que mi sudor casi no huele. Puedo estar en verano sudando a chorros que casi no existe olor corporal (lo siento por las feromonas que dicen que se transmiten por el sudor al aire, supongo que será por eso por lo que así me ha ido en mi "carrera" de seductor...) A veces sufro lo que denomino "sudor ácido", normalmente al estar enfermo o en tensión emocional que entonces sí me huele mucho el sudor a algo ácido y oxidado.

Vaya, ¿ya está? Tenía la sensación de que eran más preguntas... Las cinco que le he afanado a Su las respondo en otro momento que pueden dar mucho jugo.
Y hablando de la señorita Barbie asturiana...

Su, ¿tengo permiso para copiarte la foto de los escalones? Me cuesta codificar el estremicimiento que me ha recorrido al verla. La considero la más intensa de todas las que has puesto hasta ahora y me gustaría conservarla.

Un saludo a todos y ya sabeis, si alguien quiere crear otro cuestionario para que lo responda, atento a vuestras peticiones quedo.